
Dormir ocho horas suele considerarse la clave para un buen descanso. Sin embargo, los especialistas en sueño advierten que la cantidad de horas no es el único factor que importa .
El momento en que una persona se acuesta también influye en la calidad del descanso, la recuperación física y el funcionamiento del organismo al día siguiente.
Diversas investigaciones sobre cronobiología indican que acostarse de forma habitual después de la medianoche puede alterar los ritmos circadianos, es decir, el reloj biológico que regula procesos como el sueño, la producción hormonal, la temperatura corporal y los niveles de energía. Por eso, una persona puede dormir ocho horas completas y aun así despertarse cansada o con sensación de sueño insuficiente.
Los expertos coinciden en que, para la mayoría de los adultos, lo ideal es dormirse entre las 22 y las 23 . A partir de la medianoche, el cuerpo comienza a perder parte de la sincronización natural con los ciclos de luz y oscuridad, lo que puede afectar la calidad del sueño profundo.
Durante las primeras horas de la noche se producen procesos biológicos clave, como una mayor liberación de melatonina y hormona de crecimiento, fundamentales para la recuperación física y mental.
Uno de los principales problemas es que el sueño tiene distintas fases, y algunas de las más reparadoras suelen concentrarse en la primera mitad de la noche.
Cuando una persona retrasa constantemente el horario de sueño, puede alterar la distribución natural de esas fases y reducir la sensación de descanso, incluso si completa las horas recomendadas.
Además, acostarse tarde suele estar asociado a una mayor exposición a pantallas, luz artificial y estímulos que dificultan la conciliación del sueño.
Los ritmos circadianos son ciclos biológicos de aproximadamente 24 horas que regulan numerosas funciones del organismo. Están influenciados principalmente por la exposición a la luz natural y ayudan a determinar cuándo sentimos sueño o estamos más alerta.
Cuando los horarios de descanso se alejan demasiado de estos ciclos naturales, el cuerpo puede experimentar una especie de “desajuste interno” que afecta el rendimiento físico y mental.
Los especialistas recomiendan mantener horarios regulares para acostarse y levantarse, incluso durante los fines de semana.
También aconsejan reducir la exposición a pantallas antes de dormir, evitar el consumo de cafeína durante la noche y procurar ambientes oscuros y silenciosos para favorecer la producción natural de melatonina.
No necesariamente. Aunque la cantidad de sueño es importante, la calidad y el horario también cumplen un papel fundamental.
Por eso, cada vez más expertos sostienen que descansar bien no depende únicamente de sumar horas en la cama, sino de respetar los ritmos biológicos naturales del organismo. Dormir ocho horas después de la una o dos de la madrugada no siempre ofrece los mismos beneficios que hacerlo dentro de una ventana horaria más alineada con el reloj interno del cuerpo.
Fuente:
TN
GENERAL JUAN MADARIAGA El Tiempo

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