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“Buscá una que se drogue”: “El Militar” y la trama narco detrás del femicidio de Antonella Álvarez en Tucumán


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“Todos los días son un calvario”, le dice a Clarín Claudia Peralta (52), que apenas puede hablar. Se ahoga en un llanto que no puede contener. Pasó más de un mes desde que Érika Antonella Álvarez (25) desapareció. Ese 7 de enero, como si algún instinto le hubiera anticipado que la vida estaba a punto de cambiar, supo que algo malo había pasado. Antonella no fue a comer y dejó de responderle los mensajes porque, sabría después, había sido asesinada.

“Mi mamá estaba rara, lloraba porque mi hermana no la atendía. Nosotras vivimos las dos en el mismo terreno, así que yo pasé a ver y estaba la luz y el aire acondicionado prendido: para mí ella estaba durmiendo. Pensé que había salido y se quedó dormida, era algo que podía pasar tranquilamente. Nos enteramos de todo esto cuando vemos en televisión que habían encontrado un cuerpo”, contó Milena Álvarez (31) , la hermana de Antonella.

Fue ella la que se acercó al lugar del hallazgo, en el barrio Manantial Sur. Y después a la comisaría para hacer la denuncia por la desaparición donde -sin esperarlo- terminó reconociendo el cuerpo de su hermana por los tatuajes en sus brazos.

“Anto” era “la del medio” de siete hermanos. La mayor tiene 38 y juntas estudiaban en la facultad. La menor, apenas 10. Claudia poco puede hacer para cuidar a sus hijas más chicas (tiene otra de 12 con discapacidad), desconsolada tras la muerte violenta de su hija.

El cuerpo de la víctima fue encontrado el jueves 8 de enero por dos vecinas que caminaban por las calles William Bliss y Gerónimo Helguera, al suroeste de la ciudad de Yerba Buena, en la provincia de Tucumán .

La última vez que tuvieron contacto con ella fue el martes 6 de enero por la noche, pero no hicieron la denuncia policial porque “era habitual que Antonella se fuera y no supieran nada de ellas por varios días”.

Por eso Milena fue a buscarla a su casa y creyó que estaba durmiendo. El jueves por la mañana sus padres abrieron el departamento y se dieron cuenta de que no estaba. También que faltaban sus sandalias nuevas y un vestido blanco que usaba para salir.

Antonella estudiaba enfermería y vivía sola en un terreno que compartía con una de sus hermanas en un barrio en las afueras de San Miguel de Tucumán.

La joven tenía un consumo problemático de sustancias y, desde hace al menos tres años, se agravaron sus adicciones, justo cuando empezó a tener vínculo con Felipe “El Militar” Sosa (50) . Un hombre con el que tenía encuentros ocasionales y que, se cree, la citaba para participar de tríos con su pareja a cambio de facilitarle drogas "de todo tipo".

El primer análisis de las cámaras de seguridad de una casa ubicada en Santo Domingo al 1100, en Yerba Buena, tomaron a una joven ingresando a la casa pero no se la ve salir.

Junto al análisis de los teléfonos celulares, la Fiscalía de Homicidios I, a cargo de Pedro Gallo , pidió la detención de Sosa, que tiene una denuncia previa por violencia de género de la madre de sus hijas y en una causa por tenencia de 156 plantas de marihuana, en la que fue sobreseído.

El sospechoso fue al Colegio Militar de la Nación y, según dice, sirvió en la Legión Extranjera de Francia. Al pasar a retiro creó una empresa de seguridad privada y otra de limpieza, que operan en organismos públicos de la provincia y también en eventos masivos.

A Sosa lo capturaron en Pilar cuando intentaba salir del país y admitió en audiencia que se reunía con la víctima para consumir drogas.

La autopsia determinó que Antonella murió por una luxación cervical, producto de una especie de maniobra violenta provocada desde atrás. También tenía traumatismo craneofacial severo: alguien le pegó tanto que le fracturó la mandíbula y le quebró el cuello.

Según pudieron reconstruir los investigadores, Sosa conoció a Antonella por medio de una ex pareja, un hombre vinculado al narcotráfico en Tucumán con pedido de captura por la Justicia Federal de Chaco por un cargamento de 1.200 kilos de marihuana. Para su familia, la joven se separó de él por miedo, pero continuó relacionándose con Sosa.

La investigación apunta específicamente a un crimen por motivos de género. Sin embargo, la trama narco asoma y podría derivar en nuevas investigaciones.

También pidieron la detención de la abogada Justina Gordillo (48) , que es empleada del Poder Judicial de Tucumán y el día del crimen cruzó mensajes con su pareja por documentación para convertirse en apoderada de sus empresas.

Además, encontraron llamadas y mensajes alrededor de la hora del crimen y la acusan de haber estado en el domicilio -se presume- para participar del encubrimiento.

“Resulta relevante que había una clara cosificación por parte de Sosa hacia Álvarez, para quien quedaba prácticamente reducida a un objeto de entretenimiento”, sostuvo el fiscal, quien consideró que los acusados " colocaron" a la víctima "en una posición de inferioridad y subordinación ".

Para Gallo, la abogada cometió el delito de encubrimiento por favorecimiento personal y real triplemente agravado por ser el hecho precedente especialmente grave, por actuar con ánimo de lucro y por ser funcionaria pública.

“En el despliegue de encubrimiento, Gordillo actuó movida no solo por la relación sentimental que tenía con Sosa, sino también con el propósito de obtener para sí misma y para él un beneficio patrimonial”, advirtió el fiscal.

En su declaración, la acusada negó conocer a Antonella y dijo haber discutido con Sosa la noche del crimen, por lo que se retiró de su casa alrededor de la medianoche. Se cree que la víctima podría haber llegado entre las 21 y las 3 de la madrugada, por lo que no está claro si llegó a verla con vida.

Nicolás Navarro Flores y Jorge “Chicho” Díaz son otros dos detenidos acusados por el encubrimiento del femicidio de Antonella. La fiscalía pidió sus detenciones el 26 de febrero. A Díaz, empleado de Sosa en la empresa "Mundo Limpio", lo acusan de colaborar en el ocultamiento del cuerpo de Antonella, en la desaparición de su teléfono celular y de otros elementos ocultos en una bolsa de consorcio.

A Navarro, por su parte, lo acusan de -luego de recibir una llamada de Sosa el 7 de enero a las 8.20 de la mañana- ir al domicilio de Santo Domingo 1100 B de Yerba Buena, "donde permaneció 20 minutos" y colaboró con el ocultamiento del cuerpo de la víctima.

Él declaró y dio su versión de los hechos: aseguró que recibió estas llamadas en las que Sosa le pedía ayuda porque la joven estaba descompensada producto del consumo de drogas pero que él le sugirió que llamara a la Policía o a una ambulancia.

En el celular de Gordillo encontraron 86 mensajes usando la referencia " Anto " y conversaciones con su pareja que daban cuenta de un vínculo previo.

Particularmente hallaron dos en los que Justina Gordillo le recriminaba a su pareja: " Era cantado, te ibas a aburrir. Buscá una que se drogue, que le gusten los tríos y las orgías así te acompaña. Y que le guste vender. Quizá podés llevar a Anto o a Fernando, el fotógrafo, a Miami. Yo paso. Busco Paz, compañía y amor ".

En otro mensaje del mismo día, el 22 de abril de 2024, la mujer le escribe: " Es macabro que me muestres un video con una mina, eso no se hace. Ni por mí, que en este caso era tu novia, ni por la trola esa que no sé si es Anto o quién. No te llenes la boca hablando ".

Ya para fines de 2024 los mensajes dan cuenta de la coordinación de salidas y la selección de mujeres para concretar encuentros sexuales con la pareja. En algunos de los diálogos coordinan:

-La de la otra vez. Fijate si te da bola la que tenés vos.

En sus conversaciones dan nombres y tarifas de trabajadores sexuales y en otros mensajes Gordillo le recrimina sus encuentros con esas mujeres, sin embargo en su declaración negó conocer a Antonella y dijo que no sabía si su pareja tenía relaciones con ella.

A pesar del consumo problemático y de los problemas que derivaban de sus adicciones, Antonella tenía un excelente vínculo con su familia. Tanto es así que le contaba a sus hermanas sobre las citas con Sosa, sobre lo que hacía con él, lo que consumían y hasta recuerdan haber visto un video de un encuentro sexual en el que reconocieron a Gordillo y a Sosa.

También encontraron mensajes en los que Antonella les pedía revisar un Instagram: " Encontramos mensajes en los que Anto nos pedía que agregáramos a Instagram a una mujer que le miraba las historias pero no la quería aceptar. Y era Justina, así que sí la conocía ".

Ese testimonio fue clave para sostener la acusación en contra de los sospechosos.

“No vamos a parar hasta que todos los responsables paguen”, exige Milena en diálogo con Clarín . Ella y sus hermanos impulsan la investigación, revisan mensajes y fotos compartidas para intentar colaborar con la fiscalía.

"Pensamos que Anto tuvo que haber visto algo, se tuvo que haber enterado de algo y por eso la mataron. Porque por celos o por droga, no puede ser. Porque justo ese fin de semana ella tenía plata, le había contado a mi mamá que había ganado 400 mil pesos en un casino virtual. Ella se quedaba toda la noche jugando a eso. Entonces si quería comprarse droga, tenía plata . Así que no fue para consumir o no creemos que se haya querido robar algo ni nada", especula Milena, que junto a sus hermanas sostiene a sus padres.

"Antonella era todo para mi mamá. Yo me enojaba mucho, me había distanciado porque veía todo lo que hacía ella, yo le contaba a mi mamá, y mi mamá le reclamaba, entonces mi hermana se enojaba conmigo. Mi mamá se enfermó y yo dejé de contarle, no me quise meter más. Veía todo pero no decía nada", recordó la joven.

Además, agregó: "Mi mamá la quería tanto, le daba todos los gustos, comía en casa de mi mamá, ella le compró el celular, le compraba ropa y ella estudiaba. Quería salir. Trabajaba en el bar de mi hermano, que tuvo que cerrar y por eso estaba desempleada. Mi mamá la quería sacar adelante, tenían un vínculo muy grande y mi mamá se vino a bajo, no sé si va a poder salir, es todo el día llanto y gritos, es muy doloroso ".

Según explicó el abogado Carlos Garmendia, que representa a la familia, el fiscal agravó la acusación, que pasó de homicidio simple a femicidio.

Para él, Sosa se " estaba aprovechando de la situación de la vulnerabilidad " de la joven y detalló que ella tenía un "golpe muy grande en el ojo y en la mandíbula, sacada de lugar" y que "tremenda piña fue del lado derecho, algo que tuvo que haber hecho un zurdo, como Sosa".

Redactora de la sección Sociedad


Fuente: Clarín


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