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Trabajaba como ayudante de albañil, entrenaba con su skate cuando podía y hoy está entre los 10 mejores del mundo

Durante años, la rutina de Juampi Mateos estuvo lejos de la que suele imaginarse para un deportista de alto rendimiento. Las mañanas transcurrían entre bolsas de cemento, ladrillos y mezcla en una obra en construcción. Al terminar la jornada laboral, llegaba el momento que realmente esperaba: agarrar la tabla e ir a entrenar. No había descanso ni demasiado tiempo libre, pero sí una convicción que nunca cambió. Mientras trabajaba como ayudante de albañil, el avellanedense seguía apostando a un sueño que parecía muy lejano: competir algún día contra los mejores skaters del mundo.

Ese esfuerzo silencioso encontró hace poco tiempo su mayor recompensa. En Roma consiguió el mejor resultado de su carrera al ubicarse entre los diez mejores del mundo, un logro que lo consolidó entre la élite internacional del skateboarding y volvió a poner al deporte argentino en los primeros planos.

Sin embargo, el camino hasta ese presente estuvo marcado por años de sacrificio, dificultades económicas y una pasión que nunca perdió fuerza. “Mi rutina era ir a trabajar, volver e ir a patinar, siempre tratando de hacer todo lo posible para estar bien físicamente y poder practicar mi deporte de la mejor manera ”, recuerda.

Ningún comienzo suele ser sencillo y el suyo no fue la excepción. Las primeras caídas aparecieron enseguida, pero también la sensación de haber encontrado algo distinto. Lo que empezó como un simple desafío terminó convirtiéndose en una pasión que nunca abandonó. “Siempre me gustó aprender cosas nuevas y el skate fue lo que más me voló la cabeza hasta el día de hoy ”, asegura.

Aunque nunca pensó seriamente en abandonar el skate, reconoce que hubo momentos en los que sostener ese sueño no resultó sencillo. Mientras intentaba abrirse camino en un deporte con escaso apoyo económico, también debía afrontar las responsabilidades de cualquier joven que necesitaba trabajar. “ Mi vieja me decía que ya estaba grande y que tenía que ir a trabajar . Me desmotivaba un poco, pero sabía que tenía razón”, cuenta.

Las dificultades económicas tampoco eran nuevas para él. Recuerda que, tras la separación de sus padres, su madre quedó al frente de la familia y sacó adelante su vida y la de sus dos hermanas. “ Nunca nos faltó la comida, pero sí fueron años difíciles ”, asegura.

El punto de inflexión llegó cuando ya competía en torneos internacionales. A pesar de representar al país, seguía trabajando en la construcción hasta que la Municipalidad de Avellaneda conoció su historia y le ofreció incorporarse como profesor en una escuela de skate. Ese respaldo, sumado al acompañamiento de sponsors y una beca deportiva, le permitió dedicarse por completo a entrenar y competir.

El salto al seleccionado argentino comenzó casi de manera inesperada. Después de terminar segundo en un campeonato nacional, consiguió la clasificación al Sudamericano y, a partir de ese momento, empezó un recorrido que lo llevó a representar al país en competencias internacionales.

Con el paso del tiempo, aquellos nombres que admiraba detrás de una pantalla dejaron de ser ídolos lejanos para convertirse en rivales dentro de la misma pista. Y reconoce: “Siempre veía esos campeonatos por la tele y decía que quería estar ahí. Hoy competir con ellos es un sueño hecho realidad “.

Compartir espacios con los mejores del mundo también modificó su forma de entender el deporte. Más allá de los resultados, asegura que esas experiencias le enseñaron a sostener la perseverancia incluso cuando el camino parecía cuesta arriba. Antes de cada competencia, intenta concentrarse en su rutina, respirar profundo y visualizar cada uno de los trucos que va a realizar para controlar los nervios.

“Representar a la Argentina es algo que amo y me enorgullece muchísimo”, asegura Mateos. Después de años de esfuerzo, hoy lleva la camiseta nacional en cada competencia internacional, aunque reconoce que el skate argentino todavía enfrenta desafíos para seguir creciendo . A su entender, hacen falta más competencias nacionales, una mejor organización y mayor financiamiento para que las nuevas generaciones tengan más oportunidades.

Ese compromiso con el deporte también alimenta sus propios objetivos. El reciente resultado en Roma confirmó que está en el camino correcto, pero lejos de conformarse, siente que todavía tiene mucho por delante. Cada torneo se convierte en un nuevo paso para seguir creciendo dentro del circuito internacional.

Sueña con disputar unos Juegos Olímpicos, una Street League o los X Games y alcanzar un podio en alguna de esas competencias. Sin embargo, cuando imagina el futuro, hay un deseo que aparece por encima de cualquier logro deportivo. “ Quiero ayudar a mi mamá y a mis hermanas en todo lo que necesiten ”, dice.

Y aunque hoy su nombre figura entre los diez mejores skaters del mundo, mantiene los pies sobre la tierra. Avellaneda sigue ocupando un lugar central en su historia , no solo porque fue el escenario de sus primeros trucos, sino porque allí encontró el apoyo que le permitió dejar atrás la obra en construcción para dedicarse de lleno a la pasión que persigue desde chico.


Fuente: TN


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