
Uno de los principales “arrepentidos” de la causa Cuadernos vive encerrado en una habitación del hospital de la cárcel de Ezeiza porque tiene miedo de que lo maten . Encerrado es encerrado. No sale siquiera al patio común para evitar cruzarse con otros presidiarios. El peligro lo acecha. No recibe visitas. Solo habla con su esposa y su abogado por teléfono. El Servicio Penitenciario Federal (SPF) admite que la situación es riesgosa. Al "imputado colaborador " lo amenazaron para que no hable más ante la Justicia.
El ex titular del Organismo de Control de Concesiones Viales (Occovi) durante el apogeo de la era K, Claudio Uberti, cumple una condena de prisión por su rol en el llamado caso "Antonini Wilson ", por el nombre del venezolano que entró al país en el 2007 en un vuelo oficial desde Caracas, cargando una valija con 800 mil dólares sin declarar. Al mismo tiempo, el ex funcionario es uno de los más relevantes imputados colaboradores del juicio público de Cuadernos . Son características únicas. Está preso, recibió amenazas de muerte, y es un actor clave en la causa por corrupción más trascendente de la historia .
La vida en confinamiento permanente, el modo que encontró el SPF para garantizar que no sufra ningún atentado en prisión, no es perdurable en el tiempo. Es por eso que Uberti le pidió a la Justicia que le permita cumplir su condena, pero en arresto domiciliario . La jueza y el fiscal de la ejecución penal del caso retrasan una definición al respecto. El ex director del organismo solo ampliaría su declaración en las audiencias públicas de Cuadernos si confirma que su futuro no será más que pasar varios años entre cuatro paredes. Voces anónimas lograron amedrentar a su familia directa.
Las amenazas al delator premiado fueron tomadas muy en serio por el propio SPF, que se prestó a custodiarlo de modo especial. En los ámbitos judiciales y de poder se empiezan a naturalizar escenarios como la vida bajo amenaza de un testigo en un mega-juicio de repercusión internacional.
Para colmo, no es el único acontecimiento singular que inquietaría a otros testigos en este juicio. El proceso es el más voluminoso jamás tratado en los tribunales de la Argentina por delitos de corrupción. La principal imputada es la ex presidenta Cristina Kirchner , acusada de ser la jefa de una organización que montó un sistema de recaudación de coimas alucinante que funcionaba de modo permanente durante su gestión, y que fue alimentado por empresarios que se corrompieron aceptando pagar sobornos para garantizarse beneficios con sus negocios con el Estado.
Uberti fue el "arrepentido" que más veces declaró y presentó escritos ante el fiscal y el juez de la instrucción de Cuadernos. Los doctores Carlos Stornelli y Claudio Bonadio, ya fallecido.
La defensa de Uberti en el juicio está al mando de Guillermo Armani, que adelantó que su cliente no se movería de lo ya consta en el expediente que reveló sobre la trama de negocios ilegales de los Kirchner.
El imputado cayó preso; su madre, su hijo, su esposa y él mismo recibieron los mensajes amenazantes para garantizarse que el ex funcionario no rompa el "pacto de silencio" de la política K respecto a los posibles negocios que habría avalado Cristina Kirchner.
Uberti es el único de los arrepentidos que podría confirmar en audiencia oral que Cristina sabía todo sobre las coimas . El resto de los imputados colaboradores confirmaron sus dichos originales en la causa, pero no aportaron más revelaciones.
El procesado avisó que no caería en el juego de las defensas de los K, que se animaron a plantear en el debate oral que los "arrepentidos" eran "buchones". El ex titular de Vialidad habló solo una vez en el juicio oral y público y contestó justo a esa afrenta: " Soy arrepentido, no un buchón".
El ex titular del OCCOVI, mediante su defensa, reiteró los pedidos para que se garanticen sus derechos, su vida, y su integridad física para declarar en Cuadernos. Siempre según la visión de sus abogados: nada de eso podría pasar mientras el ex funcionario viva amenazado y en una cárcel. El imputado insiste en cumplir su condena en arresto domiciliario.
Quiénes deben responder sobre esta situación procesal son la jueza de ejecución penal Sabrina Namer y el fiscal Nicolás Czizik.
¿Podría Uberti estar utilizando su situación de "arrepentido" en la causa Cuadernos para asegurarse un "intercambio" con la Justicia para obtener el beneficio del arresto en su domicilio? ¿Evitaría en serio ampliar su declaración si sigue detenido en la cárcel de Ezeiza?
Según el escrito presentado por su defensa, a la que accedió Clarín , las amenazas que jura haber sufrido el procesado están acreditadas por los agentes penitenciario s, e incluso, de acuerdo a lo que se desprende de la última solicitud sobre el tema que aún no obtuvo respuesta ni de Namer ni de Czizik, también ellos son quienes estarían en conocimiento fehaciente de la situación única y extrema de Uberti.
El último pedido de arresto domiciliario destaca que "la situación del Sr. Uberti no puede analizarse como la de un detenido común ajeno a las particulares características institucionales del proceso en el cual intervino como imputado colaborador, condición que -tal como fuera señalado por el Cuerpo Médico Forense- importa per se una situación de extrema complejidad psicológica y de exposición diferencial frente al resto de la población penitenciaria".
En otro párrafo se alude que "el propio Servicio Penitenciario Federal informó mediante NO-2026-3151791-APN-CPF1DCALYT-SPF que no posee sectores específicos destinados al alojamiento de internos incorporados al Protocolo de Resguardo de Personas en Situación Especial de Vulnerabilidad, reconociendo de tal modo -en términos estructurales- las limitaciones objetivas para brindar resguardo específico por su situación" al imputado.
En ese documento se menciona que existen "circunstancias objetivas y debidamente acreditadas que comprometen la integridad física y psíquica de una persona sometida a custodia estatal", por lo que "pesa sobre los órganos intervinientes un especial deber de tutela y prevención".
En otro párrafo, se hace alusión directa a que los riesgos que correría Uberti se deben a todo lo que puede aportar "para lograr el descubrimiento de la verdad real sobre los hechos investigados" en la causa Cuadernos.
Son varias las frases en las que la defensa del ex funcionario asegura que las asechanzas que podrían poner en riesgo su vida ya están en conocimiento de las autoridades.
El ex titular del Occovi descarta mediante sus abogados la posibilidad de entrar al Programa de Protección de Testigos , tal cual lo hicieron otros "arrepentidos", como el propio escribiente de los Cuadernos de las Coimas, Oscar Centeno, quien realizó esas anotaciones mientras trabajaba como chofer del funcionario K Roberto Baratta, uno de los más destacados recaudadores de las supuestas coimas que se juntaban en efectivo, en bolsos, que terminaban amontonados en la Quinta de Olivos, para viajar después a Santa Cruz en el propio Tango 01, el avión presidencial.
Uberti ya reveló escenas de ese sistema ilegal de cobro de retornos que le pedían realizar no solo Néstor Kirchner, sino también Cristina Kirchner. Denunció que está amenazado. ¿Declarará de nuevo en el juicio oral de Cuadernos? ¿Le concederán la prisión domiciliaria?
Los enigmas no solo carcomen al propio protagonista de estos hechos desdichados. Sino también a los imputados en el juicio oral de corrupción en el que, hasta ahora, las defensas de los acusados no lograron desmentir ni "quebrar" a ningún "arrepentido", ni tampoco a testigos cruciales que sí fueron hostigados en sus declaraciones ante el tribunal.
Los K conocen mucho a Uberti. Y Uberti conoce mucho a los K. Era K. Fue parte de ese esquema de poder y negocios. No lo es más porque "habló". De ahí su debilidad: inquieta a quienes conocen todas sus vulnerabilidades . Pero esa característica es, también, al mismo tiempo y no es contradictorio, su principal fortaleza.
Periodista especializado en Política
Fuente:
Clarín
GENERAL JUAN MADARIAGA El Tiempo

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