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De un reality infantil a cantar para el Papa León XIV: la historia de Athenas, la artista argentina que renunció a la fama por fe

Athenas tenía apenas cinco años cuando un día empezó a llorar sin poder poner en palabras el porqué. Estaba junto a su mamá, en un encuentro de oración de la Renovación Carismática a los que asistía desde chiquita. Mientras un grupo de personas rezaba por ella y cantaba, Athenas sintió algo que todavía hoy le cuesta explicar: “Es un amor tan grande que uno siente en el pecho”. No sabía entonces que aquella experiencia iba a marcar el comienzo de un camino que, muchos años después, la llevaría a cantar ante miles de personas y frente a un Papa.

En unos días, la cantante argentina vivirá uno de los momentos más importantes de su carrera: estará en el Monumento de los Españoles, en el encuentro por la visita del Papa León XIV a la Argentina. La acompañarán un coro de 150 jóvenes y una orquesta de 50 músicos. Está emocionada, nerviosa y cansada después de semanas de ensayos. Pero, sobre todo, tiene una expectativa: que quienes la escuchen puedan rezar a través de sus canciones .

“Para nosotros, la música que hacemos es un medio para ayudar a otros a rezar, a encontrarse con Dios”, explica. No es una definición improvisada. Es la misión que comparte con su marido, Tobías, y que fue construyendo a lo largo de toda su vida.

Hoy, Athenas acumula más de 500 millones de reproducciones en plataformas digitales. Algunos de sus videos superan los 50 millones de visualizaciones y sus canciones llegan a distintos lugares del mundo. Sin embargo, detrás de esos números hay una historia que empezó mucho antes de YouTube, los escenarios internacionales y la nominación al Latin Grammy.

Sus padres son del norte de Santa Fe, de Avellaneda y Reconquista. En su casa convivían dos mundos que, con el tiempo, terminarían encontrando un mismo camino: la música y la fe.

Su papá tocaba la guitarra y el folclore estaba siempre presente. Su mamá también cantaba y la llevaba desde los cinco años a los encuentros de la Renovación Carismática, donde las personas se reunían a rezar acompañadas por música.

“Siempre fui muy pegada a mi mamá y no me quería quedar en casa, entonces yo la acompañaba. Ahí empezó a cultivarse esa semillita de mi fe”.

Uno de los recuerdos más fuertes de aquella infancia es precisamente esa primera experiencia espiritual. Mientras rezaban por ella, empezó a llorar. No había una explicación racional ni una situación triste que provocara esas lágrimas.

“Tenía cinco años nomás. Empecé a llorar y a llorar, simplemente de experimentar y sentir el amor y la presencia de Dios”.

A los seis años, su papá comenzó a enseñarle canciones en el living de su casa. Pronto descubrieron que tenía condiciones para la música y su mamá siguió acompañando ese talento.

Después llegó la televisión. Participó de Cantaniño , el reality de donde salió la banda Ktrask de la que formó parte. Desde muy chica aprendió lo que son las horas de ensayo, los teatros y la exposición pública.

Lo vivía con mucha naturalidad, como un juego. La experiencia fue intensa. Cuando llegó la preadolescencia y después la adolescencia, empezó a sentir que necesitaba otra vida. Quería estar con sus amigas y tener tiempo para ella.

Estudió batería, pasó por el conservatorio y se formó en canto. La música seguía siendo parte de su vida, pero todavía no sabía hacia dónde quería llevarla.

La respuesta apareció en un grupo de jóvenes de su parroquia. Athenas quería recibir el sacramento de la Confirmación y participó de una experiencia que incluía dos retiros espirituales.

Allí descubrió algo que cambiaría su manera de entender la música: podía cantar y, al mismo tiempo, rezar. Podía utilizar su voz para ayudar a otras personas a vivir una experiencia espiritual.

“Cantaba cierta canción y era como que la música hacía que la mente se calmara un poco y que directamente el corazón se conectara con lo espiritual. Uno ya no tiene que pensar, se deja llevar, canta, repite las palabras. La música nos emociona, todo el cuerpo se involucra”.

La experiencia le resultó tan movilizadora que empezó a preguntarse si podía hacer de aquello una misión.

“Qué lindo poder usar tu instrumento para que otros tengan esta vivencia que yo estoy teniendo, de oración tan profunda, tan linda. Dije: ‘ ¿Y si yo hago esto para ayudar a otros a hacer lo mismo?’”.

Pero hubo otro momento que recuerda especialmente. Mientras rezaba, le preguntó a Dios si ese era realmente el camino que quería para ella. Entonces abrió el Evangelio y leyó una frase que decía: “ De ahora en adelante serás pescador de hombres ”.

Athenas sintió que aquellas palabras estaban dirigidas a ella. “Yo sentía que con mi voz iba a pescar esos corazones para Dios. Como que ahí lo supe”.

No lo define como una revelación espectacular. Para ella, la oración es un diálogo con alguien que ama y que también la ama. Una certeza difícil de explicar, pero que sintió profundamente.

Hubo una decisión que puso a prueba esa convicción. Cuando estaba estudiando comedia musical, le llegó una propuesta para participar de una obra que podía representar una gran oportunidad profesional.

Sin embargo, había aspectos del espectáculo con los que no se sentía cómoda y que entraban en conflicto con su manera de vivir la fe.

Lo habló con su mamá. Ella le hizo una pregunta sencilla: si hacía la obra, ¿invitaría a un sacerdote amigo a verla?

Athenas respondió que no. Esa respuesta la ayudó a entender que quizás no era el camino. Pero renunciar no fue sencillo . Lloró. Sabía que estaba dejando pasar una oportunidad sin tener ninguna garantía de lo que vendría después.

Su mamá la tranquilizó y le dijo que confiara en su mánager, “Dios”.

“Cuando uno cierra una ventanita, Dios abre una puerta”, recuerda Athenas. Y agrega otra frase que se convirtió en una de sus convicciones: “Dios no se deja ganar en generosidad”.

Poco después apareció Jonathan Narváez, un productor reconocido de música cristiana y católica que ya la conocía por algunos trabajos que habían hecho juntos cuando ella era más chica.

Le propuso grabar canciones para YouTube. Athenas aceptó. Grabaron algunos temas, primero de su autoría y después de ella. Los videos empezaron a viralizarse y las reproducciones crecieron de una manera que no esperaba. “Yo pensaba que no era posible hacer música cristiana católica profesional”, explica.

A partir de allí comenzaron las presentaciones y las oportunidades internacionales. Una cantante católica brasileña la convocó para participar de los eventos centrales de las Jornadas Mundiales de la Juventud en Río de Janeiro.

Athenas encontró una palabra para describir ese tipo de situaciones que, según siente, fueron apareciendo en su vida: “Dioscidencias”.

En ese mismo ambiente musical conoció a Tobías, su marido . Él es pianista y compositor, y comparte con ella tanto la música como la fe.

La historia tiene un detalle que Athenas cuenta con una sonrisa. Tobías estaba rezando el rosario en el auto junto a su papá y su hermano. Durante la oración, su papá pidió que apareciera una chica para él.

En ese momento, Tobías pensó en Athenas. Ya se habían cruzado, pero todavía no había surgido nada entre ellos.

Después de consultar con un amigo, la invitó a una grabación. Allí pudieron conversar y descubrieron que compartían dos pilares fundamentales: la música y la fe.

Desde entonces, construyeron juntos un proyecto artístico y familiar. Son artistas independientes. Todo lo hicieron a pulmón, con el apoyo de muchas personas que fueron acompañándolos.

En 2020 se fueron a vivir a Estados Unidos. Athenas llegó y, a la semana, se enteró de que estaba embarazada de Elías. Fue una revolución de emociones y nervios. Allí también pudieron crecer profesionalmente y fueron nominados al Latin Grammy por el disco Alpha y Omega.

Recuerda el momento exacto en que se enteró. Estaba actualizando la página donde se publicaban las nominaciones y de pronto apareció su nombre junto al disco.

La nominación fue un reconocimiento enorme para un proyecto independiente que había comenzado casi sin imaginar hasta dónde podía llegar.

Cuando está en el escenario, Athenas siente que ocurre algo particular. Aunque el público haya ido a verla a ella, su intención es correrse del centro.

“Vos tenés que desaparecer para transformarte en un canal, un instrumento, para que la otra persona, con esa música, pueda conectar su corazón con Dios”.

Canta con los ojos cerrados. Primero vive ella misma lo que transmite, para que después pueda experimentarlo quien la escucha.

Por eso habla de una misión evangelizadora que va mucho más allá de grabar canciones. Junto a Tobías compusieron más de 100 salmos musicalizados y rosarios con música, pensados para acompañar a las personas a la hora de rezar.

También estudió el profesorado en Ciencias Sagradas para profundizar los contenidos de sus letras y tener herramientas para transmitir aquello en lo que cree.

Su música no está destinada solamente a los momentos de alegría. También acompaña el dolor, las enfermedades, las despedidas y las situaciones más difíciles.

Hay mensajes de personas que le cuentan cómo una canción las ayudó a atravesar una enfermedad familiar o un momento de angustia . Uno de ellos la conmovió especialmente: Una persona le contó que su papá estaba muy enfermo, que estaba por morir y que le pidió que le pusiera sus canciones. Las escuchó y falleció.

“Guau, acompañar ese paso, ese momento, el encuentro con Dios y a esos familiares con nuestras canciones es un privilegio enorme, un regalo”, se emociona.

Esos testimonios son los que le recuerdan por qué eligió este camino. Incluso en los momentos en que las dificultades económicas o el cansancio hacen que se pregunte si vale la pena continuar.

Athenas no cuenta una historia en la que todo haya sido sencillo ni en la que la fe haya funcionado como una garantía de que nada malo iba a pasar.

Al contrario, sostiene que es precisamente en los momentos difíciles cuando más se aferra a sus creencias.

“Él no te promete que no vas a tener problemas y que no vas a tener cruz. Él mismo vivió la cruz. Te promete que va a estar ahí, que te va a sostener y que va a ser tu fortaleza”, explica.

Cuando mira hacia atrás, encuentra en distintas decisiones y encuentros lo que interpreta como la mano de Dios. En el momento de la incertidumbre, reconoce, muchas veces cuesta verlo.

Ahora se prepara para cantar ante miles de personas y frente al Papa León XIV . Ya estuvo en encuentros de las Jornadas Mundiales de la Juventud en Panamá y Brasil, pero esta vez será diferente: estará en su país, con su gente, sus amigos y sus colegas. Y el Papa estará a pocos metros, escuchando lo que prepararon.

Su deseo es que más personas descubran que también pueden acercarse a la oración a través de la música y que el Papa disfrute el encuentro: “Me encantaría que mucha gente más diga que a través de esta música se puede rezar”.

Quizás por eso, cuando habla de su misión, no habla de fama ni de escenarios. Habla de corazones y de una frase que encontró en el Evangelio y que terminó convirtiéndose en el sentido de su vida: pescar esos corazones para Dios.


Fuente: TN


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