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Expertos en limpieza coinciden: “Esta es la frecuencia con la que tenés que lavar los repasadores para que no tengan feo olor”

Los repasadores son uno de los elementos que más se utilizan en la cocina. Sirven para secar platos, limpiar superficies, absorber líquidos y hasta secarse las manos. Sin embargo, ese uso constante hace que acumulen humedad, restos de comida y microorganismos, por lo que lavarlos con frecuencia es fundamental para evitar malos olores.

Expertos en higiene recomiendan cambiarlos cada 3 días cuando se utilizan para tareas habituales, mientras que aquellos que estuvieron en contacto con carne, pollo o pescado crudos deberían reemplazarse inmediatamente. Una guía de la Universidad de Nebraska recoge la recomendación del USDA de cambiar los repasadores con frecuencia y señala que una pauta habitual es hacerlo a diario.

La frecuencia depende del uso. Si un repasador se utiliza solamente para secar vajilla limpia y puede secarse completamente entre cada uso , puede lavarse cada 3 días . En cambio, si permanece húmedo durante horas, se usa para limpiar la mesada o entra en contacto con alimentos, conviene reemplazarlo rápido.

El principal problema es que la humedad favorece la proliferación de microorganismos , además de generar ese olor desagradable que muchas veces queda impregnado en las fibras.

Por eso, una buena estrategia es tener varios repasadores y utilizarlos en rotación. De esta manera, siempre habrá uno limpio y seco disponible mientras los demás van al lavado.

El olor suele aparecer cuando el tejido permanece húmedo durante demasiado tiempo. Si después de limpiar o secar los platos el repasador queda arrugado sobre la mesada o dentro del lavarropas, tarda más en secarse y puede acumular microorganismos.

Además, los restos de grasa y comida quedan atrapados entre las fibras. Con el paso de los días, esa combinación de humedad, suciedad y microorganismos puede provocar el característico olor a humedad.

Por eso, no es recomendable esperar a que el repasador huela mal para lavarlo. En ese momento, el tejido ya lleva un tiempo con humedad y suciedad.

Lavar los repasadores tampoco garantiza que queden libres de olor. Uno de los errores más comunes es utilizar demasiado detergente .

Según especialistas en limpieza, el exceso de producto puede dejar residuos en las fibras y hacer que los textiles retengan olores y pierdan capacidad de absorción.

También es importante no sobrecargar el lavarropas , ya que los repasadores necesitan suficiente espacio para que el agua y el detergente circulen correctamente.

Una vez terminado el lavado, deben secarse completamente antes de guardarlos. Dejarlos húmedos dentro del lavarropas durante horas puede hacer que vuelvan a tomar olor.

Para prolongar su vida útil y evitar malos olores, hay algunos hábitos sencillos que pueden incorporarse a la rutina:

Además, conviene separar los repasadores utilizados para limpiar superficies de aquellos destinados exclusivamente a secar vajilla. Así se reduce el riesgo de contaminación cruzada y se mantiene una mejor higiene dentro de la cocina.

En definitiva, no hace falta esperar a que un repasador esté visiblemente sucio o tenga mal olor para lavarlo. La frecuencia y el secado son las dos claves para mantenerlos frescos, absorbentes y en buen estado durante más tiempo.


Fuente: TN


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