
Matías Newton hubiese sido futbolista si el rugbier Federico Martín Aramburu (42) no se hubiese cruzado en su camino. Hoy es asistente técnico de infantiles y juveniles en Newman y fue su mejor amigo. Entre todos sus amigos lo eligieron para sintetizar como era el ex jugador del CASI, Los Pumas y Biarritz Olympique, quien en 2022 fue asesinado a la salida de un bar en París, crimen que se encuentra actualmente en etapa de juicio oral en la capital francesa.
Matías estaba en Atlanta, como entrenador, cuando se enteró por WhatsApp del asesinato a balazos de su mejor amigo. Fue a las 6.48 del 19 de marzo del 2022. Los dos tiradores, Loïk Priol y Romain Bouvier, del movimiento de la ultraderecha francesa GUD, están siendo juzgados desde el 7 de septiembre en la sala Voltaire del Palacio de Justicia de París y podrían ser condenados a prisión perpetua.
—Matías, ¿cómo conociste a Federico?
—Lo conocí a Fede en el CASI. Él empezó a jugar rugby desde muy chico, a los 4 o 5 años. Es de la camada 80, significa que juega con los que nacieron en 1980. Yo soy camada 81. Soy más chico que él. Nos conocimos en 1993, más que nada por jugar al fútbol que por el rugby. Lo que pasó en estas dos camadas, es que quedaron unidas con el paso del tiempo. Cualquiera de nosotros que se cruza, cuando te preguntan de qué camada sos, te va a decir que pertenece a esas dos: 80-81. Había una diferencia de edad, pero con la vida nos juntamos. Desde un principio me di cuenta que él era muy especial. Lo veía como un hermano más grande. Tenía un carisma único y pude vislumbrar que iba a llegar muy lejos en la vida. Por su actitud, por su energía... . Así que comenzó una amistad que duró 30 años y compartimos muchísimas cosas. Sobre todo en la infancia y la adolescencia. Aunque él después se fue para Francia, siempre nos encargamos de estar en contacto. Las conversaciones más profundas de mi vida las tuve con él. Nos conocíamos de memoria y me hace muy bien hablar de él y recordarlo.
—¿Cómo era él? Porque todos los describen en Francia como un sol.
—Esa es la mejor explicación. Nosotros lo describíamos primero como alguien que iluminaba todo lo que lo rodeaba. Él se preocupaba mucho por todo y tenía dos cualidades que son muy difíciles de lograr: capacidad de conectar e inspirar a la gente. Él conectaba porque te hacía sentir importante, especial. Cada vez que estaba con él realmente se preocupaba que vos estés bien y uno se sentía escuchado, querido, un poco amado por él. Entonces él lograba conectar con cualquiera. En la parte de inspirar al otro, de hacer que el otro sea mejor, él tenía una actitud muy optimista por la vida. Todo era con mucha energía, tanto sea jugar al fútbol, al rugby, estar con amigos, ir de vacaciones. Era un líder natural. Fue capitán en casi todos los equipos que jugó y obviamente en el grupo de amigos era uno de los líderes.
—¿Federico era un líder y al mismo tiempo también era solidario? Era de esas personas que abrazaba a todos, ¿no?
—Era como una mezcla de las dos, porque el liderazgo actual se trata de cuidar del otro. Para mí fue al principio como un hermano más grande. Yo tenía 12, él tenía casi 14. Él siempre me inspiraba, pero nunca en la competencia. Siempre me inspiraba a ser mejor, por mejorar a cada uno. Siempre empujaba un poquito más y con los compañeros lo mismo.
—Hay una anécdota que lo marca como jugador y capitán. Las dos camadas eran amigas, pero jugaban separadas. En menores de 19 se juntan y ahí el grupo se consolidó y fue uno solo. Ese año con Cacho Varone, Mariano Piñeiro, Enrique Pichot y algunos otros entrenadores más se tiene un año de rugby inolvidable para todos lo que fuimos parte. El equipo gana y le va muy bien. Se forma un gran grupo humano, sobre todo de la mano de Cacho, que era un entrenador excelente. Los últimos partidos, creo que fue Pucará, hay una jugada al final del partido que él pasa la pelota a un compañero y la jugada no termina en try. Al final del partido, Cacho le dice: "Mira, Fede. Un verdadero capitán, en ese momento que el partido está tenso, agarra la pelota, se la pone bajo el brazo, va él para adelante y que todos lo sigan”. Se juega el último partido con Champagnat, en una final que si el equipo ganaba salía campeón. Había un scrum en 5 yardas. Va, la pide y no llega por poco. Aparece una segunda jugada igual con otro scrum. Ya todo el equipo contrario sabía que iba a ir de vuelta. Y obviamente va él y hace el try. Esa era la actitud de él: liderar con el ejemplo, ayudando y hablando poco. Esa es otra cualidad de él. Después, cuando Fede se retira tiene un gran gesto que es muy valorado en el club: vuelve a jugar, pero no para un partido de despedida. Él vuelve a jugar seis meses para el CASI. Le hacemos una despedida al final del año. Hablamos de todo lo que genera, de cómo comparte con los amigos y le damos una camiseta firmada. Éramos 40 personas. Todos habíamos preparado la charla. Me tocó también darla a mí, y él no dice nada. Acepta la camiseta y no nos dice nada. Todos estábamos esperando que él hable, pero no hacía falta. Porque él había recibido el amor de todos sus amigos y él sabía lo que generaba. Eso también habla de él. Su humildad.
—Sí, eso era increíble. Todos eran muy amigos de Fede, porque él tenía grupos por todos lados. Puedo hablar de Los Pumas Seven, el CASI, Los Pumas del 2007 y de otros clubes. Él generaba muchos vínculos con la gente porque le gustaba conectar a la gente. Obviamente, cuando fue jugador profesional, por sus contratos y por sus clubes, y después, cuando hizo su empresa de turismo. Como dice Hego Pampa, esa fundación que creó Pierre Guerin, que nosotros obviamente le apoyamos y nos parece un acto de amor a Fede extraordinario. Él era eso: conectar gente a través del rugby, el deporte, la parte culinaria, los vinos. Cuando pasó lo que pasó, muchísima gente me contactó diciéndome ”Yo era amigo de Fede".
—¿Y qué era el rugby para vos, para Fede, para ustedes?
—Toda la camada 80-81 es muy apasionada. Fede fue un líder. Todos valoramos mucho la amistad, el club, los valores del rugby que nos enseñaron en el CASI. Y Fede representaba esos valores. Es un grupo de amigos que está en las buenas, pero también en las malas. Comparte casamientos, funerales, todo, Comparte la vida. Somos muchos y cada vez que hay un casamiento es fácil que vaya mucha gente. Pero cuando pasa algo malo también somos muchos. Aparte de eso, Fede valoraba mucho ese rugby amateur. Para mí, el CASI fue un gran lugar de contención y cuando soñaba algún día jugar un rugby mejor, siempre me imaginaba con Fede. Yo sabía que él iba a llegar y no me equivoqué.
—Federico siempre iba para adelante, en la vida, en el rugby, en el trabajo. ¿Cómo era su personalidad?
—Él logró algo que es muy complicado: ser muy bueno en muchas cosas. Se desvivía por su familia. Era lo más importante para él, al igual que los amigos. Y en su vida profesional, cuando arrancó en el rugby, estudiaba Abogacía. Pero después vio que el rugby podía ser una fuente laboral. Le puso mucha actitud: era ir al 100% y con mucha alegría. También Reflexionaba y pensaba. Él valoraba mucho el esfuerzo y el sacrificio. Sabía que tenía que agarrar y hacer las cosas él. Si bien conocía mucha gente y tenía contactos, a él le gustaba tener su impronta y su autonomía. Obviamente, pedía ayuda. Yo sé que Thomás Lievremont lo ayudó un montón cuando estuvo en Francia para estudiar. Imaginate que, incluso siendo muy profesional, estudió una carrera. Siempre se preocupó por estudiar. De hecho él quería que trabajábamos juntos, pero yo nunca quise porque valoraba tanto nuestra amistad que no quería que nada se meta en el medio.
—Él también estudió en la Facultad de Derecho y dejó por el rugby, ¿no?
—No llegó a terminar. Creo que le faltó un par de materias. Cuando él empieza a ser jugador profesional es gracioso, porque viene Serge Blanco, presidente del Biarritz Olympique y un jugador histórico francés, pero para ver a otro jugador. El CASI juega esa semifinal contra Alumni y Fede hizo dos tries como Maradona, esquivando a todos. Serge dice: ”No, a mí dame a ese”. Así lo contratan. Y justo cuando él llega a Francia, enseguida sale campeón. Un poco la Abogacía quedó ahí. Pero las habilidades humanas las manejaba muy bien. A él le iba a ir bien en cualquier cosa que hiciera por esas habilidades y por su actitud mental.
—¿Y cómo llega a capitán, primero en el CASI y después en Biarritz?
Habría que preguntar mejor a los equipos. Pero fue un líder en la camada, por lo menos en CASI. Fue capitán toda la vida, desde chiquito. Era un líder natural, entre condiciones de mejor jugador y condiciones humanas. Yo sé que después fue capitán en Pumas Seven, por carisma, por personalidad. Y En Pumas Classic lo querían mucho. Cada momento con él era especial. Lo vi en momentos difíciles, pero siempre para adelante y siempre muy optimista, y siempre con una sonrisa. Me acuerdo que decíamos: “Escondamos nuestra tristeza en una sonrisa y sigamos para adelante”. Me imagino que todos los que hablen de los equipos, te van a decir que era el capitán por esas cualidades.
—¿Entre los valores de Federico estaba la justicia? Él jamás se hubiera imaginado esto que pasó.
—No, la verdad que no. De muchos detalles respecto a lo que pasó prefiero no hablar, que hablen las personas adecuadas por respeto a la familia. Pero te puedo decir que él siempre buscó, en cualquier ámbito de su vida, la justicia. Ser justo, tratar a las personas bien, respetar a todos por igual. Él podía tener más experiencia o haber sido Puma y nosotros no. Pero siempre hablaba de igual a igual con las personas. Él tenía mucha humildad. Le hicimos una comida. Yo hablé tres minutos de él. Dijimos que lo queríamos mucho, todo, y él no dijo ni una palabra. Él hablaba con actos y respetaba a todos. De hecho, los empleados del club o la gente que trabaja en el club lo amaba y cada vez que me veían me decían de "mandarle saludos"
—Vos fuiste testigo de casamiento de Federico. ¿Cómo estaba él en ese momento?
—Me acuerdo que él me decía que quería que todo salga bien por la familia y por María (su pareja). Él pensaba en todos los detalles por ella. Él la amaba, era la mujer de su vida, su compañera y me acuerdo cosas graciosas. Él tenía el pelo medio seco y quedaba feo para las fotos. Él me hacía a mí ir con un spray para que la foto saliera con el efecto pelo mojado. Él se reía y decía: ”Mati, esta muere con nosotros”. Eso fue en 2005 y todavía me acuerdo de memoria las palabras que dije en la iglesia 20: "Para que Mery y Fede, sean fecundos y generosos en la vida y construyan su familia con verdadera alegría, oremos”.
—Él hizo una fiesta en La Rural, fue increíble. Fue mucha gente porque toda la gente lo quería. Él siempre pensaba en nosotros y que fuera un día muy especial para Mery. Estaban todos sus amigos de toda la vida. Invitó gente, gente del club que lo había formado que me decían: "Che, estoy muy contento que Fede me invitó”. Él hacía sentir parte a la gente. Por eso, como él se preocupaba por todos, todos se preocupaban por él. Todos felices por él.
—En cuanto a la vida que hizo después en Biarritz, ¿cómo le fue allá?
-Fue todo medio rápido. Él obviamente allá tenía al "Negro" Martín Gaitán, que era un jugador del CASI y ya formaba parte del equipo de Biarritz. El Negro lo puso bajo su ala y lo ayudó con el idioma, con todo para convivir. El Negro es una persona muy especial, extraordinaria en todo sentido. Yo ahora soy amigo de él, pero antes era un poco mi ídolo también. También jugó en Los Pumas. Al Negro en Biarritz lo adoraban y se hizo de un grupo de gente. Fede se sumó a ese grupo y estuvo muy bien cuidado. Y fue una cosa media mágica. Apenas llegó salieron campeones dos veces seguidas. Fue una cosa increíble porque Biarritz es un club chico de Francia.
— Vos fuiste a Biarritz? ¿Cómo era su casa, su vida ahí?
—Yo fui en 2017. Él me invitó. Era una casa muy linda. Él también tenía ganas de que yo me mudara para allá o que vaya a entrenar en un club de ahí. Él tenía toda una vida armada ya, después de casi 20 años. Tenía a los hijos en el colegio, amigos y ya había sido presidente del Biarritz. Pero si bien vivía en Francia, amaba tanto Francia como Argentina. Él siempre de vacaciones volvió acá. La última vez que yo estuve con Fede, entrenamos juntos. Siempre algún escape nos hacíamos para vernos. Y estábamos en una cancha, en la casa de los padres de Mery o salíamos a correr a algún lugar. Una vez me dijo: "Si yo algún día vuelvo a Argentina, capaz también me gustaría vivir un tiempo en Mendoza o San Juan”. Pero allá era parte de la mesa chica del club. Es increíble lo que logró porque no es fácil para un argentino formar parte de la mesa de chica de un club de rugby profesional en Francia. Solo para elegidos…
—Y sí, él amaba los dos lugares, Francia y Argentina. Imagínate que ahí estuvo casi 20 años. Creo que mitad y mitad de su vida. Obviamente se sentía vasco. Le gustaba la gente, le gustaba la cultura francesa, tanto como la argentina, y conectar las dos. Por eso Pierre lo describe muy bien, eso como una fuente de solidaridad. Porque él también se sentía francés, porque había dado mucho por el país. Estaba viviendo ahí, tenía su empresa ahí. Iba y venía.
—¿Y como empresario le iba bien en Francia?
—Sí, le iba bien. Tenía dos emprendimientos propios. Uno de turismo y uno con los vinos. Y él era una persona que permanentemente emprendía negocios. Creo que también iba a hacer algo con Gonzalo Quesada. En los últimos años se hizo muy amigo de Gonzalo y lo quería mucho. Y a mí no me sorprendía, porque sabía lo que aprendía Fede. Él tenia una mentalidad de crecimiento constante. Amaba los desafíos, persistía en la adversidad y entendía que el esfuerzo es el camino a la excelencia.
—Respecto al crimen, ¿qué pasó cuando te enteraste lo que había pasado?
—Yo estaba en Atlanta, Estados Unidos. Estaba viviendo con el presidente del club, que viajaba mucho, tenía como cinco casas por todo el país, entonces no estaba nunca. Pero justo estaba. Era un sábado a la mañana y entra a mi cuarto. Me pide el teléfono y veo un mensaje de WhatsApp de Rodrigo Martínez, que es un muy amigo del CASI. Me dice: “Mati, yo sé que vos lo querías mucho. Te mando un abrazo enorme”. Yo decía: “¿De qué me está hablando?”. Y miro el grupo de WhatsApp y veo un mensaje de Joaco Pichot: "Hablé con Agustín. Es verdad, lo asesinaron a Fede”. Y para mí fue totalmente un shock. Yo tuve otras experiencias traumáticas en mi vida. No lo podía creer… Y pensé “para adelante” porque sentí que era lo que Fede hubiese querido que haga. Justo ahí tenía un entrenamiento. Me fui al entrenamiento y entrené al equipo. A medida que manejaba se me pasaban imágenes de Fede, iba en el auto, ese viaje no me lo olvido más. Y pensaba en Fede, en todo lo que había pasado y no lo podía creer. Terminó el entrenamiento. Le dije a los jugadores: “Acaba de pasar el asesinato de mi mejor amigo, la persona más importante de mi vida y yo estoy acá, para adelante”. Y ese día lo pasé reflexionando mucho.
—Todavía un poco no caigo. Una mezcla de dolor y tristeza, porque yo siempre contaba con él. Yo sabía, y lo habíamos hablado mucho, que íbamos a andar juntos hasta el final. Yo nunca me peleé con Fede. ¿Vos sabés lo que es tener una amistad que te conoces de memoria? Que él sabía que si había algo que me iba a molestar, él no me lo iba a decir. Y yo lo mismo para él. Entonces ninguno iba a tocar algo que le podía molestar al otro. Pero enseguida lo que pensé fue: "Escondé tu tristeza en una sonrisa y mirá para adelante”. Cuando pasó lo que pasó, yo no pude volver a Argentina, porque estaba en Estados Unidos. Y hablando con todos mis amigos me eligieron para hablar con los medios. Y yo me puse a repasar todo y decía: "Es muy importante, porque esto pasó ahora. Y después la gente se va a olvidar o no se va a recordar de Fede". Intenté recordar a mi amigo de la mejor manera y en vez de ponerme triste porque se fue, traté de estar contento por todo lo que pasó y que quede el recuerdo de su vida porque fue una persona extraordinaria.
—Le diría que fue un verdadero placer compartir esta vida con él y que algún día nos vamos a volver a encontrar en la otra. Le agradezco también a Dios que el haya sido parte de mi vida. Fue como un hermano más grande para mí. Un amigo al que conocía de memoria. En uno de los libros que leí, siempre recuerdo una frase que dice: “Las personas solo mueren si las olvidás”. Entonces yo intento mantenerlo vivo. Por eso a mí me pone contento hablar de él. Sé que está en un lugar mejor. Obviamente, la única oración que voy a decir con respecto al juicio, es que deseamos todos que se haga justicia con lo que pasó. Se fue demasiado rápido. Me hubiera gustado a mí y, a todos lo que lo amamos, que se quede mucho tiempo más con nosotros. Hoy lamentablemente no se puede hacer nada. Lo que sí se puede controlar es recordarlo con alegría, seguir su ejemplo.
Periodista,
Fuente:
Clarín
GENERAL JUAN MADARIAGA El Tiempo
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