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Le usurparon el campo y lo atacaron a tiros mientras trabajaba encima de un tractor



En Santiago del Estero, la apropiación de tierras ha generado un clima de violencia y temor que impacta directamente a los productores ganaderos de la zona. En diálogo con TN, Oscar Amato, un productor de Sumampa, en el sur de esa provincia, contó que ha sido una de las víctimas más afectadas por las acciones del Movimiento Campesino de Santiago del Estero (MOCASE).

El productor ha sufrido numerosos ataques y hostigamientos. En ese contexto, Amato ha presentado 40 denuncias ante la justicia sin obtener ninguna respuesta. Mientras trabajaba, el tractor recibió un total de 22 perdigones como resultado del último ataque.

“Esto es tierra de nadie”, afirmó Amato, quien ha sufrido el constante acoso del MOCASE. A pesar de tener escrituras que avalan la propiedad de su campo adquirido en 1999, ha perdido una parte de sus tierras debido a la usurpación. De las 550 hectáreas que poseía 70 hectáreas han sido usurpadas por el movimiento campesino.



La impotencia y la frustración se hacen evidentes en las palabras de Amato: “No me dejan trabajar el campo. Me han disparado y golpeado en repetidas ocasiones. He sufrido lesiones graves, fracturas y traumatismos debido a los ataques violentos”. A pesar de realizar numerosas denuncias, la justicia santiagueña ha ignorado sus pedidos de protección y acción.

Un nuevo episodio de violencia en el campo

“Yo estoy en Sumampa. El problema es grave también en Quimilí, me han tirado a matar, estaba limpiando mi campo”, comentó Amato, con la voz cargada de angustia. A medida que relató su experiencia, se hace evidente el peligro al que se enfrenta diariamente.

Según contó, los conflictos con los miembros del MOCASE (Movimiento Campesino de Santiago del Estero) han escalado a tal punto que le exigieron retirar los alambrados de su propiedad. Sin embargo, el hecho más aterrador ocurrió cuando decidió utilizar un tractor para remover las ramas del campo y reinstalar los alambres.

“Después escuchamos una explosión muy fuerte”, continuó Amato. “Empezamos a ver el tractor y nos dimos cuenta que nos tiraron varios tiros y estaban los perdigones, no me mataron porque el vidrio es templado y está protegido con una malla plástica”, explicó.



Pero la violencia y la usurpación de tierras no son los únicos desafíos a los que se enfrenta Amato. “No me dejan trabajar el campo”, denunció con frustración. A pesar de haber presentado varias denuncias a la policía, la Justicia ha permanecido en silencio, sin ofrecerle ninguna respuesta.

“Esta gente no deja trabajar, no me deja hacer nada”, exclamó Amato, señalando directamente al MOCASE como responsable de su angustia y privación de derechos. En un contexto en el que los agricultores y ganaderos se ven obligados a abandonar la lucha para proteger sus vidas y las de sus familias, la impunidad y la falta de acción de las autoridades se vuelven aún más evidentes.

Los productores de Sumampa y otros puntos de Santiago del Estero se encuentran en estado de alerta y desesperación, exigiendo una intervención federal que ponga fin a esta ola de violencia. “Todo lo que pasa es responsabilidad del gobernador Zamora”, dijo Amato, con voz entrecortada.

El caso de Amato no es aislado, muchos otros productores también han sufrido la violencia y la falta de respuesta de las autoridades judiciales. Denunció que el MOCASE ha usurpado más de mil hectáreas en la región, generando un clima de inseguridad y desesperación entre los agricultores.



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