Ricardo Barreda, condenado a prisión perpetua por el asesinato de su suegra, su esposa y sus dos hijas, tuvo una última relación sentimental que comenzó de una manera inesperada: Berta “Pochi” André lo conoció cuando él estaba preso y, pese a saber quién era y qué había hecho, decidió continuar visitándolo.
Berta era una docente jubilada, soltera y sin hijos, que realizaba tareas solidarias en cárceles bonaerenses. Durante una de esas visitas conoció al odontólogo platense y, con el tiempo, el vínculo se transformó en una relación afectiva.
Cuando Barreda obtuvo el beneficio de prisión domiciliaria, en mayo de 2008, fue Berta quien aceptó recibirlo en su departamento del barrio porteño de Belgrano. Se convirtió en su garante y puso su vivienda a disposición para que cumpliera allí el arresto.
Durante un tiempo, la pareja pareció haber encontrado una nueva rutina. Incluso viajaron juntos y pasaron vacaciones en Mar del Plata. Sin embargo, la convivencia comenzó a deteriorarse y aparecieron discusiones, insultos y situaciones que terminaron preocupando a la Justicia.
Uno de los episodios que trascendió fue el apodo despectivo que Barreda utilizaba para referirse a Berta: “Chochán”. Según relatos periodísticos de la época, también realizaba comentarios humillantes sobre su aspecto físico y la interrumpía constantemente cuando intentaba participar de una conversación.
En diciembre de 2014, Berta reconoció públicamente que estaba “desilusionada” con la relación y admitió que Barreda la insultaba. En otra oportunidad, resumió su situación con una frase contundente: “No puedo abrir la boca”.
Los informes del Patronato de Liberados y las evaluaciones realizadas sobre la pareja alertaron sobre la situación. El juez de Ejecución Penal de La Plata, Raúl Dalto, consideró que continuar con aquella convivencia podía representar un “peligro inminente” y ordenó que Barreda regresara a prisión.
El hombre que había sido condenado por matar a cuatro mujeres volvía así a quedar detrás de las rejas, esta vez después de haber sido acusado de maltratar a la mujer que había confiado en él y le había abierto las puertas de su casa.
Berta, mientras tanto, atravesaba un grave deterioro de su salud. Sus problemas neurológicos y físicos se habían agravado y finalmente debió ser internada en un centro de salud de Buenos Aires.
El 24 de julio de 2015, Berta “Pochi” André murió a los 78 años. Para entonces ya estaba separada de Barreda y él continuaba detenido en la Unidad Penal de Olmos.
La historia de Barreda tampoco terminó allí. En diciembre de 2015 recuperó la libertad condicional y, en mayo de 2016, la Justicia declaró extinguida su pena. Casi 24 años después del cuádruple crimen, quedó definitivamente libre.
Sus últimos años estuvieron marcados por la soledad y distintos problemas de salud. Tras pasar por distintos lugares de alojamiento e internaciones, fue trasladado a un geriátrico de José C. Paz.
Ricardo Barreda murió el 25 de mayo de 2020, a los 83 años, a causa de un paro cardíaco, según consta en su certificado de defunción.
Más de tres décadas después del cuádruple femicidio, la historia vuelve a cobrar relevancia por la película sobre Barreda protagonizada por Luis Machín y dirigida por Daniela Goggi, que llegará a Prime Video el 28 de agosto de 2026.
La historia de Berta André forma parte de uno de los capítulos más inquietantes de la vida del femicida: la mujer que decidió creer en él, lo acompañó durante sus últimos años de prisión, lo recibió en su casa y terminó recurriendo a la Justicia cuando la convivencia se volvió insostenible.
GENERAL JUAN MADARIAGA El Tiempo
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