
Las vacaciones deberían ser sinónimo de descanso, disfrute y pausa. Sin embargo, para muchas personas ocurre exactamente lo contrario: cuando el cuerpo frena, la cabeza acelera . Aparece la ansiedad, la culpa y una sensación incómoda de estar “perdiendo el tiempo”. A ese fenómeno se lo conoce como ociofobia , el miedo al descanso y al tiempo libre.
“El nombre habla por sí solo”, reconoció la psicóloga especialista en neurociencia Sol Rivera, en diálogo con TN , pero aclaró que no se trata de algo tan simple. “La ociofobia tiene que ver con lo que les pasa a algunos —no a todas las personas— cuando buscan relajarse y, lejos de generar placer y distensión , eso les empieza a generar ansiedad y preocupación”.
Según Rivera, el problema no es no querer descansar. Todo lo contrario. “Las personas que sufren ociofobia de manera consciente desean el descanso. El problema aparece cuando llega ese momento y el sistema nervioso no afloja nunca; queda en una situación de alerta constante que no nos hace bien a nivel salud ni bienestar”.
En una cultura que glorifica la hiperproductividad, frenar parece casi un acto de rebeldía . “El miedo tiene que ver con bajar la productividad, con dejar de generar resultados y con el descanso per se, sin ninguna utilidad”, precisó Rivera. Y ahí aparece una de las emociones centrales: la culpa .
“La idea de que si uno está descansando debería en realidad estar haciendo algo útil está muy arraigada socialmente . El descansar está mal porque es perder el tiempo, cuando en realidad productividad y descanso van de la mano y no al revés ”, consideró.
A eso se suma el término FOMO (fear of missing out), el miedo a quedarse afuera , un concepto muy utilizado actualmente. “Cuando se deja de producir y uno se centra en el disfrute, la cabeza empieza a pensar en todo lo que podríamos perdernos mientras el humano descansa ”, señaló.
El resultado es un cerebro que no sabe parar: “Cuando uno no está acostumbrado a hacer microcortes en lo cotidiano, el cerebro no puede desconectar ni siquiera cuando llegan las vacaciones ”.
La ociofobia no distingue edades ni profesiones, pero suele aparecer con más fuerza en personas apasionadas por lo que hacen . “La paradoja es que a quienes más les cuesta descansar, en general aman su trabajo ”, dice Rivera. “Pero eso se vuelve un boomerang cuando no pueden frenar y todo pasa por la autoexigencia”.
Mucho de eso no se construye en la adultez, sino desde la infancia. “ Los mandatos vienen de pequeños . Aprendemos qué significa trabajar, descansar y quiénes tenemos que ser para lograr resultados. Muchas veces esas disposiciones están más ligados al miedo que a la confianza “, precisó la psicóloga.
El pensamiento suele ser catastrófico: “Si descanso, voy a perder todo lo que gané”. Aunque racionalmente uno sepa que no es así, emocionalmente pesa.
Para explicarlo, Rivera propone una metáfora clara: la velocidad en el auto. “Cuando uno va muy rápido, no disfruta el paisaje. No nos preguntamos si queremos parar, cambiar de ruta o quedarnos en un lugar que nos gustó. Cuando se vive en automático, esas preguntas no aparecen ”.
Ahí emerge otro miedo: el de preguntarse cosas incómodas. “Parar también hace que uno se enfrente a preguntas existenciales: ‘¿Esto que estoy haciendo es lo que quiero?’, ‘¿Quién soy si no produzco?’ Entonces uno prefiere seguir acelerado ”, ejemplifica.
Entre las preguntas clave que propone Rivera aparecen algunas tan simples como potentes:
“No hay respuestas correctas”, aclaró. “Pero son preguntas que permiten vivir con mayor sentido ”.
Desde la neurociencia, el abordaje no pasa solo por tomarse vacaciones largas. “Más que grandes períodos de descanso, se necesitan microcortes diarios que oxigenen el cerebro”, explicó Rivera. “Uno tiende a creer que si no para, va a ser más creativo, pero es al revés ”.
Caminar 20 minutos, almorzar fuera del entorno laboral, respirar conscientemente o practicar mindfulness por 10 minutos puede ser más efectivo que 10 días de vacaciones mal descansadas .
Además, hay un pilar innegociable: el sueño. “Dormir entre 7 y 8 horas es fundamental. El descanso es el principal estabilizador del ánimo y generador de neuroplasticidad ”.
Una de las herramientas más simples —y menos valoradas— es reconectar con el presente. “El disfrute está en los sentidos: oler el café, sentir un abrazo, mirar a los ojos, escuchar de verdad. La cabeza suele estar en el futuro mientras el cuerpo está en el presente ”.
Entrenar esa conexión es clave para bajar la hiperactivación del sistema nervioso .
La ociofobia no suele mostrar sus consecuencias de inmediato. “Muchas veces pasa factura con el tiempo: en la salud, en los vínculos, en los proyectos personales. Al final de la película aparecen los ‘si hubiera…’”.
Y no se trata de dejar de trabajar ni de renunciar a la ambición. “A veces el cambio no es tan grande. Son esos 45 minutos con un hijo , estar presentes de verdad, sin el celular. La presencia emocional pesa más que la física ”.
“Más ganas y más deseo también implican más miedo”, resumió Rivera. “Por eso, quienes aman lo que hacen deben tener aún más cuidado”.
Quizás el verdadero desafío no sea aprender a hacer más, sino aprender a parar sin culpa . Porque descansar no es perder tiempo: es recuperar sentido.
Fuente:
TN
GENERAL JUAN MADARIAGA El Tiempo

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