
Las últimas semanas de febrero y marzo reordenan más que la agenda escolar . La vuelta a clases impacta de lleno en la dinámica laboral y vuelve a poner en el centro una discusión que atraviesa a empresas y trabajadores: cómo equilibrar presencialidad y virtualidad sin resentir la productividad .
Casi ocho de cada diez trabajadores con hijos plantearon que el ideal en ese sentido sería asistir hasta tres días por semana a la oficina , según el informe “IA y presencialidad: el nuevo panorama laboral”, elaborado por WeWork junto a Michael Page . El dato confirma que el esquema híbrido, con reglas claras, se consolidó como una de las principales demandas del mercado laboral.
En paralelo, el 68% de los argentinos con hijos prefiere trabajar bajo una modalidad mixta que les permita articular su vida personal y profesional sin que ambas esferas interfieran entre sí. En un contexto en el que muchas compañías volvieron a reforzar la presencialidad, la discusión pasa por el diseño estratégico. El inicio del ciclo lectivo funciona como una prueba de estrés para ese modelo.
De acuerdo con el informe de WeWork , en la Argentina, casi la mitad de los encuestados se desempeñó en 2025 bajo un modelo híbrido con una política clara de presencialidad, en línea con la preferencia del 59% por esta modalidad con dos días en oficina. Sin embargo, en los últimos años cada vez más empresas dejaron atrás el home office como regla general y retomaron la presencialidad completa.
En ese contexto, el regreso a las aulas expone el impacto concreto de esas decisiones. Las familias con hijos en edad escolar deben reorganizar horarios, traslados y tareas, y la previsibilidad se vuelve un activo.
“El inicio de un nuevo año escolar funciona como un termómetro para las organizaciones. Es el momento en que se ponen a prueba los modelos de trabajo y la capacidad real de ofrecer flexibilidad sin resignar productividad. Hoy el desafío no pasa por elegir entre presencialidad o flexibilidad, sino por encontrar el equilibrio adecuado para cada organización. Cuando la presencialidad está bien planificada y responde a objetivos claros, puede potenciar la colaboración, la cultura y los resultados”, señaló Claudio Hidalgo , presidente de WeWork Latinoamérica.
La clave, según el relevamiento, está en definir qué instancias requieren encuentro físico —como reuniones de planificación o espacios de cultura organizacional— y cuáles pueden resolverse de manera remota sin afectar resultados.
El reordenamiento no es solo operativo. También es emocional. Laura Lewin , especialista en Educación, autora y oradora TEDx, explicó a TN que “la vuelta a clases concentra muchas cosas al mismo tiempo. No es solo el regreso a la rutina. Es volver a cumplir expectativas, a reorganizar horarios, a rendir social y académicamente ”.
La experta advirtió que la ansiedad del comienzo no es un problema en sí mismo, sino “una respuesta adaptativa frente a lo nuevo”. El punto, sostuvo, es que los chicos sepan que pueden atravesar esos nervios con sostén.
En los adultos, en cambio, aparece la presión logística . “Es una reactivación completa del año”, describió. Horarios, traslados, exigencias laborales y económicas se superponen en pocos días. Y ese clima se transmite. “Los chicos no necesitan que se les explique que estamos tensos: lo perciben”, señaló.
Lewin planteó que la adaptación saludable al nuevo ciclo lectivo puede demandar entre dos y cuatro semanas . Pretender que en pocos días todo vuelva a la normalidad resulta poco realista. La diferencia, indicó, la hace la planificación anticipada: ajustar horarios de sueño, ordenar la logística familiar y distribuir responsabilidades antes de que empiecen las clases reduce la incertidumbre.
“La ansiedad crece cuando todo parece improvisado. Baja cuando hay previsibilidad”, sintetizó.
El estudio de WeWork mostró que la flexibilidad horaria impacta de manera directa en el bienestar de quienes tienen hijos. No solo por comodidad, sino por sensación de control.
Para Lewin, cuando un adulto siente que puede resolver un imprevisto escolar sin que eso derive en un conflicto laboral, disminuye el nivel de tensión general. “ La flexibilidad reduce la sensación de estar corriendo todo el tiempo ”, explicó.
La especialista advirtió que el regreso a esquemas más presenciales modifica el clima de la casa. Aumentan el apuro y el cansancio, y pueden multiplicarse discusiones que en realidad reflejan saturación. En ese contexto, recomendó revisar expectativas, distribuir tareas de manera explícita y cuidar microespacios de conexión cotidiana.
También subrayó la importancia de la claridad en los horarios . “Los chicos necesitan saber qué esperar. ¿Quién me lleva? ¿Quién me busca? ¿A qué hora cenamos? La claridad en los horarios no es solo logística: es una sensación de sostén”, indicó.
En un mercado laboral que todavía redefine sus reglas, la vuelta a clases deja en evidencia que la discusión no se limita a dónde se trabaja, sino a cómo se organiza la vida alrededor del trabajo .
Fuente:
TN
GENERAL JUAN MADARIAGA El Tiempo

.jpg)


Redes