Home Ads

El River de Ponzio sigue perfecto pero sufrió de más para ganarle a Atlético en Tucumán: jugó con uno más y lo salvó un gol de Almada

Con el último suspiro, cuando parecía que el partido se le había ido de las manos y el empate ya estaba sellado, River encontró una oportunidad en tiempo de descuento y se quedó con todo en esta provincia. Sí, el equipo de Leonardo Ponzio, con un hombre de más por la expulsión de Franco Nicola, le ganó agónicamente 2-1 a Atlético Tucumán en el José Fierro y consiguió tres puntos que durante buena parte del encuentro parecían estar asegurados, pero que después se le complicaron hasta el límite. Realmente de locos.

River jugó el primer tiempo en Tucumán como si el partido se hubiera decidido antes de empezar. Y la expulsión de Nicola, a los 12 minutos, terminó de confirmar esa diferencia. Es que el equipo de Ponzio tuvo todo para irse de esta provincia con una ventaja más amplia que ese 2-1 que consiguió. Supo controlar el juego, aprovechó la superioridad numérica y pudo construir dos golazos, de esos que explican que hay una idea. Por eso, el DT millonario lleva tres de tres. Y tiene un porqué. A River se lo ve sólido. Pero también es cierto que dejó una sensación incómoda, ya que dominó mucho más de lo que lastimó.

La lluvia torrencial también jugó su papel en el José Fierro. Se hizo una cancha rápida y el que lo aprovechó fue la visita. Desde el comienzo instaló el partido en campo tucumano y movió la pelota de un lado al otro frente a un Atlético que eligió esperar. Tanto es así que a los 10 minutos el Millonario había conseguido el 83% de la posesión. Y esa posesión no fue solo una cuestión estadística, porque realmente hubo un control del partido. Del otro lado, Atlético se replegó, cerró los espacios y apostó a una salida rápida. Un plan lógico para el Decano, incluso antes de quedarse con diez. La roja de Nicola sí cambió las condiciones, pero no demasiado la intención del equipo de Julio César Falcioni.

Con un futbolista menos, Atlético quedó obligado a correr todavía más detrás de la pelota. Y River, a su vez, entendió que no debía alocarse en cada ataque, sino que lo que realmente necesitaba era paciencia. Y la encontró en la jugada del gol, cerca de los 20. El Millonario construyó una acción que comenzó lejos del área y terminó con casi todo el equipo participando. Arrancó con Vera todavía en campo propio; después aparecieron Galván y Acuña, la pelota cambió de sector y Almada leyó antes que nadie dónde estaba el espacio. Su pase fue el movimiento que terminó de romper la estructura tucumana. Correa esperó a Montiel, que tocó hacia atrás y en ese instante apareció Tobías Andrada con el tiempo suficiente para rematar de primera. Gol. Un golazo por la definición, pero sobre todo por la elaboración.

Sí, River movió a un rival que estaba completamente replegado hasta encontrar el hueco. Y ahí estuvo una de las mejores virtudes del equipo de Ponzio durante ese primer tiempo. Porque River nunca entró en la desesperación que muchas veces provoca jugar contra diez. Siguió manejando la pelota, ocupó el campo rival y utilizó la superioridad numérica para someter todavía más al Decano. El retroceso de Vera, además, fue importante para evitar cualquier intento de contraataque. Cuando el Millonario perdía la pelota, encontraba rápidamente una estructura defensiva que le impedía al Decano correr. Y con todo eso, Atlético quedó atrapado.

Pero, una vez más, River tampoco supo aprovechar todo lo que había generado. Después del 1-0 tuvo el partido completamente a su disposición. Vera volvió a sacar un remate cruzado desde afuera del área que pasó cerca del palo. Después llegaron más aproximaciones, pero muchas terminaron de la misma manera: en remates bloqueados. Ahí apareció una de las cuentas pendientes del equipo de Ponzio. En varias jugadas, River eligió terminar rápido cuando la acción pedía un pase más. Un toque adicional. Una gambeta. Algo que permitiera mejorar la calidad de la oportunidad.

Por eso Andrada terminó siendo una de las figuras, más allá de haber marcado el gol. Participó del circuito de pases, apareció entre líneas y volvió a probar desde afuera del área. Correa también fue importante en la construcción, porque apareció como ese futbolista capaz de darle continuidad a la circulación cuando River necesitaba volver a empezar.

Atlético, en tanto, hizo lo que pudo. Con diez, intentó sostenerse cerca de Ingolotti y esperar una equivocación de River. Es verdad, tuvo alguna aproximación, pero ninguna terminó de transformarse en una situación realmente peligrosa. Y, además, la estructura defensiva de la visita funcionó para evitarlo.

Ya en el complemento, las cosas no cambiaron demasiado al comienzo. River siguió insistiendo, pero Atlético empezó a entender que la igualdad era posible. El Decano se animó a jugar más, a tocar y a adelantar sus líneas. De a poco, consiguió llevar el partido hacia el área de River y comenzó a incomodar a un equipo que hasta entonces había controlado casi todo.

El palo le negó el empate a Atlético. Alexis Canelo se filtró a la espalda de Lucas Martínez Quarta y quedó mano a mano con Santiago Beltrán. El delantero resolvió con un disparo que superó al arquero, pero el caño izquierdo se interpuso y evitó el gol. River quedó metido en su área, defendiendo con desesperación ante cada avance del Decano.

Pero Atlético no dejó pasar el aviso. A la salida de un tiro libre, Clever Ferreira se levantó en las alturas, ganó de arriba y metió un cabezazo a quemarropa que venció a Beltrán. Esta vez no hubo palo que pudiera salvar a River. Era el 1-1, el premio a la reacción del Decano y la confirmación de que el partido había cambiado.

Desde entonces, el encuentro entró en otra dimensión. River ya no manejaba la pelota con la tranquilidad del primer tiempo y Atlético, pese a jugar con uno menos, había conseguido transformar aquella superioridad numérica inicial en una pelea abierta. El equipo de Ponzio buscaba recuperar el control, pero cada minuto que pasaba aumentaba la sensación de que el empate podía terminar siendo definitivo. Y cuando todo parecía encaminado hacia ese resultado, River tuvo una última carta. En tiempo de descuento, Juan Cruz Meza encabezó una jugada que terminó entre rebotes dentro del área. La pelota quedó servida y Thiago Almada apareció para resolver con un remate fuerte que venció a Ingolotti. 2-1.

El golpe fue durísimo para Atlético, que había conseguido resistir con diez, había soportado buena parte del dominio de River y, sobre todo, había encontrado la manera de levantarse cuando parecía condenado. Pero el fútbol no siempre premia al que llega mejor al final. Esta vez, el último suspiro fue de River. Y con ese gol agónico, el Millonario se llevó de Tucumán tres puntos que parecían propios desde el primer tiempo, que se le escaparon durante el segundo y que recuperó cuando ya casi no quedaba tiempo.


Fuente: Clarín


Home Ads
GENERAL JUAN MADARIAGA El Tiempo