Este 26 de febrero se cumplieron 11 años del femicidio de Natalia Soledad Rivero, el brutal crimen que conmocionó a la comunidad de General Madariaga y dejó una marca imborrable en su familia y en toda la sociedad.
Natalia tenía 27 años y fue asesinada en su casa de la calle Moreno al 200. Aquella tarde, su pareja Ariel Díaz la golpeó con violencia extrema: sufrió impactos en el rostro, el tórax y la espalda, además de patadas e insultos que terminaron en amenazas. Finalmente, el agresor la degolló con un cuchillo de carnicero, provocándole una herida letal que le causó la muerte casi inmediata.
Tras el ataque, el femicida intentó simular un suicidio y llamó al 911. Sin embargo, su versión se derrumbó por el testimonio clave de la hija de Natalia, de apenas 3 años, quien fue testigo directa del horror. A pesar de las amenazas, la pequeña logró relatar lo sucedido, primero ante los investigadores y luego en Cámara Gesell, describiendo la golpiza y el momento en que el agresor tomó el cuchillo. Su declaración resultó determinante para la imputación y posterior condena.
La causa fue caratulada como homicidio agravado por el vínculo y por mediar violencia de género. En 2015, un tribunal oral de Dolores condenó a Ariel Díaz a prisión perpetua.
Un antecedente que pudo evitarse
El abogado querellante Julio Torrada, quien representó a la familia y preside el Instituto Wanda Taddei, sostuvo desde el inicio que el crimen pudo haberse evitado. El femicida acumulaba numerosas denuncias previas por violencia de género y más de 30 causas en su haber. “Este femicida tenía que estar preso mucho antes. Fallaron los mecanismos de protección”, señaló en reiteradas oportunidades.
La condena fue considerada ejemplificadora, ya que el tribunal tuvo en cuenta el agravante de violencia de género. Pero el impacto del caso no terminó con la sentencia.
El recuerdo y el acompañamiento 11 años después
Esta semana, al cumplirse un nuevo aniversario, Torrada volvió a referirse públicamente al caso. “Se cumplen 11 años de un femicidio que marcó para siempre a la comunidad de General Madariaga. Desde aquel momento asumí el compromiso de acompañar a su familia, no solo en la búsqueda de justicia, sino también en el después”, expresó.
El letrado contó que mantiene un vínculo cercano con las hijas de Natalia y con toda la familia. “Anoche volví a cenar con ellas, como lo hacemos cada año. Cuando ocurrió el femicidio tenían apenas 3 y 6 años. Una de ellas estaba en brazos de su mamá en el momento del ataque”, relató.
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| Foto: Julio Torrada |
Para Torrada, el acompañamiento posterior es tan importante como la condena. “No se trata solo de representar a las víctimas en un expediente judicial. Es estar cerca, escuchar y sostener con el paso del tiempo”, afirmó.
También insistió en la necesidad de que el Estado actúe con mayor eficacia en la prevención: “Se hizo justicia. Pero seguimos trabajando para que el Estado llegue a tiempo. El femicida tenía más de 30 causas cuando asesinó a Natalia. Eso no puede volver a pasar”.
En un mensaje cargado de emoción, adelantó que en pocos días una de las hijas de Natalia celebrará sus 15 años. “Voy a entrar con ella del brazo a su soñada fiesta, donde su mamá no podrá estar. Son momentos que, en medio de tanto dolor, dan sentido al camino recorrido”, expresó.
Once años después, el nombre de Natalia Rivero sigue siendo símbolo de una lucha que trasciende lo judicial: la de la memoria, la justicia y el compromiso permanente para que ninguna alerta vuelva a ser ignorada.
GENERAL JUAN MADARIAGA El Tiempo

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