Eliseo Basurto, el sociópata manipulador que interpreta Guillermo Francella en El Encargado , conoce a la perfección el arte de pegar donde duele . En la última temporada, hace rebotar una pelotita de golf contra el piso a las tres de la mañana con un único fin: enloquecer a Matías Zambrano , su archienemigo de abajo. En plena madrugada, ese ruidito insignificante se convierte en un verdadero suplicio.
Pero el infierno vecinal no se limita a los ruidos. El humo, los olores, las vibraciones y la luminosidad también pueden transformar tu casa en una pesadilla. Piensen en la chimenea de un restaurante que da directo a tu balcón, el traqueteo de un taller mecánico, los químicos de una tintorería o el neón de un cartel de teatro parpadeando en tu ventana a la hora de dormir.
Son invasiones invisibles, pero tan constantes que te pueden volver loco . En el derecho civil se las conoce como ‘inmisiones’ y están reguladas justamente para ponerle un límite a la clásica excusa de ‘en mi casa hago lo que quiero’. El concepto es simple: para frenar legalmente a un vecino, no necesitas que pise tu terreno; alcanza con que las consecuencias de sus actos te hagan la vida imposible.
El 14 de abril de 2026, el Tribunal Superior de Justicia de Corrientes tuvo que resolver la guerra que Demetrio Bussi le declaró a sus vecinos, Eduardo y Claudia. Demetrio estaba harto del humo de la parrilla que habían construido contra su medianera y exigió en la justicia que la demolieran. Argumentó que los olores le hacían la vida imposible y afectaban la salud de su familia. Los dueños de la parrilla, por su parte, se defendieron diciendo que le habían puesto una prolongación de chapa a la chimenea y que hacían asados de vez en cuando, sin el menor ánimo de torturar a nadie.
El caso llegó a la máxima instancia provincial , pero ahí a Demetrio se le desmoronó el relato. Los jueces le recordaron que el artículo 1973 del Código Civil no prohíbe el humo, sino que castiga cuando este excede la “normal tolerancia”. Vivir en sociedad implica ceder un poco.
Las pruebas que presentó el demandante terminaron jugándole en contra: la escribana que contrató fue a constatar el humo a una dirección equivocada, el peritaje demostró que el uso de la parrilla era mínimo y dependía del viento, y sus propios vecinos declararon que no había un olor insoportable y que, en realidad, Demetrio era una persona conflictiva.
El final del cuento fue duro para él: la justicia salvó la parrilla, lo obligó a seguir tolerando el humo ajeno y lo condenó a pagar todos los gastos del juicio. La ley te protege, pero no ampara a los quejosos crónicos.
En Ingeniero Huergo, provincia de Río Negro, la pesadilla de Aníbal Salvo caía directamente desde el techo. El 26 de marzo de 2025, la justicia de paz falló en su demanda contra Jorge y Daniela , sus vecinos del fondo.
Desde hacía dos años, las madrugadas de Aníbal eran un infierno de maullidos, corridas y peleas felinas sobre la chapa de su casa y la del departamento que alquilaba. La situación llegó a tal punto que un inquilino rescindió el contrato porque no podía dormir, obligando a Aníbal a bajar el precio del alquiler para no perder plata.
Los dueños de los animales se presentaron en el juzgado asegurando ser responsables. Argumentaron tener paredones altos y acusaron a Aníbal de odiar a las mascotas y de espiarlos con un dron invadiendo su privacidad. Sin embargo, el juez aplicó el sentido común y desarmó la defensa.
Descubrió que los vecinos tenían cinco mascotas en total , violando una ordenanza municipal que permitía solo tres, y que ya acarreaban multas previas en la Justicia de Faltas por dejar animales sueltos. El testimonio del ex inquilino de Aníbal, que relató cómo los gatos usaban su techo como campo de batalla todas las noches, fue la estocada final.
La justicia determinó que el límite de la tolerancia se había quebrado por completo y condenó a los dueños de los gatos a pagarle a Salvo 900.000 pesos por daño moral, además de hacerse cargo de los millonarios honorarios del juicio, ordenándoles cesar las molestias de inmediato.
El caso más retorcido de todos se resolvió el 11 de julio de 2025 en la Sala II de la Cámara de Apelaciones de Morón. Un vecino, envuelto en un conflicto feroz, le instaló al demandante una estructura artesanal a centímetros de la medianera. Apuntaba directamente a una pared de ladrillos de vidrio de su casa.
No era un aparato decorativo: el vecino la usaba para emitir luces fuertes en la madrugada , generar vibraciones, filmar hacia el interior de la propiedad para amedrentarlo y, como si fuera poco, exhibirle material pornográfico. La excusa implícita del hostigador era la de siempre: estar dentro de su propiedad haciendo lo que quería .
Tras un fallo de primera instancia inusualmente tibio, los jueces Laura Moro y Gabriel Quadri tomaron el expediente y no anduvieron con vueltas. Basados en el artículo 1973, encuadraron el problema como una violación directa al derecho humano a vivir en paz.
La Cámara ordenó desarmar la estructura de inmediato, prohibió cualquier tipo de hostigamiento futuro y le dejó una advertencia letal: por cada día que desobedezca y siga molestando, se le aplicarán “astreintes” , que son multas económicas severas.
En una de las transmisiones de Aura Stream, el coreógrafo y director teatral Aníbal Pachano contó el conflicto que mantiene con sus vecinas del edificio por el supuesto ruido y las vibraciones de su aire acondicionado.
“ Dicen que les hago vibrar la pared por el aire acondicionado ”, relató con fastidio. Según explicó, el aparato tiene más de 20 años y nunca había generado problemas hasta ahora. “Mi aire acondicionado es de hace 20 años y ahora se les ocurrió que vibra. Una pesada ”, se quejó Pachano.
Pachano también cuestionó el criterio de las quejas y comparó la situación con los ruidos habituales de la calle. “Después tengo que ir y dejar la queja. A ella no le vibra cuando pasan los colectivos a las cinco de la mañana , sino cuando yo prendo el aire acondicionado”, ironizó.
Lejos de negar el problema, el artista aseguró que pidió la intervención de un profesional para medir las vibraciones y determinar objetivamente si el inconveniente realmente proviene de su departamento. “ Está bueno saber que hay un lugar donde se puede hacer una denuncia ”, concluyó.
Las historias de Demetrio, Aníbal y el vecino de Morón dejan en claro que los tribunales se toman en serio las “guerras de vecino” . Básicamente, porque son conflictos escalables que pueden terminar de la peor manera. Como nos enseña el personaje de Francella, el hostigamiento se puede ejercer de muchas maneras sin cruzar la puerta del otro. Sin embargo, el mensaje de la Justicia es uniforme: tu derecho a hacer lo que quieras en tu propiedad termina exactamente donde empieza la salud mental de tu vecino.
Fuente:
TN
GENERAL JUAN MADARIAGA El Tiempo

.jpg)

Redes