Vecinos amenazaron a enfermera y tuvo que abandonar el hogar con su nena de 4 años

La insensatez de parte de la población parece no sorprender a nadie en este momento, ya que por un lado, aplauden el trabajo de los profesionales de la salud y por el otro, cometen actos discriminatorios como el ocurrido en la localidad santafesina de Santo Tomé, donde una mujer y su hija de 4 años dejaron su vivienda, tras ser asediadas por sus vecinos que las acusaron de ser un foco de infección.
Mari Asselborn tuvo que armar un bolso e irse con su hija de cuatro años a dormir a la casa de unos amigos el domingo a la noche después de ser blanco de amenazas en el barrio donde vive en Santo Tomé, a raíz de su trabajo como enfermera (en el Hospital Provincial Cullen) en el marco de la pandemia de coronavirus.
La primera nota intimidatoria apareció el viernes a la noche, pero Mari la vio a las 8 de la mañana del sábado, cuando salió a pasear a su perra. Entonces pudo leer: "Sabemos que sos enfermera, hija de... andate de acá vos y tu hija que nos vas a contagiar a todos y vamos a juntar firmas", en lo que fue un acto de discriminación hacia la mujer y la niña.

Como era de esperarse, la enfermera reaccionó con indignación y compartió la nota en Facebook, donde recibió apoyo de sus allegados y hasta de ex y actuales concejales de esa localidad de Santa Fe que repudiaron la actitud de quien escribió la amenaza de "desalojo por firmas".
 "La situación llegó a que el domingo me levanto a sacar a la perrita y me encuentro con otro cartel, que dice: 'te salieron a defender los políticos en feisbu, sabemos que ustedes los chetos son la peste', entonces dije basta", relató la mujer.

Además, la mujer aseguró que, aunque la mayoría de las expresiones fueron de apoyo y hasta de otros vecinos le ofrecieron hacer las compras por ella para que no se expusiera, alguien llegó a escupirla y a acusarla de "tener coronavirus" por ser enfermera en medio de la pandemia.

Por eso, la enfermera radicó una denuncia en la comisaría correspondiente. Además, aceptó el ofrecimiento de unos amigos y se fue con su hija a pasar la noche a esa casa, virtualmente desterrada de una vivienda que le pertenece.
 Su hija, mientras tanto, "lo toma como un paseo", porque Mari no le puede explicar los detalles de cómo fue el blanco de un acto de discriminación por parte de sus propios vecinos.


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