
Juan se mudó hace apenas seis meses a un edificio en la ciudad y ya conoce casi de memoria las ruidosas aventuras amatorias del vecino del piso de arriba y sus acompañantes, muchas de ellas en plena madrugada. Mariana, en cambio, se cansó de escuchar las “pezuñitas” del perro de arriba en un constante ir y venir detrás de una pelota que arroja su dueña. Está también el vecino que pone música hasta altas horas de la noche, la señora de los tacos aguja, el constante abrir y cerrar de puertas, la basura sacada a deshora...
Quien más, quien menos, todos los que vivimos en edificios de propiedad horizontal, vecindades o incluso barrios cerrados sabemos que estas situaciones son más frecuentes de lo que parecen. Porque, más allá de las reglas y normas escritas en los reglamentos de copropiedad, cada vecindad tiene su lado B , ese que se dirime en pasillos, ascensores, grupos de chat y cualquier otro espacio común que podamos imaginar.
Vivir pared de por medio con otra persona, compartir techo y piso o transitar las calles internas de un barrio cerrado puede ser una experiencia pacífica o convertirse en un verdadero dolor de cabeza .
Una primera mirada al estudio realizado por Octavo Piso , una plataforma de gestión de edificios y barrios cerrados que permite administrar reclamos, pagos, invitados y amenities desde cualquier dispositivo móvil, permite dimensionar la magnitud de esos conflictos. El relevamiento analizó 19.700 reclamos, denuncias y solicitudes registrados entre enero de 2025 y julio de 2026.
Los datos muestran que la cantidad de reclamos se mantuvo estable, con una leve tendencia a la baja de menos del 1% en la variación interanual . El resultado deja en evidencia que los roces entre vecinos forman parte de la convivencia cotidiana, más allá de las épocas y los estilos de vida.
Además, aunque buena parte de los reclamos está relacionada con problemas estructurales, como un caño roto o filtraciones que afectan a otras unidades, también hay lugar para situaciones mucho más extrañas.
Si bien las estadísticas indican que son los caños rotos los que dominan la agenda en términos de entredichos entre vecinos y administradores, el módulo de denuncias de la plataforma sacó a la luz situaciones insólitas que ponen a prueba los límites del pudor, propio y ajeno.
Entre las denuncias más llamativas del último año y medio aparecen encuentros entre vecinos al desnudo y personas que mantuvieron conductas inapropiadas en espacios comunes, como pasillos, escaleras o zonas de piletas. También hubo reclamos por encuentros íntimos a horas insólitas y en espacios privados, pero con sonidos que terminaron trascendiendo las paredes.
Pero no solo de encuentros cercanos está hecha la vida del consorcista. Los integrantes del reino animal suelen tener su protagonismo y aportar también su cuota de surrealismo a la vida en copropiedad.
Entre los casos destacados por los responsables del relevamiento aparece la denuncia urgente de un vecino cuyo perro estuvo a punto de ser mordido por una serpiente . El animal había aparecido en un sector del complejo donde el pasto estaba alto y, según el reclamo, había falta de mantenimiento.
Más extraño todavía fue el reporte de un vecino que encontró dos comadrejas muertas dentro de un tacho de basura comunitario . Los pedidos de intervención de la administración también incluyeron problemas relacionados con fauna silvestre inesperada: desde panales de abejas y murciélagos hasta tortugas y peces en áreas compartidas.
El rubro de “olores extraños” tampoco se quedó atrás. Una de las quejas más originales apuntó al persistente olor a marihuana en pasillos, baños y ascensores , incluso manteniendo todas las ventanas cerradas de las unidades.
Finalmente, el premio a la queja más original bien podríamos asignarlo a un reclamo vinculado a la estética y los ruidos molestos de una fiesta de Halloween comunitaria. ¿El motivo de la denuncia? La instalación de una casa embrujada y un enorme juego inflable bautizado por los vecinos como “Mecano OVNI” , que llegó para alterar por completo la paz del barrio.
Dejando de lado lo bizarro, el día a día de los consorcios está marcado por problemas y disputas que generan un enorme desgaste emocional y económico. El análisis de los casi 20.000 casos demuestra que el podio está liderado por problemas de infraestructura y respeto por el espacio ajeno.
Las filtraciones o daños entre departamentos concentran el 30% de los casos . Y en los tiempos que corren, una mancha de humedad en el techo puede ser el inicio de una contienda que nada tiene que envidiarle a la guerra fría. Según los datos, un simple problema técnico termina escalando rápidamente y genera fuertes disputas por el acceso a la vivienda para verificar el daño, la responsabilidad de la reparación o, el punto más crítico, quién debe pagar los trabajos.
Muy por detrás, pero en un sólido segundo lugar con el 13%, aparecen los inconvenientes vinculados con el estacionamiento y los vehículos . Autos mal estacionados que pisan la línea divisoria, vehículos que bloquean salidas o daños menores en las cocheras son, a estas alturas, moneda corriente en términos de disputas entre vecinos.
El dato más alarmante del informe es el que ocupa el tercer lugar, y se trata de las denuncias que corresponden a agresiones, amenazas o situaciones de hostigamiento entre vecinos , que constituyen un 11.7% del total de los reclamos.
El resto del ranking está compuesto por problemas relacionados con mascotas (10,4%), uso indebido de espacios comunes (10%), basura o suciedad atribuida a vecinos (9,8%), ruidos, música y fiestas (7,3%), obras o modificaciones particulares (4,6%), balcones, fachadas u objetos (2%) y humo y olores provenientes de otras unidades (0,8%).
Así, los diez principales motivos de reclamo muestran que los problemas de convivencia no se limitan a situaciones extraordinarias. Filtraciones, estacionamiento, mascotas, espacios comunes, basura y ruidos forman parte de una rutina que puede convertir pequeños inconvenientes cotidianos en conflictos entre vecinos .
Tal como señala Diego Espada, cofundador de la plataforma, “administrar un edificio o un barrio cerrado implica gestionar cientos de pequeñas situaciones que afectan directamente la convivencia”. Y, en algunos casos, esas pequeñas situaciones alcanzan para transformar la idea de una tranquila vecindad en un verdadero dolor de cabeza.
Fuente:
TN
GENERAL JUAN MADARIAGA El Tiempo
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