
El papel aluminio parece uno de esos productos que sirve para todo . En la cocina se lo usa para cubrir sobras, envolver alimentos, proteger ingredientes delicados en la parrilla y hasta facilitar la limpieza de bandejas después de cocinar.
Por esa versatilidad, muchas veces se da por hecho que puede emplearse sin límites y en cualquier contexto. Pero no siempre es así. Aunque tenga muchas ventajas, también hay situaciones en las que su uso no es recomendable.
En algunos casos puede afectar el sabor de los alimentos , en otros alterar su conservación y, en los más delicados, generar riesgos de seguridad. El problema está en la forma en que se lo utiliza y en el tipo de comida o de cocción con el que entra en contacto.
Uno de los errores más comunes es usarlo con alimentos ácidos. Preparaciones que llevan tomate, vinagre, cítricos o marinadas intensas pueden reaccionar con el aluminio. Esa reacción decolora el material y también le da un gusto metálico a la comida. Esa combinación favorece la liberación de aluminio sobre los alimentos, algo que no resulta aconsejable, sobre todo cuando se repite en el tiempo.
Tampoco es buena idea usarlo para guardar sobras durante períodos largos. Puede parecer práctico envolver lo que quedó y llevarlo directo a la heladera, pero el papel aluminio no es hermético. Eso quiere decir que deja pasar aire y facilita la exposición a bacterias, lo que aumenta el riesgo de deterioro.
Si además el alimento es ácido, vuelve a aparecer el problema de la migración del aluminio. Para conservar las comidas por más tiempo, lo más seguro sigue siendo un recipiente bien cerrado de vidrio o cerámica.
Otro uso bastante extendido, aunque poco recomendable, es cubrir bandejas de horneado para galletas o productos similares. Como el aluminio conduce muy bien el calor, puede hacer que la base de lo que se hornea se dore de más o directamente se queme. Además, si el papel se rompe con facilidad, la preparación puede terminar pegándose. En esos casos, una lámina de papel manteca o una esterilla de silicona suele funcionar mucho mejor.
El papel aluminio nunca debe ir al microondas. Como se trata de un metal, puede producir chispas e incluso provocar un incendio. Por eso no conviene usarlo ni para envolver alimentos ni para cubrir platos dentro de ese electrodoméstico. Si hace falta evitar salpicaduras o recalentar algo envuelto, existen alternativas mucho más seguras.
También hay que tener cuidado con las temperaturas muy altas. Aunque el papel aluminio resiste bastante el calor, cuando se lo expone durante mucho tiempo a temperaturas elevadas, en especial en contacto con alimentos o con llama directa, puede degradarse.
Esa degradación favorece otra vez el paso de pequeñas cantidades de aluminio a la comida, sobre todo si se combina con ingredientes ácidos o muy salados.
Otro error habitual es forrar con aluminio el fondo del horno o de la parrilla para evitar ensuciar. En el horno, una capa de aluminio puede bloquear el flujo de aire, provocar una cocción despareja y hasta dañar resistencias o interferir con la llama si se trata de un horno a gas.
En la parrilla pasa algo parecido ya que el aire es parte esencial del funcionamiento y cubrir la base puede alterar el calor y favorecer acumulación de grasa, con riesgo de incendio.
Como cierre, también hay una advertencia importante sobre la reutilización. El papel aluminio puede reciclarse y, en algunos casos, reutilizarse, pero no si estuvo en contacto con carnes o mariscos crudos. En ese caso, el riesgo es que conserve patógenos y termine contaminando otros alimentos o superficies.
Fuente:
TN
GENERAL JUAN MADARIAGA El Tiempo

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