Eduarda Barbosa, de 9 años, vivió un episodio que inicialmente sorprendió a toda su familia: comenzó a reírse y no podía detenerse. Lo que parecía una situación divertida terminó con una visita de urgencia al hospital, donde los médicos sospecharon que se trataba de una crisis gelástica, un tipo poco frecuente de epilepsia que puede provocar risas involuntarias y descontroladas.
El episodio ocurrió en su casa de Contagem, en la región metropolitana de Belo Horizonte, Minas Gerais. Según contó su madre, Alinne Barbosa, al principio pensó que su hija estaba jugando o que había visto algo gracioso. Incluso comenzó a reírse junto con ella. Sin embargo, después de unos 30 minutos notó que la situación no era normal.
Cuando le pidió a Eduarda que dejara de reír, la niña hizo gestos indicando que no podía hacerlo. Tampoco conseguía hablar y presentaba una mirada diferente, además de las pupilas dilatadas y los labios secos. La familia decidió trasladarla al Hospital Municipal de Contagem.
La niña continuó riéndose durante el viaje y permaneció en ese estado durante otras dos horas y media mientras era atendida. En total, el episodio se extendió por más de cuatro horas. Su madre relató que podía notar la tensión en el cuerpo de la pequeña y que parecía pedir ayuda con la mirada. Finalmente, Eduarda dejó de reír cuando quedó exhausta y se durmió en brazos de su madre.
En el hospital, una médica y una enfermera sospecharon que podía tratarse de una crisis gelástica, un tipo de crisis epiléptica que puede estar asociada a un hamartoma hipotalámico, una lesión poco frecuente ubicada en una zona del cerebro relacionada con diversas funciones neurológicas.
Estas crisis suelen manifestarse mediante risas repentinas, inapropiadas y sin una causa aparente. En algunos casos también pueden aparecer movimientos involuntarios, dificultad para hablar, alteraciones de la conciencia y otros síntomas neurológicos.
El neurocirujano Sérgio Cançado explicó que cada caso debe ser evaluado individualmente y que, cuando las crisis no responden a los medicamentos, existen tratamientos especializados, incluso quirúrgicos, que pueden lograr un buen control de los episodios.
En el caso de Eduarda, la tomografía realizada en el hospital no mostró alteraciones y no fue necesario administrar medicamentos. La familia deberá llevarla a un neurólogo especializado para confirmar o descartar el diagnóstico. Según la médica que la atendió, un episodio aislado tampoco permite afirmar que la niña tenga epilepsia.
Al día siguiente, Eduarda se despertó bien y, hasta el momento, no volvió a presentar un episodio similar. Su madre decidió contar lo ocurrido en las redes sociales para alertar a otros padres y el video superó los 7 millones de reproducciones.
Después del susto, la familia decidió tomar la situación con algo más de humor. Sus hermanas incluso intentan hacer reír a Eduarda, mientras su madre aclara entre risas: "Vida normal, gente, ella puede sonreír".
GENERAL JUAN MADARIAGA El Tiempo
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