
Más allá de no haber tenido con Michel Rolland una amistad cercana, siempre existió entre nosotros una relación de respeto y cierta cercanía desde el oficio.
Fue una de las figuras clave para abrir el Malbec argentino al mundo. Pero incluso más que eso: ayudó a definir un momento, a empujar un estilo, a darle al vino argentino una voz que el mundo pudiera escuchar .
Su mirada, su influencia y su convicción fueron determinantes en la construcción de la visibilidad internacional de nuestra vitivinicultura. En muchos sentidos, fue parte del puente entre lo que éramos y lo que empezamos a ser .
Por eso, su partida no es solo una pérdida para quienes compartieron más tiempo con él, sino un golpe profundo para toda la actividad .
Quiero recordar una anécdota que lo puede definir. Me pasó algo simple con él.
Una vez, probando Malbec, agarró una copa, la miró dos segundos y dijo: “Este ya está listo para el mundo” .
Nada más. Ni suelo, ni historia, ni poesía. Listo. Y en esa frase estaba todo. Él veía antes que muchos hacia dónde podía ir el vino argentino.
Después cada uno decide qué hace con eso.
Fuente:
Clarín
GENERAL JUAN MADARIAGA El Tiempo

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