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Se crió en la calle, la muerte de su papá lo marcó y hoy junta fondos para comprar casas a familias vulnerables


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A los 24 años, mientras muchos jóvenes atraviesan el cierre de una carrera o buscan su primer trabajo estable, un tucumano decidió enfocar su vida en ayudar a quienes viven en la calle, un escenario que conoce desde la infancia. Su historia está atravesada por la pérdida, la solidaridad y una convicción firme: transformar realidades concretas.


Desde muy chico recorrió los barrios acompañando a su padre, un fotógrafo independiente que trabajaba de manera informal y que falleció durante la pandemia. Esa ausencia fue un punto de quiebre y, al mismo tiempo, el impulso que lo llevó a empezar a ayudar a otros. “Veíamos cómo se sacrificaba y le gustaba ayudar a la gente”, recuerda sobre ese legado que hoy guía cada una de sus acciones.


El proyecto comenzó sin recursos. No tenía celular, ni equipamiento para grabar. Usaba una cámara vieja de su papá, se movía en bicicleta o en una moto prestada y salía a la calle a escuchar historias. Esos primeros registros, pensados solo para visibilizar situaciones de vulnerabilidad, rápidamente generaron empatía y una respuesta inesperada en redes sociales.


Con el tiempo, lo que era una iniciativa personal se convirtió en una fundación que hoy cuenta con un equipo de trabajo estable. A través de campañas solidarias, rifas y colectas públicas, logró reunir millones de pesos destinados no solo a la asistencia inmediata, sino a soluciones de fondo.



El primer gran objetivo fue devolver herramientas de trabajo: motocarros, motos, heladeras, hornos industriales y equipamiento para pequeños emprendimientos. Pero el impacto más profundo llegó con un desafío mayor: garantizar el acceso a una vivienda.


Uno de los casos que marcó un antes y un después fue el de una madre que vivía con sus hijos sin un techo propio. Tras escuchar su historia, lanzó una campaña solidaria que permitió reunir 18 millones de pesos para comprar una casa escriturada a su nombre, además de equiparla para que pudiera iniciar un negocio desde su hogar. Luego llegó una segunda vivienda, que implicó una recaudación aún mayor: 25 millones de pesos.


Hasta el momento, más de 43 millones de pesos fueron destinados exclusivamente a la compra de inmuebles para familias en situación crítica. La transparencia de cada campaña y el seguimiento público de los casos fortalecieron la confianza de quienes colaboran.


Pese a la repercusión, mantiene una vida sencilla. Estudia Comunicación, vive con su familia y pasa gran parte de sus días en la calle, dialogando con vecinos y personas en situación de vulnerabilidad. “Me crié hablando con la gente”, resume, convencido de que el aprendizaje más valioso está fuera de las aulas.



Reconoce que no todo es fácil. Existen decepciones y situaciones en las que algunas personas falsean historias, pero elige enfocarse en el impacto positivo. “Esto me da alegría y satisfacción. Siento que sigo el camino de mi papá”, asegura.


No tiene vínculos políticos ni apoyo partidario, algo que considera clave para preservar la independencia de su trabajo. Su mirada está puesta en el futuro y en ampliar el alcance de la ayuda. El objetivo es claro: llegar a otras provincias del norte argentino, seguir entregando herramientas de trabajo y generar oportunidades reales para que más personas puedan salir adelante por sus propios medios.


Para él, no se trata de un trabajo ni de una exposición en redes. Es una forma de vida. “Salir a la calle es parte de mí”, afirma, convencido de que su historia personal encontró sentido en la solidaridad cotidiana.


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GENERAL JUAN MADARIAGA El Tiempo