
José Luis Osella está manejando por una ruta del norte argentino cuando, de repente, un auto que circula delante suyo choca contra una vaca. El animal sale despedido y queda atravesado en su carril. Del otro lado, viene un camión. No tiene escapatoria: se aferra al volante, cierra los ojos y espera el impacto. Pasa por encima del animal.
“Pensé que la trompa se me había destrozado toda, que el camper se me había volado, todo mal”, recordó a TN . Cuando consigue detenerse, se toca el cuerpo para comprobar que está bien. Después mira hacia arriba: la pequeña cabaña de madera sigue sobre su camioneta.
La luneta trasera está rota y el techo tiene un bollo. Nada más. Había estado a segundos de una tragedia, pero todavía le quedaba mucho camino por recorrer. “No niego que me quedé pensando en que casi me mata una vaca en la ruta”, dijo.
A sus 54 años, José Luis es veterinario, vive en Mar de Ajó y acaba de completar su primer gran viaje en solitario : dos meses y medio por la Argentina, 14 provincias y miles de kilómetros a bordo de una Ford Ranger 4x4 con una casa construida por él mismo en la caja. El proyecto se llama Refugio Orión y es mucho más que una forma de viajar: es la manera que encontró de vivir a otro ritmo.
“En un segundo se te puede terminar todo. Entonces decís: ‘Loco, sigamos disfrutando’. Trabajando, cumpliendo nuestras obligaciones, pero a otro ritmo”, reflexiona en diálogo con TN.
José Luis se recibió de veterinario a los 28 años y dedicó más de tres décadas a su profesión. También tuvo varios emprendimientos, entre ellos tres o cuatro pet shop. Durante mucho tiempo, su vida estuvo organizada alrededor del trabajo, los horarios y la necesidad de generar ingresos para construir un futuro.
Pero llegó un momento en el que empezó a hacerse preguntas. “Hubo etapas en las que prácticamente no tenía descanso. La familia, la profesión, las otras actividades paralelas. Y llega un punto en el que decís: ‘Che, loco, ¿así va a ser toda mi vida, correr de acá para allá?’ ”, cuenta.
Después de 30 años con un comercio que lo obligaba a trabajar de lunes a sábado, decidió cerrar el local y cambiar la modalidad de atención. Ahora visita a sus pacientes a domicilio, con su equipo de veterinario siempre a mano, y organiza sus jornadas con mayor libertad.
Así encontró una fórmula que le permite combinar las dos cosas que quiere: seguir trabajando y viajar. Durante aproximadamente cinco meses al año se dedica a la veterinaria y el resto del tiempo lo reserva para salir a recorrer el país.
La idea no surgió de un día para el otro. José Luis siempre disfrutó de conocer lugares, caminar por la montaña y estar en contacto con la naturaleza. El año pasado, incluso, pasó el invierno en Mallorca, España, junto a su hijo menor, Bautista, de 20 años. Su hija Martina, de 24, acaba de recibirse de médica.
Ese viaje terminó de empujarlo a tomar una decisión. Quería pasar los meses de invierno de otra manera y dejar de postergar las experiencias que tenía ganas de vivir. “Uno trabaja, trabaja y siempre está pensando en el futuro. Pero si mañana el de arriba me baja la térmica, ¿qué pasa? Entonces empezás a replantearte algunas cosas”, sostuvo.
En lugar de comprar una casa rodante, José Luis decidió fabricarla. Sobre la caja de su camioneta Ford Ranger 2019 construyó una pequeña cabaña completamente revestida en madera, con techo a dos aguas y un interior diseñado para vivir durante meses en la ruta.
Le puso Refugio Orión. El primer nombre remite a las cabañas de montaña que conoció durante sus caminatas; el segundo surgió mientras decoraba el techo interior con una silueta de la Luna y estrellas iluminadas. La coincidencia con las noticias sobre la nave espacial Orión terminó de convencerlo.
Tardó seis meses en construirla , a ratos, entre consultas veterinarias y otros compromisos. No tenía planos ni dibujos: imaginaba cómo quería distribuir los espacios y avanzaba día a día. Hizo la estructura, las instalaciones de agua y gas y buena parte de las terminaciones. Para algunos detalles técnicos, se asesoró con conocidos y recurrió a tutoriales de YouTube.
“Me hice una imagen mental de las comodidades que quería llevar adentro y fui diagramando sobre la marcha. No tengo ni un croquis ni un dibujo. Iba haciendo todo día a día”, explica.
En su primer recorrido salió desde la costa bonaerense, pasó por Santa Rosa, La Pampa, y siguió hacia el norte hasta llegar a La Quiaca. Después se desplazó hacia Formosa, Corrientes y Misiones, y emprendió el regreso por la Mesopotamia y Santa Fe.
En medio del recorrido ocurrió el accidente con la vaca. El episodio lo sacudió, sobre todo porque conocía los riesgos de manejar por rutas donde suelen cruzarse animales. Sin embargo, una vez que comprobó que tanto él como la camioneta estaban bien, decidió seguir viaje.
“Estaban todas las condiciones para una desgracia. Fue terrible. Pero seguí viajando, seguí disfrutando y no pasó nada”, cuenta. La experiencia reforzó una idea que venía madurando desde hacía tiempo: no quería esperar a tener más años para empezar a disfrutar de lo que le gustaba.
Hoy, cuando vuelve a Mar de Ajó, retoma las consultas veterinarias, ahorra y empieza a planear la próxima salida. El próximo objetivo es salir hacia Brasil entre fines de marzo y principios de abril. Tal vez viaje durante tres o cuatro meses; tal vez encuentre algún lugar que lo invite a quedarse más tiempo. No quiere anticipar demasiado.
“En el próximo viaje capaz salgo pensando en estar tres o cuatro meses, pero por ahí me engancho con algo y se extiende. Es incierto, depende de cómo se desarrolle”, dice.
Si algo aprendió en estos primeros miles de kilómetros es que no hace falta abandonar todo para empezar a vivir de otra manera. A veces alcanza con organizarse, animarse a salir y dejar de esperar el momento perfecto.
“Por ahí no hace falta tomarse un mes, dos meses o cambiar de vida. Puede ser un fin de semana, una semana. Eso mentalmente te renueva de una forma tremenda”, aconseja.
Y resume su nueva filosofía sin vueltas: “Volvés a tu zona y la vida sigue igual. Seguís trabajando, pero conseguiste enriquecer el alma. Hay que disfrutar la brisa, los pájaros, la naturaleza, caminar por un senderito. No hay que postergar tanto las cosas que uno tiene en mente”.
Fuente:
TN
GENERAL JUAN MADARIAGA El Tiempo
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