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Proverbio chino de hoy: “El mejor momento para plantar un árbol fue hace 20 años”


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Hay frases que parecen simples, pero se quedan dando vueltas porque tocan algo muy profundo . “El mejor momento para plantar un árbol fue hace 20 años; el segundo mejor momento es ahora ” es una de ellas. El proverbio chino se volvió popular porque explica que el pasado puede pesar, pero no sirve de mucho quedarse a vivir ahí.

La frase suele aparecer justo en esos momentos en que una persona siente que llega tarde a algo . Tarde para estudiar, para leer, para cambiar de trabajo, para empezar una rutina, para cuidar la salud, para aprender un idioma o para retomar un deseo que quedó dormido durante años. La sensación es que si no lo hice antes, quizá ya no tenga sentido hacerlo ahora.

Claro que habría sido mejor empezar antes. Si alguien hubiera plantado ese árbol hace dos décadas, hoy tendría sombra, frutos y raíces firmes. Pero como eso ya no ocurrió, la única pregunta útil es otra: ¿qué hago con el tiempo que sí tengo por delante? La frase lo que hace es devolver la atención al presente, el único lugar donde todavía se puede actuar .

No invita a fantasear con un pasado mejor ni a quedarse lamentando decisiones viejas. Invita a moverse. A entender que, aunque haya cosas que no vuelven, siempre hay algo que todavía puede empezar. Y muchas veces ese comienzo llega más tarde de lo que uno imaginaba, pero igual llega a tiempo para cambiar el sentido de lo que viene .

Ese desplazamiento de perspectiva resulta especialmente potente cuando una persona se compara con los demás. Muchas personas suelen mirar la vida ajena como si todos hubieran arrancado antes , mejor o con más claridad. Entonces el desánimo crece. Se piensa en todos los libros no leídos, en las habilidades no desarrolladas, en los años “perdidos”. Pero el proverbio afirma que todo eso puede ser cierto, y aun así el mejor momento disponible sigue siendo ahora .

La sabiduría de la frase está en que no propone magia ni promete resultados inmediatos. Plantar un árbol no resuelve nada de un día para el otro. Requiere tiempo, constancia y cierta paciencia para aceptar que lo importante empieza siendo pequeño. Justamente por eso funciona tan bien como metáfora.

Empezar tarde no es lo ideal, pero empezar tarde sigue siendo muy distinto a no empezar nunca . Esa es la verdadera fuerza del proverbio, que corre el eje de la culpa hacia la acción.

En ese sentido, la frase también busca dar consuelo desde la mirada de la filosofía . Le recuerda a quien se siente atrasado que no está condenado por su demora. El pasado puede doler, puede mostrar errores, indecisiones y oportunidades desperdiciadas. Pero no obliga a repetirlas. Siempre queda la posibilidad de aprender de eso y hacer otra cosa con el tiempo que viene.

Tal vez por eso el proverbio sigue circulando con tanta vitalidad. Porque no ofrece una excusa ni un consuelo vacío. Ofrece una dirección . Entender que el árbol no está plantado, que habría sido mejor hacerlo antes, pero que todavía hay tierra, todavía hay manos y todavía hay tiempo para empezar.


Fuente: TN


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