Publicidad - Anunciante

Faltan dos meses para fin de año, pero la energía ya se agotó: cómo enfrentar el desgaste laboral y llegar bien a diciembre

Son las seis de la tarde y todavía quedan correos por responder, un informe que debería haberse terminado y tareas que quedaron pendientes del día anterior. Mientras tanto, empiezan a llegar los pedidos para cerrar proyectos, presentar balances y dejar encaminados los objetivos del próximo año.

La jornada termina, pero el trabajo continúa en la cabeza . Hay quienes revisan mensajes desde sus casas, quienes postergan actividades personales para terminar lo urgente y quienes llegan al fin de semana con la sensación de que necesitan descansar, aunque todavía no hayan resuelto todo lo que tenían previsto.

Lee también: La Generación Z es la más cansada: por qué un 83% sufre de estrés laboral con niveles de agotamiento peores que el resto

A medida que se acerca diciembre, estas situaciones pueden convivir con una presión adicional: cumplir las metas que se fijaron meses atrás y cerrar el año con resultados. Sin embargo, las personas no necesariamente llegan a esa etapa con la misma energía que tenían en enero . A los meses de trabajo se suman las responsabilidades familiares, los compromisos personales y, en muchos casos, la falta de pausas prolongadas durante el año.

Aunque no todos atraviesan el cierre del año de la misma manera, la acumulación de exigencias plantea una pregunta: ¿qué sucede cuando las demandas laborales se mantienen, pero la capacidad de sostener ese ritmo empieza a disminuir?

Un informe de la Universidad Siglo 21 aporta un dato reciente para contextualizar el problema. El estudio Felicidad y bienestar psicosocial en Argentina , publicado en mayo de 2026, señaló que los niveles de burnout aumentaron durante el primer semestre del año . Además, el 23,8% de las personas encuestadas presentó síntomas asociados al estrés crónico laboral o burnout, según los resultados difundidos por el observatorio Insight 21.

El dato permite dimensionar una problemática que excede el cansancio de una jornada particular. Sin embargo, el estudio no demuestra que el agotamiento aumente específicamente durante el último trimestre: para establecer esa relación sería necesario contar con mediciones comparables de octubre, noviembre y diciembre.

“Quedan tres meses, pero no la misma batería”, plantea Angie Mastrángelo, coach ejecutiva y organizacional, magíster en Psicología Organizacional, mentora de líderes y cofundadora de Mastrángelo Molina.

Para la especialista, octubre llega después de nueve meses de trabajo, decisiones, cambios de rumbo y problemas que todavía pueden seguir abiertos. A esa acumulación se suman las responsabilidades personales y familiares, además de la posibilidad de que muchas personas no hayan tenido un descanso prolongado desde el verano.

Las organizaciones tienen calendarios definidos por sus necesidades comerciales, contables y operativas. Las personas, en cambio, también deben responder a otros tiempos: el escolar, el familiar y el de sus propias necesidades de descanso.

“Llegamos al último trimestre con una energía diferente de la que teníamos en enero, pero muchas veces con una exigencia igual o incluso mayor ”, explica Mastrángelo.

La diferencia entre ambos calendarios representa un desafío para quienes conducen equipos: sostener los objetivos del negocio sin perder de vista las condiciones en las que las personas deben alcanzarlos.

Terminar una jornada agotadora no significa necesariamente que exista un problema de salud. La dificultad aparece cuando el descanso habitual ya no alcanza para recuperar energía y el cansancio comienza a interferir con las actividades cotidianas.

Levantarse sin sentirse descansado, tener dificultades para concentrarse, experimentar mayor irritabilidad o necesitar cada vez más esfuerzo para resolver tareas habituales son algunas de las señales que conviene observar, especialmente cuando persisten en el tiempo.

“Una diferencia importante está en nuestra capacidad de recuperación” , señala Mastrángelo. Después de una semana exigente, lo esperable es poder recuperar energía con el descanso. Cuando eso no sucede, es necesario prestar atención a lo que está pasando.

Al respecto, la Organización Mundial de la Salud reconoce el burnout como un fenómeno ocupacional asociado al estrés crónico en el trabajo que no fue gestionado satisfactoriamente. Se caracteriza por el agotamiento, el distanciamiento mental o el cinismo respecto del trabajo y la disminución de la eficacia profesional.

Esto no significa que cualquier persona que se sienta cansada tenga burnout. La distinción es importante para evitar que una experiencia de agotamiento se convierta automáticamente en un diagnóstico.

Para las organizaciones, el desgaste sostenido también puede tener consecuencias: dificultades de concentración, errores, menor rendimiento, ausentismo y problemas para sostener los equipos. Por eso, detectar las señales antes de que se profundicen resulta relevante tanto para los trabajadores como para quienes los lideran.

Cuando se acerca el cierre del año, puede aparecer la sensación de que solo hace falta un esfuerzo adicional para terminar todo lo pendiente. Sin embargo, sostener esa lógica durante meses puede llevar a perder de vista los límites y las condiciones necesarias para trabajar de manera sostenible.

Mastrángelo distingue el hecho de asumir desafíos que permiten crecer y mantener una exigencia que termina perjudicando el bienestar. Antes de sumar nuevas tareas, propone preguntarse para qué es necesario ese esfuerzo , cuánto tiempo deberá sostenerse, con qué recursos se cuenta y cuál puede ser su costo.

También invita a revisar compromisos asumidos a comienzos de año. Las prioridades pueden cambiar, los proyectos pueden perder relevancia y las condiciones de trabajo pueden ser diferentes de las previstas inicialmente.

“Priorizar también implica decidir qué va a quedar afuera”, sostiene la especialista. En lugar de intentar terminar todo antes de diciembre, revisar qué necesita resolverse, qué puede postergarse y qué ya no tiene sentido permite distribuir mejor los recursos disponibles.

Las recomendaciones para enfrentar el agotamiento suelen apuntar al descanso, la organización del tiempo y la desconexión . Sin embargo, esas estrategias pueden resultar insuficientes si las condiciones laborales permanecen iguales.

Los mensajes fuera de horario, las prioridades que cambian constantemente, las urgencias permanentes y la falta de claridad sobre las responsabilidades pueden dificultar la recuperación. En ese contexto, pedirle a una persona que gestione mejor su energía no necesariamente resuelve el problema.

Para la mágister, los líderes necesitan conocer cómo trabajan habitualmente sus equipos para advertir los cambios . Una disminución del rendimiento, las dificultades para concentrarse, los errores frecuentes o los cambios en la manera de relacionarse pueden ser señales para abrir una conversación, sin sacar conclusiones apresuradas sobre sus causas.

Preguntar qué está resultando más difícil, qué obstáculos impiden avanzar y qué recursos hacen falta puede ayudar a identificar ajustes concretos. Ordenar prioridades, distribuir responsabilidades, reducir reuniones innecesarias y resolver decisiones pendientes son algunas de las medidas posibles.

El bienestar, plantea la especialista, no puede quedar exclusivamente en manos de cada trabajador. También se construye a partir de las decisiones cotidianas de quienes organizan el trabajo y establecen las expectativas.

Frente a la acumulación de pendientes, Mastrángelo propone tres medidas: revisar las prioridades, analizar cómo se organiza el trabajo y generar espacios reales de recuperación durante el año.

La primera supone detenerse a evaluar qué objetivos siguen siendo importantes y cuáles pueden esperar. La segunda implica identificar fuentes de desgaste que podrían evitarse mediante una mejor distribución de las tareas, una coordinación más clara o una planificación anticipada de los momentos de mayor exigencia.

Lee también: Qué significa necesitar silencio después de pasar muchas horas con otras personas, según la psicología

La tercera consiste en no postergar todo el descanso hasta las vacaciones. Hacer pausas durante la jornada, preservar determinados horarios y encontrar momentos para desconectarse puede contribuir a recuperar energía. Estas medidas, sin embargo, no reemplazan la necesidad de revisar las condiciones laborales cuando la exigencia resulta insostenible.

El cierre del año no tiene por qué convertirse en una carrera para resolver todo lo pendiente. Reconocer el cansancio, revisar las prioridades y construir condiciones de trabajo más saludables puede ayudar a atravesar los últimos meses sin confundir compromiso con disponibilidad permanente.


Fuente: TN


Publicidad - Anunciante
GENERAL JUAN MADARIAGA El Tiempo