Sandra Morales, de 65 años, y Rodolfo Hakl, de 67, dejaron José C. Paz en 2016 para comenzar una nueva vida en una zona aislada de la Patagonia. Se instalaron cerca del Lago La Plata, en Alto Río Senguer, Chubut, donde construyeron con sus propias manos la cabaña en la que soñaban pasar el resto de sus vidas.
Durante estos años enfrentaron robos, accidentes, dificultades para acceder a asistencia legal y las duras condiciones climáticas de la región. Sin embargo, aseguran que nunca quisieron abandonar el lugar que consideran su hogar.
Ahora, una sentencia judicial ordenó la restitución y el desalojo del terreno. La pareja apeló la decisión y espera que la Cámara revise el fallo para poder presentar pruebas que, según explican, no pudieron aportar durante la primera instancia.
Sandra y Rodolfo sostienen que cuando llegaron al lugar pidieron autorización y que incluso ofrecieron trabajar para mantener la zona. Entre otras tareas, aseguran que mejoraron caminos, retiraron árboles caídos, juntaron basura dejada por turistas, apagaron fogones y construyeron un muelle.
El conflicto judicial tiene además una particularidad. El terreno reclamado por la Municipalidad de Alto Río Senguer está identificado como el Lote 14 de la Fracción A, Sección G III, en el paraje Bahía Laguito Escondido. Sin embargo, un informe del Registro de la Propiedad Inmueble indicó que ese lote figura inscripto a nombre de Don José Moisés SRL, una empresa dedicada a la actividad ganadera y lanera.
La defensa de los jubilados cuestiona también la precisión de los límites de las tierras fiscales y sostiene que no estaría claramente determinado qué superficie corresponde al municipio.
El fallo, firmado por el juez Gustavo Antoun, reconoce que la pareja tuvo dificultades para ejercer su defensa debido a la distancia y a los problemas de traslado, especialmente durante el invierno. No obstante, consideró que la falta de respuesta en tiempo y forma implicó un reconocimiento de los hechos planteados por el municipio.
Rodolfo, que es albañil, construyó la vivienda de aproximadamente 7 por 7 metros. El lugar cuenta con un entrepiso, un fogón, cocina a leña, estufa rusa, generador, tanque biodigestor y sistemas preparados para soportar las bajas temperaturas.
La pareja lleva 42 años de casados y asegura que allí encontró la vida que buscaba. Cultivan un invernadero, cocinan, pasan largas horas juntos y disfrutan de una rutina alejada de las grandes ciudades.
Ahora, la posibilidad de perder su hogar los mantiene angustiados. Dicen que después de tantos años sería prácticamente imposible desarmar todo lo que construyeron y trasladarlo a otro lugar.
Mientras esperan la resolución de la apelación, Sandra y Rodolfo continúan viviendo en la cabaña. Su pedido es sencillo y, al mismo tiempo, representa el temor de perder todo aquello que construyeron durante una década: “Lo único que queremos es que nos dejen vivir en paz”.
GENERAL JUAN MADARIAGA El Tiempo
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