
Durante años, el mundo financiero funcionó bajo una lógica casi artificial: tasas de interés extremadamente bajas, deuda abundante y dinero barato para financiar casi cualquier apuesta. Ese escenario empieza a resquebrajarse. Y el mercado de bonos acaba de lanzar una advertencia difícil de ignorar.
En los últimos días, los bonos soberanos de largo plazo sufrieron fuertes caídas en Estados Unidos, Japón y Europa. Como ocurre siempre en esos casos, los rendimientos subieron con fuerza. El bono del Tesoro norteamericano a 30 años llegó a superar el 5%, un nivel que Wall Street no veía desde antes de la crisis financiera global de 2008.
Puede parecer un dato técnico, pero detrás hay un cambio mucho más profundo: el precio global del dinero volvió a subir.
Cuando el rendimiento de los bonos del Tesoro estadounidense aumenta, el mercado empieza a recalcular cuánto riesgo vale la pena asumir. Si Estados Unidos paga cerca de 5% anual en dólares con un activo considerado prácticamente libre de riesgo, muchos inversores dejan de mirar con el mismo entusiasmo a las acciones tecnológicas, los mercados emergentes o la deuda de países frágiles.
Por eso las tensiones en el mercado de bonos suelen contagiar rápidamente al resto de los activos financieros.
Detrás de este deterioro aparecen varios factores simultáneos. Por un lado, persisten dudas sobre la velocidad con la que bajará la inflación en Estados Unidos. Por otro, el mercado empezó a asumir que la Reserva Federal mantendrá tasas altas durante más tiempo del esperado.
Pero hay además un problema estructural: el crecimiento explosivo de la deuda pública en las principales economías desarrolladas.
Estados Unidos enfrenta déficits fiscales muy elevados y necesita emitir enormes cantidades de deuda para financiarse. El problema es que ya no existe la misma demanda automática de bonos que había hace una década. China redujo parte de sus compras de Treasuries y muchos inversores exigen ahora mayores rendimientos para absorber semejante volumen de emisión.
El mensaje del mercado es claro: prestar dinero a largo plazo volvió a ser más caro.
Para la Argentina, eso importa muchísimo. En un mundo de tasas altas, los capitales se vuelven más selectivos y los países con desequilibrios macroeconómicos quedan bajo mayor presión. El viento financiero internacional, que durante años ayudó a sostener excesos, empieza a cambiar de dirección.
Fuente:
La Nación
GENERAL JUAN MADARIAGA El Tiempo

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