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Lavarse los pies con sal y aceite de oliva: por qué algunos expertos lo recomiendan y para qué sirve

El cuidado de los pies , aunque muchas veces quede en segundo plano, es tan importante como el del resto del cuerpo. En este marco, algunos expertos recomiendan lavarse con sal y aceite de oliva , un método que tiene distintos beneficios y puede cambiar su aspecto.

Esta práctica, cada vez más popular en invierno, apunta a hidratar la piel y aliviar el cansancio tras un día largo. Aunque no reemplaza tratamientos médicos ni cura enfermedades, muchas personas la incorporan a su rutina sobre todo cuando el frío reseca la piel.

Por un lado, la sal gruesa o marina ayuda a limpiar la piel, eliminar impurezas y suavizar las durezas cuando se usa en un baño de pies con agua tibia. El calor del agua, además, favorece la relajación y puede aliviar la sensación de pies cansados.

A su vez, el aceite de oliva es conocido por su poder humectante. Gracias a sus antioxidantes y ácidos grasos, hidrata la piel seca y mejora la elasticidad , al dejar los pies más suaves después de su aplicación.

Muchas personas prefieren hacerlo por la noche , antes de dormir, para potenciar la sensación de descanso.

Quienes adoptan este hábito aseguran que puede ayudar a hidratar talones agrietados, suavizar zonas endurecidas, aliviar el cansancio y mejorar el aspecto general de la piel. Además, representa un momento de relajación tras una jornada intensa.

Sin embargo, los especialistas advierten que no es recomendable realizar baños de pies con sal si hay heridas abiertas, infecciones, ampollas importantes o lesiones en la piel , ya que podría causar molestias o retrasar la cicatrización.

También es importante que las personas con diabetes, problemas circulatorios o enfermedades que afecten la sensibilidad en los pies consulten con un profesional de la salud antes de incorporar este tipo de cuidados caseros.

La frecuencia ideal depende del estado de la piel. En personas con los pies sanos, hacerlo una o dos veces por semana suele ser suficiente para mantenerlos suaves, hidratados y libres de asperezas.

Si los talones están muy resecos o presentan durezas, se puede repetir el tratamiento hasta dos o tres veces por semana durante un período corto, siempre observando cómo responde la piel. Una vez que mejora su aspecto, lo recomendable es volver a una rutina de mantenimiento semanal.

Además de los baños de pies con sal y la hidratación con aceite de oliva, los especialistas recomiendan incorporar hábitos que protejan la piel del frío y la resequedad. Entre ellos, usar calzado que permita la ventilación, cambiar las medias todos los días y secar muy bien los pies después del baño, especialmente entre los dedos, para evitar la acumulación de humedad.

También aconsejan aplicar una crema hidratante específica para pies de forma regular , evitar caminar descalzo sobre superficies muy frías y no retirar las durezas con objetos cortantes. Estos cuidados, combinados con una buena higiene diaria, ayudan a prevenir grietas, molestias y otros problemas frecuentes durante los meses de bajas temperaturas.

Aunque la piel seca o las durezas suelen mejorar con hidratación y cuidados básicos, hay situaciones en las que es importante buscar atención profesional. Los especialistas recomiendan consultar con un podólogo o un médico si aparecen grietas profundas que sangran, dolor persistente, inflamación, cambios de color en la piel, secreciones o signos de infección , como enrojecimiento y aumento de la temperatura en la zona.

Además, las personas con diabetes, problemas de circulación o enfermedades que afecten la sensibilidad de los pies no deberían intentar tratar lesiones por su cuenta. En estos casos, una evaluación temprana ayuda a prevenir complicaciones y permite indicar el tratamiento más adecuado según cada situación.


Fuente: TN


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