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Estudiaba abogacía, hizo un retiro espiritual y decidió entrar al seminario: quién es Eduardo Mangiarotti, el “cura influencer”

A los 16 años vivió con su colegio una experiencia misionera en Capilla del Señor que se convirtió en un punto de inflexión en su vida . El último día de la misión, durante un momento de oración, tuvo una sensación de alegría desbordante e inesperada que interpretó como “una invitación a entregarse más”. Sin embargo, terminó el secundario y empezó a estudiar abogacía. Pasó el tiempo y la pregunta por su vocación, lejos de extinguirse, permanecía y crecía: “Cuando ya estaba por la mitad de segundo año de la facultad, me di cuenta de que tenía que prestarle más atención, y después de todo un proceso de discernimiento y de algunas experiencias (sobre todo un retiro que me marcó mucho), decidí entrar al seminario ”. “Para mí, en ese proceso fue clave un año que viví en el barrio de Virreyes, en San Fernando, haciendo de primera mano la experiencia de la parroquia, de estar con la gente, de compartir y celebrar el día a día en una realidad difícil y más en ese año (2002). Hasta el día de hoy sigue siendo de los años más felices de mi vida; a partir de ahí se confirmó este camino vocacional hacia el sacerdocio”, recuerda Eduardo.

La comunicación y la escritura siempre le gustaron. Tuvo un blog; después se abrió la cuenta de Instagram, lo que le trajo nuevos vínculos y charlas con gente que se acercaba para conversar: “Resultó un espacio para compartir la fe y mis búsquedas, y de ahí surgió el taller y después el podcast. Y en todos esos procesos, que sobre todo tienen mucho de dialogar con gente que no pertenece a ámbitos eclesiales, aparecía muchas veces esta inquietud de “ ¿cómo hago para empezar una vida espiritual? , ¿cómo la trabajo?, ¿cómo la desarrollo?”. Y si bien hay muchísimos libros excelentes de espiritualidad, no encontraba, por lo menos no en castellano, algo que pudiera servir como una especie de pequeña introducción y que sirviera como una puerta de entrada y como un acompañante en el camino”, explica el sacerdote sobre la génesis de su reciente libro Una brújula en la ciudad (VR Editoras), donde plantea que no hace falta irse a un retiro en el campo para encontrar espiritualidad. Al contrario: el asfalto, el ruido y el caos de la ciudad no son enemigos de la fe, sino el combustible perfecto para vivir con más sentido, sin perder la cabeza en el intento. “ Empecé con un índice muy sencillo, muy austero , que después se enriqueció con el paso del tiempo. Pero la idea fue mostrar que la vida espiritual está lejos de ser una cuestión para privilegiados y que se puede vivir en el contexto de nuestras vidas y que justamente está para hacerla mejor y, también, descubrir que quizás no es fácil, pero no es complicado . Y que hay algo en desarrollar la espiritualidad que nos mejora la vida y la enriquece muchísimo”.

Dice Edu que le gustan casi todas las cosas de la vida de cura. Disfruta tanto esa pata que la gente suele asociar más con el sacerdocio, que es la parte de lo celebrativo, lo litúrgico (“porque tiene mucho que ver con acompañar un momento comunitario lindo, intenso”), como lo que es el pensar la comunidad, acompañar la vida de los grupos, ver hacia dónde caminar. Y, por otro lado, también muchas cosas que se dan en otros registros, en vínculos más personales. “ Lo lindo de ser cura es que es un camino de vida; iba a decir una profesión, pero obviamente es mucho más que una profesión, que está permanentemente cambiando y que te pone en un montón de situaciones y desafíos diferentes. Y si tengo que pensar en lo que menos me gusta, creo que es en realidad medio muchas de las cosas que no le gustan a cualquier mortal: lidiar con ciertas cuestiones administrativas con las que la parroquia tiene que lidiar , pero que también son las cosas que me ayudan a acordarme de que todo el mundo tiene que pagar cuentas, hacer trámites, ir a la municipalidad”.

Para el padre Eduardo, hoy la gente está muy necesitada de espiritualidad y de comunidad y, desde su perspectiva, las dos cosas van siempre de la mano: “No hay una espiritualidad que no pueda ser comunitaria y necesitamos que la espiritualidad siempre lo sea. Me parece que hay un anhelo profundo en el corazón del ser humano, una sed que tenemos todos de conectar y de saber que nos podemos sentar a conversar”.

Además del podcast, la información que comparte en redes y su reciente libro, Edu ofrece otro taller que es de lectura de poesía y mística. “Me gusta mucho sentarme a hablar de esos temas con otras personas. Ha sido muy lindo ver cómo todo eso va dando a luz encuentros con gente de realidades muy diferentes, creyentes y no creyentes, de distintos lugares del país, inclusive de otros países. Para mí es algo muy enriquecedor . La conversación es algo profundamente transformador y, por lo menos para mí, tener esos espacios para conversar siempre es un regalo”, explica.

Respecto de cómo ve en la actualidad la relación de la gente con la religión y la espiritualidad, Eduardo dice: “ El contexto actual tiene sus desafíos , como los han tenido todos los tiempos. Yo creo que es fácil siempre pensar que este tiempo es peor que los demás, pero como decía San Agustín: ‘Nosotros somos los tiempos; si somos nosotros mejores, mejorarán los tiempos’ y creo que también justamente por eso mismo, lo que hace a la religión y la espiritualidad también presenta dificultades, pero también muchas posibilidades”. Además, reflexiona sobre el riesgo de que tanto la religión como la espiritualidad se conviertan en objetos de consumo, que caigan en la misma simplificación en la que caen tantas cosas en estos tiempos de redes, pero también reconoce algo valioso: “La posibilidad de que esto llegue a muchísima gente , de que muchos puedan participar y acercarse, de que se democraticen muchos accesos a recursos espirituales que en otro tiempo quizás eran más distantes”.


Fuente: TN


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