Ex jugador de INDEPENDIENTE, preso: Habló la víctima “Somos muchas y estamos juntas. Y no nos callamos más”

Giuliana Peralta toma el aire como si se abrazara al oxígeno que le entra por la boca. Busca coraje, junta fuerzas para hablar y sigue. Cuenta cómo puede, como le sale, el camino que la llevó a un nuevo comienzo. Ahora que tiene 25 años habló para que “pueda mejorar el trato de la Justicia y la sociedad con las víctimas”.

Habla con la misma valentía que tuvo hace seis años cuando denunció a Alexis Zárate, por entonces futbolista de Independiente. “Sé que no todas corren con la suerte de haber podido hablar, de tener un sostén tan importante como el que yo tuve. Por eso me vi con el deber de llegar hasta el final, por todas”, sostiene.

De Giuliana se sabe que fue víctima de una violación. Que el 16 de marzo de 2014 juntó fuerzas de donde no había y fue, con su mamá, a denunciar a su abusador: Alexis Zárate. Nicolás Pérez y su entonces pareja, Martín Benítez, también jugadores, le mandaban mensajes y la llamaban sin parar. Los tres buscaron callarla.
“A partir de hoy voy a intentar sacarme esta mochila tan pesada que cargué todos estos años para seguir con mi vida. Fueron años muy duros, puse mi cuerpo y mi alma. Muchas veces estuve a punto de caerme, pero estoy orgullosa de haber llegado hasta el final”.
Dijo ahora desde su casa. Quiere que otras sepan lo que tuvo que pasar, que “conozcan el proceso”, para cambiarlo.

Su relato empieza en marzo de 2016. De aquellos días recuerda con angustia la exposición y el maltrato.
“Mi caso se hizo público sin mi consentimiento porque él y los implicados eran jugadores de fútbol. Quiero que se entienda que las que pasamos por una violación no queremos contarlo. En mi caso se lo conté a mi mamá horas después porque me vio con la cara totalmente desfigurada del llanto y, gracias a que me obligó a contar qué me había pasado, pude hacerlo".
Señaló.
Con su familia fue a la comisaría 1° de Avellaneda “horas después de haber sido violada”. Lo que siguió fue el laberinto judicial que deben atravesar las víctimas con el dolor a flor de piel.
“A pesar de haber recibido mensajes de Martín Benítez y Nicolás Pérez de que por favor no denuncie, yo quise hacerlo igual para que ninguna otra chica pase lo que pasé yo en ese departamento”.
Reconstruyó.

Después vinieron las pericias y la revictimización:
“Me llevaron a hacer un hisopado con un hombre ¿Se entiende? Un hombre. Después de haber sido violada tener que pasar por un médico hombre, desnuda. También fui al hospital y a clínicas para que me realicen estudios de protocolo. Comencé terapia, tuve que conseguir un abogado”.
Recordó con angustia.
Cuenta, además, que pasó por tres pericias psicológicas y tres psiquiátricas porque los abogados de la defensa buscaban desacreditar su relato pidiendo nulidades. Por errores procesales o por falta de pericia de los investigadores, seis veces tuvo que someterse a entrevistas con profesionales que la hacían relatar lo que había padecido, contestar preguntas y hacer tests que corroboraron que había sido víctima de un abuso sexual.

Afuera de las oficinas judiciales también se encontraba con maltratos:
 “Tuve que soportar que pasen mi caso en las noticias, que hablen de mí, que digan que quería fama o que buscaba plata. Que me descrean o que dejen el lugar a la duda. Tuve que ver mis fotos, no entiendo por qué siempre elegían justo la que tenía bikini o la que tenía pollera”.
Detalló con la misma angustia.
Giuliana tuvo que cerrar sus redes sociales y “aislarse en una burbuja” de contención con sus amigas y su familia. Dice que su abogada, Raquel Hermida Leyenda, “sacó su causa del cajón en el que literalmente estaba guardada”. Denuncia que hubo “muchos arreglos internos” para silenciarla.

Es que para 2014 Benítez y Zárate seguían jugando en Independiente como si nada hubiera pasado. Sus carreras futbolísticas no se vieron interrumpidas en aquel momento a pesar de la denuncia. El impacto en canales de televisión, diarios y revistas no tuvo su correlato en la cancha ni en Independiente.

Al menos hasta 2016, cuando el club de Avellaneda cedió el pase de Zárate a Temperley, donde jugó hasta el día en que lo condenaron.

El Tribunal Oral N° 1 de Lomas de Zamora lo consideró culpable del delito de "abuso sexual agravado" y lo condenó a seis años y medio de prisión. Una pena que empezó a cumplir este viernes, después de que la Suprema Corte bonaerense rechazara los recursos de queja presentados por la defensa y dejara firme la sentencia.
El juicio fue en agosto de 2017 y duró una semana. “Fue la peor semana de toda mi vida”, describe Giuliana, que vio a su abusador yéndose en libertad a pesar de la pena.

La tarde que Zárate se fue condenado de los tribunales de Lomas de Zamora tenía que jugar un partido con la camiseta de Temperley. Fue tanta la bronca que generó que lo hubieran convocado, los escraches que se preparaban en las tribunas, que tuvieron que suspenderlo.
“Durante el juicio intentaron difamarme en todo momento”, recuerda Giuliana, quien igual quiso presenciarlo. “Vi cada testimonio, mi alma se destrozaba un poquito más con cada cosa que escuchaba”.
Añadió.

Tras la condena, la defensa apeló a la Cámara de Casación y en esa audiencia Giuliana se enteró de que Alexis Zárate estaba había viajado a Letonia para probarse en el FK Liepāja, de la Primera División de ese país. El club lo aceptó como jugador y quiso ficharlo. El juez, a pesar de la condena, lo autorizó.
Cuando se enteraron, ella y su abogada presentaron un recurso para que regresara al país y así fue que -por consejo de la Justicia- Zárate se retiró de la actividad.

Este viernes, cuando pidieron su detención, Zárate estaba trabajando en la fábrica de pastas de un familiar. Ahora el ex futbolista pasa las noches en los calabozos de la comisaría 2° de Avellaneda hasta que el Servicio Penitenciario Bonaerense (SPB) otorgue un cupo en un penal.

“Me enteré de la detención cuando volvía del trabajo, manejando, sola. Empecé a llorar tanto como esa mañana intentando volver a mi casa. Logré llegar y se acercó mi familia para contenerme como hicieron todos estos años”.

Así para Giuliana empieza un duelo que le llevó seis años de lucha y esfuerzo. Pérez y Benítez lograron evadir la acción penal por su participación en los hechos.
Hermida Leyenda explicó que resta definir qué pasará con la causa civil "contra estos tres jugadores y también contra el club Independiente por su accionar durante la denuncia". Por el momento, Giuliana no ha decidido si desea continuar con la acción civil.

“De una vez por todas tenemos que terminar con todo tipo de violencia hacia nosotras. Loco, no vinimos a este mundo para ser sometidas, calladas, golpeadas, violadas o asesinadas. La sociedad entera debe cambiar, la Justicia tiene que cambiar y protegernos. Nos tienen que dar las herramientas para que denunciar no sea un proceso tan desagradable para las víctimas. Somos muchas y estamos juntas. Y no nos callamos más”.

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