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Perdió los brazos y la nariz por una descarga eléctrica: hoy cuenta cómo reconstruyó su vida


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Un día cualquiera, de esos que parecen repetirse sin sobresaltos, salió a trabajar como tantas otras veces. No había señales de que ese miércoles marcaría un antes y un después definitivo. Sin saberlo, estaba a punto de despedirse de la vida que conocía.


Yanina Benítez tiene 38 años y nació en Cipolletti. Desde muy chica estuvo ligada al mundo de la construcción, un camino que no fue casual: su padre era maestro mayor de obras y ese entorno la acompañó desde siempre. A los 16 años, cuando un amigo le propuso sumarse a trabajos de pintura, encontró su lugar casi sin buscarlo.


Con el tiempo fue creciendo en el oficio. Empezó desde abajo, con tareas básicas, y poco a poco ganó experiencia hasta llegar a dirigir trabajos. Pasó por distintos equipos hasta que decidió independizarse. Durante casi siete años trabajó sin parar, con jornadas que arrancaban al amanecer y terminaban de noche. Tenía clientes que la esperaban meses. Era exigente, intensa, pero feliz con lo que hacía.


Todo cambió tras la pandemia. Luego de varios meses sin actividad, en 2021 volvió a una obra en un taller sobre la ruta 22. El 15 de junio recibió el alta por COVID y al día siguiente regresó al trabajo. Estaba en altura, utilizando una herramienta de aluminio, sin saber que a pocos metros había cables de media tensión.


El contacto generó un arco voltaico. Recibió una descarga de 13 mil voltios. De ese momento no recuerda nada. Ni siquiera los días previos. Todo lo que sabe lo reconstruyó a partir de lo que le contaron.

Un compañero escuchó una explosión y alertó a su hermano, que también trabajaba allí. Él corrió desesperado, la encontró aún en contacto con la corriente y logró despegarla. No tenía signos vitales. Sin saber bien cómo, empezó a hacerle RCP. Pasaron minutos eternos. Nadie sabía cuánto tiempo. Le pedían que se detuviera, pero no lo hizo. Hasta que en un instante, Yanina volvió a respirar.

Pasaron dos meses hasta que abrió los ojos. El despertar fue brutal. No podía hablar ni moverse, y su cuerpo había sufrido daños irreversibles. Primero llegaron amputaciones parciales, luego la pérdida de ambos brazos. También perdió la nariz, uno de los puntos por donde salió la descarga.


El momento más duro fue cuando intentó levantarse y cayó. Sentía sus brazos, pero ya no estaban. Nadie le había explicado lo ocurrido. Nadie sabía cómo hacerlo. Solo podían acompañarla su hermana y su pareja, en plena pandemia. Para comunicarse, usaba un abecedario improvisado. Mientras tanto, hacía un esfuerzo enorme por aparentar fortaleza.

"Creo que en ese momento hubiese preferido morir", dice hoy, con una sinceridad que no necesita explicación.


El alta llegó en agosto y comenzó una rehabilitación desde cero. Volver a caminar, hablar, comer. “Era prácticamente un bebé”, recuerda. Pero además apareció otro desafío: las prótesis. Costosas, inaccesibles, con tiempos de espera interminables.


Su familia se movilizó como pudo: rifas, ventas, eventos solidarios. Juntaron dinero, pero no alcanzaba. La ayuda clave llegó cuando lograron contactar a Santiago Maratea, quien se comprometió a conseguirle las prótesis. Así pudo acceder a ellas, aunque hoy, años después, ya están cerca del final de su vida útil.


Con el tiempo, tomó una decisión que asustó a todos: volver a vivir sola. No sabía hacer tareas básicas, pero igual lo intentó. “Mis hermanas tenían terror”, cuenta. Sin embargo, aprendió. Hoy maneja, cocina, limpia. Recuperó parte de su independencia.


Aun así, hay heridas que no se ven. Intentó volver a trabajar, pero no pudo sostenerlo. Estar en una obra sin poder hacer lo que hacía antes era demasiado. También tuvo que atravesar pérdidas personales profundas: una relación que no resistió el impacto y un proyecto de maternidad que quedó truncado.


En el último tiempo empezó a mostrarse en redes sociales. Comparte su día a día, sus prótesis, su proceso. Algo que antes ni siquiera podía hablar con su entorno más cercano. “A mí me hubiese encantado que alguien me dijera cómo se hacen las cosas”, reflexiona. Hoy intenta ser esa guía para otros.

Dice que desde el accidente no volvió a vivir, que simplemente sobrevive. Pero también afirma, con la misma convicción: “Sé que en algún momento voy a volver a tener la vida que tenía, con limitaciones, pero lo voy a lograr”.


Y después de todo lo que atravesó, cuesta dudarlo.


Fuentes y fotos: LMNeuquén


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