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Guardavidas de río: entre el deber de cuidar a los que se meten al agua y el riesgo ambiental


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Los guardavidas son profesionales formados en técnicas de rescate y primeros auxilios, pero el oficio no es igual en todos lados. No es lo mismo cuidar a una familia en San Clemente que a un grupo de jóvenes en San Bernardo. Sin embargo, hay un lugar donde la tarea cambia por completo: el Río de la Plata.

En el Río de la Plata, la recomendación es clara: sólo se puede ingresar en el agua en sectores delimitados por boyas. Debajo del agua turbia hay pozos, canales, ramas y una vegetación que enreda a cualquiera. Además, las corrientes pueden arrastrar incluso a los que saben nadar muy bien.

Aunque hoy existen algunas zonas habilitadas, desde 1975 rige una prohibición para bañarse en gran parte de la costa. Actualmente, la situación es crítica. Un informe del CONICET y la Universidad Nacional de La Plata advirtió que las playas de la región presentan niveles extremadamente altos de contaminación fecal: hasta 3.500 veces por encima de lo permitido.

El origen del problema refleja un sistema de efluentes colapsado. Según el informe, la planta de pretratamiento de ABSA en Berisso recibe cerca de 13.000 metros cúbicos por hora de líquidos cloacales de toda la región , aunque su capacidad real apenas alcanza los 5.000.

Además, la planta funciona solo 46 horas por semana, lo que significa que apenas un 10% del volumen recibe algún tipo de tratamiento. El resto —alrededor del 90%— se descarga directamente al río. Para agravar el escenario, el caño emisario que antes transportaba los residuos 600 metros río adentro dejó de funcionar hace más de una década, por lo que hoy los desechos llegan prácticamente a la costa.

En la Costanera de la Ciudad de Buenos Aires, todavía existen accesos al agua, aunque es una de las zonas más riesgosas del estuario. Al cruzar hacia Vicente López, carteles y patrullajes advierten que está prohibido bañarse . Móviles de seguridad y Defensa Civil recorren el lugar recordando por altavoces que ingresar al río es peligroso.

En Olivos, la situación es similar. Sin embargo, en los días de calor muchos ignoran las advertencias para refrescarse . Es común ver pescadores con el agua hasta la cintura —o incluso hasta los hombros— desafiando tanto a las corrientes como a la contaminación.

El panorama cambia en el extremo sur. Municipios como Berisso promocionan sus 22 kilómetros de costa y balnearios habilitados —como Isla Paulino, Palo Blanco, Playa Municipal y La Balandra— como espacios de contacto con la naturaleza, con servicios gastronómicos, sanitarios y cobertura de guardavidas durante la temporada.

Muy cerca, en Ensenada, la propuesta turística se repite. Punta Lara es presentada como “la perla del Río de la Plata”, con espacios públicos gratuitos, fogones y un parque costero renovado. Allí también se destaca la presencia diaria de un amplio cuerpo de guardavidas , cuyo objetivo es cuidar a quienes visitan la costa.

Al final del día, ellos son los guardavidas de río: especialistas en salvamento atrapados en un estuario sumamente contaminado . Esforzados profesionales que, empujados por el histórico abandono ambiental, ahora asumen un doble propósito: ya no se trata solamente de tirarse al agua para sacar con vida a los que no pueden salir, sino de evitar, a toda costa, que a los demás se les ocurra la idea de meterse.


Fuente: TN


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