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John Stuart Mill, advirtió en 1861: “Es mejor ser un ser humano insatisfecho que un cerdo satisfecho”

“ Es mejor ser un ser humano insatisfecho que un cerdo satisfecho ; mejor ser un Sócrates insatisfecho que un necio satisfecho”, es la célebre frase de John Stuart Mill que resume una de las ideas centrales de su pensamiento: no todas las formas de bienestar tienen el mismo valor . Para el filósofo británico, referente del utilitarismo del siglo XIX, la felicidad no se mide solo por la cantidad de placer , sino también por su calidad .

Educado desde pequeño bajo una exigencia intelectual extrema por su padre, James Mill , el pensador heredó la tradición utilitarista que buscaba maximizar la felicidad para la mayor cantidad de personas. Sin embargo, introdujo una diferencia decisiva: no es lo mismo un placer sensorial que uno intelectual o moral .

Mill separó los placeres ligados a la comodidad y la satisfacción inmediata de aquellos que surgen de la reflexión, la empatía, el conocimiento o la sensibilidad estética . Desde su perspectiva, una vida buena no se reduce a evitar el sufrimiento o a buscar solo el confort.

La comparación entre Sócrates y un cerdo ilustra este punto: para Mill, una persona capaz de razonar y aspirar a ideales elevados puede llevar una existencia más valiosa, incluso si eso implica convivir con dudas o insatisfacciones. “Es mejor ser un Sócrates insatisfecho que un necio satisfecho”, sostenía, defendiendo que el desarrollo intelectual y moral aporta una cualidad distinta a la experiencia humana .

Esta visión ayuda a entender por qué Mill valoró tanto la razón, la libertad personal y el progreso social . Su propia vida estuvo marcada por una educación rígida y por una crisis personal que lo llevó a cuestionar la utilidad entendida de manera mecánica.

Para Mill, la filosofía no enfrenta simplemente placer y sacrificio, sino que distingue entre diferentes maneras de experimentar el bienestar. Descansar y disfrutar de la comodidad también forman parte de una vida buena , pero el problema surge cuando la satisfacción inmediata se convierte en el único criterio.

Frente a esto, Mill ubicó los placeres intelectuales, morales y sociales como expresiones especialmente valiosas de las capacidades humanas, y defendió que la felicidad auténtica requiere algo más que la simple ausencia de dolor o la búsqueda de placer fácil.


Fuente: TN


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