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En 1973, Francia esparció 300 toneladas de un pesticida cancerígeno para salvar su negocio y condenó la salud de miles de personas

En 1973 , Francia tomó una decisión que buscaba proteger uno de los motores económicos de sus territorios en el Caribe. Para combatir al gorgojo del banano , una plaga que amenazaba las plantaciones en las islas Martinica y Guadalupe , comenzó a utilizar intensamente la clordecona , un pesticida extremadamente eficaz, pero también altamente tóxico.

Durante los años se esparcieron alrededor de 300 toneladas del producto sobre los cultivos de banana. Lo que en ese momento parecía una solución agrícola, se convirtió en un escándalo sanitario y ambiental: el compuesto todavía hoy afecta la salud de miles de personas y permanecerá en el ambiente durante siglos.

La clordecona había sido desarrollada en Estados Unidos y ya existían advertencias sobre su peligrosidad desde la década de 1970. En 1976, un grave episodio de intoxicación en una fábrica de Virginia llevó a las autoridades estadounidenses a prohibir su fabricación y uso.

Sin embargo, Francia autorizó excepciones para seguir utilizándola en las plantaciones bananeras de Martinica y Guadalupe hasta 1993 , pese a que los riesgos para la salud ya eran conocidos.

El objetivo era evitar pérdidas millonarias en la producción de banana, uno de los principales productos de exportación de ambas islas.

El principal problema de la clordecona es que prácticamente no se degrada , ya que el pesticida queda fijado en los suelos volcánicos, desde donde aún contamina ríos, aguas subterráneas, cultivos y animales.

Debido a sus características químicas, algunos estudios estiman que su presencia podría extenderse durante varios siglos , incluso aunque nunca vuelva a utilizarse.

Las consecuencias ya no son únicamente ambientales, sinó también humanas.

Uno de los testimonios más impactantes es el de Jean-Paul , un habitante de Martinica entrevistado por la BBC, quien fue diagnosticado con cáncer de próstata y cáncer de tiroides .

“ Tengo cáncer de próstata y de tiroides ”, contó al relatar cómo la contaminación forma parte de la vida cotidiana de miles de personas que crecieron y trabajaron en las zonas afectadas.

“Nunca nos dijeron que fuera peligroso, así que la gente trabajaba porque querían plata”, dijo Ambroise Bertin, otro residente de Martinica.

Además, el profesor Luc Multigner, de la Universidad de Rennes en Francia, dice que los documentos originales del organismo que autorizó el uso del pesticida en 1981 desaparecieron por razones desconocidas, lo que dificulta investigar cómo se tomó la decisión.

Estudios de salud pública revelaron que más del 90% de los habitantes adultos de Martinica presentan restos de clordecona en la sangre .

En las Antillas Francesas, un grupo de islas en el mar Caribe que pertenecen a Francia, algunas investigaciones también estiman que la clordecona es responsable del 5-10% de los casos de cáncer de próstata, lo que en un año se traduce entre 50 y 100 casos nuevos.

Más de medio siglo después de que comenzara a utilizarse la clordecona, Francia continúa destinando recursos para monitorear la contaminación y limitar la exposición al pesticida.

Sin embargo, eliminar completamente el compuesto del ambiente es prácticamente imposible . La decisión tomada para proteger las plantaciones de banana en 1973 dejó una huella que, según las estimaciones científicas, seguirá presente durante generaciones y que podría tardar siglos en desaparecer.


Fuente: TN


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