
Durante años, la idea de que la etapa más difícil de la vida llega con la vejez se instaló casi como una certeza. El deterioro físico, la pérdida de autonomía y los problemas de salud suelen aparecer como los grandes temores asociados al paso del tiempo.
Del otro lado, la adolescencia también carga con su propio estigma: crisis de identidad, cambios emocionales y una sensación constante de inestabilidad.
Sin embargo, el divulgador científico Pere Estupinyá , plantea una mirada distinta. En un programa, el especialista aseguró que ni la juventud ni la vejez concentran el mayor nivel de dificultad .
Según explicó, la evidencia muestra que el período más duro se ubica entre los 40 y los 55 años . A diferencia de la adolescencia —donde predominan los conflictos internos— o la vejez —más asociada a lo físico—, en esta etapa se superponen múltiples presiones externas.
Es el momento en el que suelen coincidir el pico de exigencia laboral, la crianza de los hijos, el cuidado de padres mayores y una fuerte carga económica . A eso se suma una demanda emocional constante que muchas veces pasa desapercibida. “Físicamente, salvo que exista un problema de salud, no es lo que más condiciona. Es todo lo demás”, resumió.
Frente a esta etapa de máxima presión, Estupinyá propone una idea que rompe con los prejuicios sobre la edad: la “gerontolescencia” . Se trata de un período que suele comenzar a partir de los 60 o 65 años , donde muchas personas experimentan más bienestar del esperado.
Lejos de la imagen tradicional de la vejez, esta etapa puede estar marcada por nuevas motivaciones, proyectos y una percepción más positiva del tiempo por delante. En ese sentido, el especialista introduce el concepto de “edad prospectiva”, que tiene que ver con cómo cada persona percibe su futuro.
Para el divulgador, el verdadero desafío no está solo en los años que se viven, sino en cómo se viven. Por eso pone el foco en la salud emocional, los vínculos y los hábitos como pilares para transitar mejor cada etapa.
Además, advierte sobre el “autoedadismo” , esa idea de que ciertas cosas ya no corresponden a determinada edad. Frente a eso, propone una lógica más flexible: no dejar de hacer, sino adaptar .
Fuente:
TN
GENERAL JUAN MADARIAGA El Tiempo

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