
En un contexto internacional atravesado por tensiones geopolíticas, mayores costos energéticos y restricciones logísticas, el mercado muestra señales de gran inestabilidad. La urea, principal referencia de los nitrogenados, volvió a ubicarse entre los insumos más sensibles y de mayor volatilidad, determinado por la provisión como insumo de gas natural, los conflictos internacionales y las intervenciones de los gobiernos que priorizan sus mercados domésticos y la seguridad alimentaria . A su vez, los fosfatados enfrentan una oferta más concentrada en pocos proveedores globales, con menor disponibilidad por reducción de producción y aumento de precios en los insumos críticos como el azufre y el amoníaco.
El país depende de importaciones ya que estas representan el 65% de la demanda de fertilizantes asumiendo un mercado de 5.2 millones de toneladas. Sin embargo, cuenta con fortalezas que amortiguan parcialmente el impacto externo. La capacidad instalada local de producción de urea granulada, junto con la fabricación nacional de superfosfato simple y otros fertilizantes (líquidos, microgranulados etc.), permiten reducir la exposición absoluta a los vaivenes del mercado internacional y sostener una base de abastecimiento estratégica para el agro. Por otra parte, según las estadísticas de importación de los últimos 4 meses, la campaña de la fina estará abastecida adecuadamente.
Este escenario afecta la planificación productiva. El encarecimiento de los fletes y la incertidumbre sobre precios también modificaron el patrón de compra: muchos productores postergan decisiones y compran más cerca del momento de fertilización, lo que complejiza los plazos de entrega y exige una logística interna más flexible, eficiente y coordinada.
La relación insumo/producto se mantiene por encima del promedio de los últimos cinco años en varios cultivos y obliga a productores, distribuidores e industrias a evaluar márgenes con más frecuencia.
No obstante, la eliminación del impuesto PAIS, la baja de aranceles y la simplificación de procesos de importación de fertilizantes de los últimos años contribuyen a reducir costos. En paralelo, la proyección de menores derechos de exportación para granos mejora, aunque sea parcialmente, la ecuación económica de la fertilización: si el productor recibe una mejor capacidad de pago por su producción, aumenta el margen para invertir en tecnología, nutrición y manejo.
Además, la campaña llega con una señal agronómica positiva: mejores condiciones hídricas en buena parte de las zonas agrícolas . En este punto, la fertilización no debe leerse solo como un costo, sino como una decisión técnica clave para capturar rendimiento. Con perfiles de humedad adecuados, análisis de suelo, agricultura de precisión y aplicaciones ajustadas por ambiente, el productor tiene más herramientas para transformar agua disponible en kilos de grano.
La coyuntura, combina riesgos y oportunidades. La inestabilidad internacional seguirá condicionando precios, disponibilidad y logística . Pero la Argentina cuenta con producción local sólida, proyectos de inversión en nuevas plantas, reglas de importación más ágiles, señales fiscales más favorables y conocimiento técnico para mejorar la eficiencia de uso de nutrientes. En un año en el que cada decisión pesa sobre el margen, fertilizar mejor sigue siendo rentable, y es una de las claves para incrementar la productividad, competitividad y sustentabilidad de la cadena agroindustrial.
Fuente:
La Nación
GENERAL JUAN MADARIAGA El Tiempo

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