
Las plantas atraviesan cambios en sus necesidades de cuidado a medida que varían las temperaturas y las condiciones ambientales. Por eso, mantener durante la primavera la misma rutina de riego que en invierno puede ser un error, según explicó el jardinero y creador de contenido Álvaro Pedrera .
El especialista señaló que, durante los meses más fríos, las plantas suelen crecer más lentamente, consumen menos agua y el sustrato tarda más en secarse. Sin embargo, cuando las temperaturas aumentan, la tierra puede perder humedad más rápido y las macetas necesitan una mayor atención .
Según explicó Pedrera, si durante el invierno el riego se realizaba cada 15 o 20 días, con el cambio de estación puede ser necesario acortar esos intervalos. Sin embargo, no existe una frecuencia única para todas las plantas , ya que depende de la especie, el tamaño de la maceta, el sustrato y las condiciones del ambiente.
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El especialista remarcó que el cambio debe ser progresivo y que no se trata de duplicar la cantidad de agua de un día para el otro. Entre las recomendaciones para ajustar la rutina de riego se encuentran:
De esta manera, el objetivo no es seguir un calendario rígido, sino adaptar los cuidados a las necesidades reales de cada ejemplar.
Durante el invierno, muchas plantas reducen su actividad y utilizan menos agua. Con el aumento de las temperaturas y de las horas de luz, algunas especies retoman su crecimiento y pueden necesitar riegos más frecuentes.
Por eso, una planta que en invierno necesitaba agua cada 20 días podría requerirla en intervalos más cortos durante la primavera . Ese cambio, sin embargo, no debe aplicarse de forma automática: lo importante es comprobar cuánto tarda en secarse el sustrato.
También hay que tener en cuenta que las plantas ubicadas en balcones o patios soleados pueden perder humedad más rápido que las que están en interiores con luz indirecta. El viento, el tipo de maceta y la ventilación también influyen en la velocidad de secado.
Otra recomendación es comprobar la humedad del sustrato antes de utilizar la regadera. Se puede introducir un dedo en la tierra para evaluar si todavía está húmeda o si la superficie y las capas superiores ya se secaron, teniendo en cuenta las necesidades particulares de cada especie.
Por eso, ante el cambio de estación, la clave es revisar las plantas más seguido en lugar de regarlas automáticamente con la misma frecuencia que en invierno . Observar la tierra y adaptar los cuidados a cada maceta ayuda a evitar tanto la deshidratación como el exceso de agua.
Fuente:
TN
GENERAL JUAN MADARIAGA El Tiempo
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