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Alejandro Magno, conquistador griego: “No tengo miedo de un ejército de leones dirigido por una oveja”


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Un grupo brillante, fuerte o talentoso puede perder impulso si quien lo conduce carece de coraje, visión o capacidad de decisión, mientras que un conjunto mucho más modesto puede volverse temible cuando encuentra a alguien capaz de ordenarlo, inspirarlo y empujarlo hacia un objetivo común.

Esa es la idea que graficó Alejandro Magno , una imagen simple que todavía funciona porque toca algo muy reconocible en la vida política, militar, empresarial e incluso cotidiana.

Alejandro Magno fue considerado como uno de los mayores estrategas de todos los tiempos , tanto por sus hazañas como por su marcada personalidad. Apenas vivió 33 años, entre 356 y 323 a. C., los suficientes para configurarse en una leyenda de las más temidas de la antigüedad.

Fue un líder carismático cuyos soldados le tuvieron una lealtad extraordinaria aun en campañas larguísimas y muy duras. No era solo un rey que daba órdenes a distancia. Su autoridad se sostenía también en el magnetismo personal y en la confianza que despertaba en sus tropas.

Ese rasgo aparece con fuerza en los relatos sobre su forma de combatir. Alejandro insistía en liderar desde el frente de batalla y que por eso acumuló heridas muy serias a lo largo de su carrera militar.

Esa disposición a exponerse con los suyos ayuda a entender por qué podía transformar a sus hombres en una fuerza tan eficaz, incluso cuando enfrentaban enemigos superiores en número. La autoridad, en su caso, no nacía solo del rango, sino del ejemplo.

La cita no habla simplemente de valentía personal. Habla del efecto que produce un conductor sobre el conjunto . Alejandro había heredado de Macedonia un ejército muy bien organizado, pero su genio estuvo también en saber conducirlo, adaptarlo y empujarlo a victorias que cambiaron el mapa del mundo antiguo. En menos de trece años de reinado extendió su poder desde Macedonia hasta Egipto y parte de India, dejando una huella militar y cultural que todavía se estudia.

Por eso la frase sigue teniendo tanta vida. Sugiere que la calidad del mando puede alterar el destino de cualquier grupo. Un líder débil, indeciso o sin convicción puede apagar incluso a los mejores. Un líder con coraje, claridad y capacidad de transmitir confianza puede sacar lo mejor de quienes parecían comunes .}

También hay algo más incómodo en esa enseñanza. La frase obliga a mirar menos el talento individual y más la estructura de conducción. A veces se insiste en reunir “leones”, es decir, personas brillantes, fuertes o sobresalientes, y se olvida que sin dirección compartida ese potencial se dispersa. Otras veces se subestima a quienes parecen “ovejas” hasta que aparece alguien capaz de darles sentido, disciplina y propósito.

Tal vez por eso, aunque la atribución exacta siga siendo discutible, la frase sobrevivió. Resume en una imagen memorable una verdad que Alejandro encarnó bastante bien en su propia vida militar: un ejército se define por la fuerza de sus miembros y también por la clase de liderazgo que logra convertir esa fuerza en destino.


Fuente: TN


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GENERAL JUAN MADARIAGA El Tiempo