
Trabajar con una máquina excavadora puede ser una tarea repetitiva: mover tierra, retirar sedimentos y continuar con el trabajo. Pero en 1998 , una jornada de minería en Alaska terminó de una manera completamente inesperada para Barry Clay .
El hombre estaba trabajando con un tractor cerca de Ruby , una pequeña localidad ubicada a orillas del río Yukón, cuando la pala de la máquina encontró algo mucho más pesado de lo habitual.
Entre la tierra apareció una enorme masa de oro nativo todavía unido a cuarzo . Cuando la pieza fue pesada, el resultado sorprendió incluso a los trabajadores acostumbrados a buscar metales preciosos: 294,1 onzas troy , equivalentes a unos 9,15 kilos .
La pieza quedó registrada por la División de Estudios Geológicos y Geofísicos de Alaska como la pepita de oro más grande extraída en el estado . Pero la historia no terminó con el descubrimiento. Más de dos décadas después, aquella enorme pepita volvió al mercado y alcanzó un precio muy superior al que tendría simplemente por su contenido de oro.
Clay estaba realizando tareas de minería aluvial , una actividad que busca oro acumulado en sedimentos, grava y arena después de haber sido transportado por el agua.
En este tipo de explotación, las máquinas remueven grandes cantidades de material para encontrar pequeñas partículas de oro y, ocasionalmente, piezas de mayor tamaño. El oro tiene una densidad muy elevada, por lo que puede concentrarse en determinados sectores de los antiguos cauces y depósitos de los ríos.
Eso fue lo que ocurrió con la pieza encontrada por Clay. La pala de su tractor terminó dejando al descubierto una masa compacta de oro y cuarzo que se encontraba entre el material que estaba removiendo. El tamaño era excepcional: más de 9 kilos de peso en una sola pieza .
La mayoría del oro encontrado en depósitos aluviales aparece en partículas pequeñas, escamas o fragmentos . Encontrar una pieza que supere los 9 kilos es algo completamente diferente.
El cuarzo que permanecía unido al oro también le daba un interés particular. Las vetas de cuarzo pueden contener oro en la roca de origen y, con el paso del tiempo, la erosión y el movimiento del agua pueden liberar fragmentos que terminan acumulándose en los cauces. En este caso, parte de esa asociación natural permaneció en la pieza.
Por eso una pepita de este tipo no tiene únicamente valor por la cantidad de metal precioso que contiene. También puede convertirse en un espécimen geológico y una pieza de colección .
Después de permanecer durante años en una colección privada, la enorme pepita finalmente fue puesta a la venta.
El ejemplar llegó a una subasta especializada , donde su procedencia, tamaño y características geológicas fueron algunos de los elementos que determinaron su valor.
El resultado fue de US$750.000 . La cifra no representa simplemente el precio de más de 9 kilos de oro. Una pieza de estas características puede alcanzar una cotización mucho mayor cuando conserva su forma natural, tiene una procedencia documentada y posee un interés histórico o geológico.
En otras palabras, fundirla para convertirla en una barra de oro habría significado perder justamente aquello que la hacía excepcional .
El hallazgo ocurrió cerca de Ruby , en el interior de Alaska, una región vinculada históricamente con la minería aurífera. La localidad se encuentra junto al río Yukón y forma parte de una zona donde la búsqueda de oro aluvial se desarrolló desde hace más de un siglo. Las condiciones del lugar hacen que la actividad minera tenga además una característica particular: el clima y el corto período de trabajo durante los meses más cálidos condicionan las operaciones .
En ese contexto, la jornada de Clay parecía una más entre muchas otras. Hasta que la pala del tractor encontró una pieza que, por su tamaño, terminaría convirtiéndose en un récord estatal.
Lo que comenzó como una jornada de trabajo en 1998 terminó con uno de los hallazgos de oro más extraordinarios de Alaska y, 23 años después, con una venta de US$750.000 .
Fuente:
TN
GENERAL JUAN MADARIAGA El Tiempo
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