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Sol Rivera, psicóloga, sobre los jóvenes de 25 años: “Las comodidades de la casa familiar desalientan la idea de independizarse”

En la Argentina, cada vez más jóvenes de entre 25 y 35 años siguen viviendo con sus padres y esta cuestión se vuelve cada vez más visible. El fenómeno, que también se observa a nivel mundial, incrementa en nuestro país por el contexto económico y la dificultad para acceder a una vivienda o a un empleo estable.

Según la psicóloga Sol Rivera , es fundamental distinguir entre quienes no pueden afrontar los gastos de vivir solos y quienes, aun teniendo la posibilidad, prefieren quedarse en la casa familiar.

En muchos casos, la decisión no responde solo a la falta de recursos, sino también a la ausencia de una necesidad urgente para marcharse , sobre todo si no hay motivos laborales o de estudio que obliguen a mudarse.

La comodidad de la casa paterna, sumada a la posibilidad de ahorrar dinero o destinarlo a otros placeres, hace que la adolescencia y la dependencia se alarguen en el tiempo . “Para nuestro cerebro, una regla fundamental es el ahorro de energía. Cuanto más cómodos estemos en lo conocido, mejor”, explicó Rivera.

Rivera remarcó que los padres tienen un papel clave en este proceso. Muchas veces, la sobreprotección lleva al temor a que los hijos adultos no sepan desenvolverse solos. Esto puede transmitirle a los jóvenes la idea de que no están listos para afrontar la vida cotidiana .

“Hay una creencia de que los hijos no se la van a bancar solos, que no saben hacerse cargo de las tareas básicas. Eso refuerza la dependencia”, explica la especialista. La clave está en el nivel de responsabilidad que asume cada uno: no importa tanto si se vive o no con los padres, sino cuán autónomo y responsable es ese adulto joven.

La convivencia necesita adaptarse a las distintas etapas familiares y es por esto que las reglas que funcionaban en la infancia no necesariamente sirven cuando los hijos ya son adultos: seguir bajo el mismo techo no debería significar que las obligaciones recaigan solo en los padres.

Por eso, la especialista recomendó establecer límites claros y repartir las tareas domésticas , aunque eso implique atravesar discusiones o situaciones incómodas. “Cuando yo no tengo ningún costo se hace más difícil elegir”, advirtió Rivera y remarcó que es importante que los padres aprendan a tolerar la frustración de sus hijos y sostengan los límites que establecen , permitiendo que se equivoquen y asuman las consecuencias de sus decisiones.

No poder alquilar una vivienda no significa que la independencia deba quedar completamente postergada. Rivera subrayó que asumir un rol adulto no depende solo del dinero , sino también de la capacidad de hacerse cargo de las propias necesidades y proyectos.

Entre las responsabilidades que pueden asumir los hijos adultos se encuentran:

La convivencia puede volverse incómoda, pero es fundamental poner en la mesa las reglas y los límites. “Es importante explicitar qué está dispuesto a hacer cada uno y renegociar los acuerdos cuando la convivencia cambia”, señalan.

Hablar de estos temas no siempre es fácil y, muchas veces, requiere varias conversaciones hasta llegar a un acuerdo. La clave está en no renunciar al diálogo y en entender que las familias atraviesan distintos estadios , por lo que las reglas deben adaptarse a cada etapa.

Los hijos adultos también pueden tomar la iniciativa de abrir estas conversaciones , cerró la experta. Esto suele suceder identifican costumbres familiares que generan malestar y que los padres no reconocen como problemáticas.


Fuente: TN


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