
No disfrutar que te hablen apenas te despertás es más común de lo que se cree, aunque muchas personas suponen que basta con abrir los ojos para estar listos para interactuar. Desde la psicología y la neurociencia del sueño, esta reacción puede estar relacionada con cómo el cerebro completa la transición del descanso a la vigilia, así como con factores emocionales, sensoriales y de regulación personal.
Gran parte de esta respuesta está vinculada a un fenómeno bien documentado en la investigación del sueño llamado inercia del sueño ( sleep inertia ), que describe el estado de somnolencia y funcionamiento cognitivo reducido que muchas personas experimentan justo después de despertarse. Estudios señalan que este estado puede afectar atención, memoria y velocidad de reacción durante los primeros minutos u horas tras levantarse.
Cuando el cuerpo pasa del sueño a la vigilia, el cerebro no “enciende” todas sus funciones de inmediato. La inercia del sueño se produce porque ciertas áreas cerebrales, en particular aquellas vinculadas con la atención y la función ejecutiva, todavía no alcanzan su nivel completo de activación tras el descanso nocturno.
Este estado transitorio puede durar desde 15 hasta 30 minutos o más , e incluso puede persistir en forma de somnolencia o bajo rendimiento cognitivo durante un período más largo después de despertarse.
Desde este punto de vista psicológico y fisiológico, no querer conversar apenas al despertarse puede obedecer a varios factores:
Según revisiones científicas, el proceso de despertar implica un período de funcionamiento cognitivo disminuido que se observa en tareas de atención, memoria y reacción justo después de la vigilia, un efecto clásico del fenómeno de inercia del sueño.
Este estado se produce incluso cuando no hay privación de sueño significativa, y se agrava si la persona es despertada abruptamente desde un sueño profundo o si utiliza alarmas repetitivas como la función “snooze”.
No querer hablar apenas al despertarse no implica una falta de interés o de cariño hacia quienes están cerca. Más bien, es una respuesta natural del organismo que refleja cómo el cerebro y el cuerpo realizan su transición interna desde el descanso al estado activo del día.
En lugar de interpretarlo como mal humor, ansiedad o rechazo interpersonal, la psicología y la neurociencia sugieren que puede ser una forma de autorregulación , una estrategia no consciente para gestionar la energía cognitiva y emocional al inicio del día.
Aceptar este patrón y comunicarse con quienes conviven con vos —por ejemplo, avisar que necesitás unos minutos antes de hablar— puede ayudar a evitar malentendidos y a respetar los ritmos individuales.
Fuente:
TN
GENERAL JUAN MADARIAGA El Tiempo

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