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Inundaciones en el Litoral: por qué es la primera fase del Superniño y qué localidades todavía están en riesgo

Los efectos del Superniño en el Litoral argentino apenas llegaron a la primera etapa : se pronostica que el fenómeno climático podría alcanzar el pico de actividad en diciembre y extenderse en el noreste argentino hasta principios del otoño de 2027.

Entre finales de septiembre y las primeras semanas de octubre de este año, el Litoral se vio afectado por la crecida de los ríos Paraná y Uruguay . Esto provocó inundaciones en distintas localidades del Chaco y Corrientes, donde, hasta finales de este mes, se registraron miles de evacuados y autoevacuados .

Estas inundaciones son producto de la “fase uno” del Niño por el exceso de lluvias en Brasil. El 85% del agua que está inundando algunas provincias argentinas del Litoral es brasileña.

La “fase dos” arranca en noviembre: van a continuar las lluvias en Brasil y se van a sumar “lluvias intensas cada tres o cuatro días” en el norte de Santa Fe, Entre Ríos, el este de Córdoba, el norte de Buenos Aires, Chaco y Corrientes.

El panorama en la Argentina será más complicado a fines de año. En el verano habrá otro pico intermitente, otro al inicio del otoño y después se termina el fenómeno.

Las inundaciones en Chaco comenzaron a registrarse en la segunda semana de octubre, con la crecida del río Paraná . Durante los temporales, muchos habitantes tuvieron que buscar terrenos más elevados y otros improvisaron ranchos con chapas y nylon a los lados de las rutas .

En un parte oficial difundido el 29 de octubre, el gobierno provincial informó que 2239 personas habían sido evacuadas o habían dejado sus casas por sus propios medios.

Puerto Vilelas era la localidad más comprometida, con más de 1300 afectados. Allí, la emergencia obligó a habilitar distintos centros de contención. Incluso la planta de Kagiva, una empresa brasileña que fabrica pelotas deportivas, fue acondicionada para alojar a familias damnificadas.

La situación también era crítica en Barranqueras , donde el Paraná permanecía por encima del nivel de evacuación, y en Isla del Cerrito , donde el río Paraguay había llegado a los ocho metros.

En Resistencia y otras localidades como General Vedia, Las Palmas y La Leonesa también se registraron evacuaciones y autoevacuaciones.

Las escenas que dejó el avance del agua reflejaron la dimensión de la emergencia. El 23 de octubre, en Tres Bocas , los vecinos llegaron a usar sus heladeras como botes para rescatar algunas de sus pertenencias .

Horas después, grupos de voluntarios de Resistencia organizaron ollas solidarias y trasladaron comida en embarcaciones hasta ese paraje y Cinco Bocas, que habían quedado aislados.

Además, la situación golpeó a San Pedro Pescador y Colonia Benítez . En esta última localidad, el desborde del Paraná y las lluvias dejaron a los habitantes incomunicados. Algunos vecinos denunciaron que la asistencia no llegó a tiempo y que perdieron gran parte de sus pertenencias.

En Puerto Antequera , ante la posibilidad de que el agua cubriera por completo sus viviendas, algunas familias desarmaron sus propias casas para recuperar las chapas de los techos. Las apilaron y trasladaron hasta la banquina de la ruta 63 para poder reutilizarlas. En San Pedro Pescador, en tanto, los vecinos construyeron defensas con bolsas llenas de arena, aunque en algunos sectores el nivel del agua ya superaba la cintura de un adulto.

En Corrientes, los efectos de las inundaciones se sintieron desde principios de octubre. Para el miércoles 28, el director de Defensa Civil provincial, Bruno Lovinson, confirmó que había 440 evacuados y 1056 autoevacuados . El operativo de asistencia estaba a cargo de organismos municipales y provinciales, a través del Comité Operativo de Emergencia (COE).

Las primeras complicaciones se registraron sobre el río Uruguay . El 8 de octubre, Paso de los Libres fue la primera localidad en reportar evacuados: 25 personas fueron trasladadas al Regimiento de Infantería de Monte 5. Después se sumaron Alvear, La Cruz, Yapeyú y Bonpland, donde el río también superó los niveles de alerta y evacuación.

Días más tarde, la crecida del Paraná llevó el problema a otras localidades. En Corrientes capital , el barrio Anahí, ubicado en la zona norte y cerca de la costa, fue uno de los primeros en anegarse. Pero Itatí se convirtió en uno de los puntos más afectados : la cantidad de evacuados pasó de 14 a 110 personas, pertenecientes a 43 familias.

Los habitantes tuvieron que desmantelar sus casas y sacar heladeras, lavarropas, colchones y otros electrodomésticos para intentar salvarlos del agua. Los objetos quedaron apilados en las veredas, a la espera de que alguien pudiera ayudarlos a trasladarse a un lugar seguro. En medio de la emergencia, los vecinos coincidían en un mismo reclamo: “No hay camiones para que vengan a sacar a la gente”.

En Isla Apipé Grande , la crecida del Paraná llegó a los dos metros en apenas 48 horas y obligó a evacuar a 55 personas. La situación también afectó a Isla Apipé Chico, donde el agua arrasó con huertas, plantaciones de mandioca y banana y pequeños emprendimientos turísticos.

Durante una recorrida por la zona, TN encontró a un vecino que había perdido el camping que construyó de a poco para recibir turistas y pescadores. También quedaron bajo el agua su huerta y sus cultivos. Al describir la impotencia que sentía frente a las pérdidas, el hombre reconoció: “Esto te deja sin fuerzas a veces” . Sin embargo, enseguida aclaró que no pensaba abandonar su tierra: “¿Qué se va a hacer? Es cosa de la naturaleza. No le tengo que echar la culpa a nadie. Quizá al hombre, pero bueno, ¿qué se va a hacer?”.

Durante una entrevista reciente sobre el panorama en Corrientes, el director de Defensa Civil Bruno Lovinson señaló que la situación “está controlada” y que se espera “una bajante de hasta un metro”.

Lovinson también aseguró que la cantidad de evacuados “disminuyó”, pero “aumentó la cantidad de autoevacuados y asistidos”.

El funcionario aclaró que las localidades más afectadas seguían siendo Paso de la Patria (el río Paraná superó el nivel de evacuación con 7,74 metros) , Itatí (8,20 metros) e Isla Apipé. Contó que esto influyó en el sector turístico, aunque seguía habiendo cotos de pesca y prestadores turísticos que estaban trabajando.

“Esperamos una bajante en la semana del 8 de noviembre y en el puerto de Corrientes para que la altura sea cercana a los 7,12 metros”, indicó.

Juan Borús, hidrólogo y vocero del Instituto Nacional del Agua (INA) , describió para TN el origen del fenómeno y detalló las razones por las que las inundaciones golpearon con tanta fuerza en el tramo correntino-paraguayo del río Paraná.

Explicó que El Niño tiene su origen en el océano Pacífico y que este año se trata de un fenómeno fuerte, caracterizado por un calentamiento importante y persistente de las aguas en la franja ecuatorial del océano, acompañado por una alteración de los vientos. “Configura lo que se conoce como el escenario El Niño oscilación sur”, precisó.

Las primeras señales del impacto comenzaron a discutirse en marzo, aunque todavía había más incertidumbres que certezas. Recién a mediados de junio los vientos empezaron a alterarse y, durante la segunda semana de julio, ese cambio llegó a la Cuenca del Plata y al tercio noreste de la Argentina.

Desde entonces, sus efectos se hicieron sentir primero con las crecidas del río Uruguay y después con las lluvias sobre la cuenca del Iguazú. En octubre, el caudal de las Cataratas llegó a multiplicar por ocho su nivel normal y, en otro pulso, alcanzó nueve veces ese volumen: 18.000 metros cúbicos por segundo.

A ese escenario se sumaron las lluvias sobre la cuenca que alimenta directamente el embalse de Itaipú . Las precipitaciones se intensificaron durante la segunda semana de octubre y obligaron a abrir el vertedero de la represa. “Esto se sumó con lo del Iguazú, se formó una onda de crecida y esa onda ganó todo el tramo argentino-paraguayo”, explicó Borús. El Paraná llegó así a Corrientes y Barranqueras, en Chaco, con niveles cercanos a los 50 centímetros por encima de las marcas de evacuación.

El hidrólogo también explicó por qué localidades como Itatí, Paso de la Patria e Ituzaingó sufrieron el impacto de manera tan directa y rápida. La diferencia está en las características geográficas del tramo correntino-paraguayo, donde la crecida avanzó sin encontrar un obstáculo que demorara su propagación.

“En el tramo correntino-paraguayo del río Paraná, la afectación fue directa, muy rápida y muy abrupta” , señaló. Más al sur, en cambio, las bajantes prolongadas registradas entre 2020 y 2023 modificaron la morfología del valle del río . La acumulación de sedimentos y el crecimiento de nueva vegetación sobre las dunas generaron condiciones diferentes para el avance del agua.

“En ese valle se observaron asentamientos de sedimentos y nueva vegetación sobre dunas. Eso configuró una modificación morfológica que, al llegar esta crecida, altera la propagación de la onda y la retrasa”, detalló.

Sin embargo, Borús aclaró que ese efecto no significa que el agua vaya a desaparecer. “La masa de agua que entró al Paraná tarde o temprano va a salir y va a seguir todo su viaje hasta el Río de la Plata. Simplemente lo va a hacer en una forma mucho más gradual de lo que podría haber sido en una situación normal”, remarcó.

El especialista identificó varias zonas que todavía podrían verse afectadas por el avance del agua. Entre ellas mencionó a Reconquista , en Santa Fe; Esquina , en el suroeste de Corrientes, y los alrededores de la capital santafesina , una zona llana donde muchos asentamientos se extendieron hacia las márgenes del río.

También advirtió que, si se producen nuevos pulsos importantes de crecida, “podría haber afectación de toda la cabecera del Delta, todo lo que es Diamante y Victoria (localidades de Entre Ríos), para abajo ”.

Por otra parte, Corrientes capital, Resistencia, Paso de la Patria, Itatí e Ituzaingó continuarán expuestas al riesgo. En Corrientes, el impacto podría concentrarse en las zonas cercanas a la ribera sur y a la descarga del Riachuelo. En Chaco, las áreas más comprometidas serían los sectores bajos de Barranqueras y Puerto Vilelas , donde también podrían verse afectados los puertos y las vías de comunicación locales.

Sobre la posibilidad de una segunda etapa del fenómeno, Borús fue cauto. “Todavía es muy difícil caracterizar cómo sería esa onda” , sostuvo. Su evolución dependerá del monitoreo de las condiciones meteorológicas.

Uno de los factores determinantes será la cantidad de lluvia acumulada y, especialmente, dónde se produzcan las precipitaciones. “Si los montos son acotados y las lluvias son regulares, podemos llegar a pasar la situación sin alcanzar nuevos picos. Pero si en algún momento hay previsión de lluvias importantes en los lugares más sensibles, tendríamos nuevos pulsos de crecida que se propagarían rápidamente ”, explicó.

Para los próximos meses, el hidrólogo planteó dos escenarios posibles . El más favorable sería que el calentamiento del Pacífico ecuatorial comience a disminuir a mediados de diciembre y que esa tendencia se consolide, con un retorno progresivo a temperaturas cercanas a las normales. “Ese sería el horizonte más positivo, porque la señal a nuestra región va a continuar viniendo, pero con menor fuerza”, indicó.

El escenario más desfavorable, según Borús, sería que el calentamiento continúe y que la declinación del fenómeno se demore hasta fines del verano. “La señal a nuestra región podría continuar durante el otoño del año que viene, con un impacto más concentrado en la franja media del Litoral y hasta en La Pampa. Ese sería el escenario más pesimista ”, concluyó.

* Análisis de datos y diseño de infografías: Damián Mugnolo

*Coordinación y edición: Rafael Blasi


Fuente: TN


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