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La historia del abuelo de 85 años que contó en un libro el vínculo con su nieto que tiene parálisis cerebral


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Ricardo José Bertero tiene 85 años y Gonzalo, su nieto, apenas 5. Entre los dos construyeron un vínculo atravesado por el amor, la paciencia y una realidad que interpela. Gonzalo nació con parálisis cerebral, y su abuelo decidió contar su historia para también hacer visible la realidad de muchas otras familias.

La idea del libro “Los motores de Gonzalo” surgió para contar los pasos diarios de un niño con parálisis cerebral que se anima a vivir la vida. Ricardo también abrió una cuenta de Instagram. No para volverse viral, sino para contar. Para poner en palabras lo que pasa puertas adentro, lo que se siente, lo que cuesta y lo que también emociona .

En esas páginas hay algo que se repite: la necesidad de entender. De acompañar. De aprender.

“Vivimos en una sociedad que necesita más respeto, más amor, más ternura, más solidaridad”, sostiene Ricardo. Y no lo dice desde un lugar teórico, sino desde la experiencia, desde el día a día con Gonzalo.

La historia familiar también tiene una ausencia. Lucas, el hermano gemelo de Gonzalo que nació muerto. Pero en el relato sigue presente. “A veces vuelve en forma de colibrí”, sostiene el abuelo. Por eso, también hay un colibrí en la portada del libro.

El relato de Ricardo no esquiva lo difícil. Habla de frustraciones, de tiempos que no alcanzan, de la sensación de no saber siempre cómo ayudar. De aprender sobre la marcha. De equivocarse.

También habla de Cristina, la abuela. De ese entramado familiar que sostiene. De Ailén, la mamá y del papá Gustavo. De todos los que forman parte de una historia que no es individual, sino colectiva.

Ricardo lo dice con claridad: escribir fue un acto de amor. Pero también una forma de dejar algo, porque el objetivo no es solo contar su historia. Es abrir una puerta.

Mostrar cómo es la vida con un chico con discapacidad. Derribar prejuicios. Generar preguntas. Y, quizás, lograr que alguien mire distinto.

En un mundo que muchas veces va rápido, que no se detiene, que evita lo incómodo, este abuelo de 85 años eligió frenar y escribir para su nieto, para su familia.


Fuente: TN


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