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Luis, dueño de una pescadería: “Para saber si un producto es fresco tenés que mirar que la agalla sea rojiza y el ojo brillante”

Comprar pescado fresco puede ser un desafío si no se conocen los detalles que marcan la diferencia entre un producto de calidad y uno que ya perdió sus mejores días. En el Mercado Torreblanca de Sant Cugat del Vallès, el pescadero Luis , tercera generación en el oficio, compartió sus recomendaciones para que los clientes no se lleven sorpresas desagradables a la hora de cocinar.

Según Luis, lo primero que hay que mirar son las agallas : “ Tienen que ser rojizas, porque ahí se acumula el oxígeno y la sangre ”, explicó en un video que se viralizó en las redes sociales de la pescadería. Si el color se apaga o vira al marrón, es señal de que el pescado ya no está en su punto óptimo.

Además de las agallas, Luis recomendó prestar atención a los ojos del pescado . “ El ojo debe ser brillante y el pescado básicamente nos tiene que entrar por el ojo. Si esto pasa, es fácil que no nos equivoquemos ”, aseguró. Un ojo opaco o hundido suele indicar que la pieza perdió frescura.

La firmeza de la carne es otro aspecto fundamental. Al presionar suavemente, la carne debe recuperar su forma y no quedar hundida . Si está demasiado blanda, conviene buscar otra opción.

El color también es clave: en el caso del rape, por ejemplo, la carne debe tener un tono rosado y nunca verse pálida o blanquecina. Luis aclaró que este consejo se puede aplicar a otras especies, siempre al observar la intensidad y el brillo del color.

El olor es otro indicador infalible. Un pescado fresco debe oler suave , con un aroma que recuerde al mar. Si el olor es fuerte o desagradable, mejor dejarlo pasar.

La piel también habla: debe lucir brillante , con escamas bien adheridas y sin aspecto apagado. Estos detalles, junto con la textura y el color de la carne, ayudan a tomar una decisión acertada en el mostrador.

Luis insistió en que no hace falta ser un experto para reconocer estas señales . Basta con dedicar unos segundos a observar y tocar el producto antes de comprar.

Una vez elegido el pescado, la conservación es clave para mantener su calidad. Luis recomendó refrigerarlo de inmediato y consumirlo en las siguientes 24 a 48 horas. Si no se va a cocinar en ese plazo, lo mejor es congelarlo para evitar que pierda frescura.

En caso de consumirlo crudo o poco cocido, es fundamental tener en cuenta los riesgos del anisakis y aplicar las medidas de congelación adecuadas.

El brillo de la piel, la firmeza de la carne y la ausencia de olores desagradables son aliados a la hora de identificar un pescado en buenas condiciones. Con estos consejos, elegir pescado fresco en la pescadería deja de ser un misterio.


Fuente: TN


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