Home Ads

Cientos de colegios argentinos recibieron amenazas de tiroteos y muchos niños temen ir a clases


Home Ads

Home Ads

En los últimos días, frases como “Tiroteo mañana” o “Van a morir todos” aparecieron escritas en paredes de baños, emails, redes y hojas apoyadas sobre pupitres en, por lo menos, cientos de escuelas a lo largo y ancho del país. Mientras se investiga si la consigna forma parte de un desafío de la plataforma TikTok, docentes y estudiantes comienzan a señalar a presuntos responsables, quienes, en algunos pocos casos, ya han sido detenidos.

En el interín, la dinámica escolar a nivel nacional se encuentra totalmente atravesada. Pese a que los ataques anunciados no se concretaron, alteraron la dinámica escolar y generaron un clima de extrema tensión, a tal punto que muchos padres decidieron no enviar a sus hijos a la escuela y otros estudiantes tomaron la decisión por su cuenta.

Una de las instituciones afectadas es la Escuela Técnica N° 9 D.E.7 “Ingeniero Luis Huergo”, en el barrio porteño de Caballito, donde la preocupación comenzó el miércoles tras la aparición de un mensaje con una advertencia de un posible ataque para el jueves 16 de abril. Desde entonces, la rutina cambió: hay dos patrulleros en la puerta, que permanecerán ahí hasta el viernes de la próxima semana, y los estudiantes dicen moverse con especial cautela, prestando atención a lo que ocurre a su alrededor.

A la salida del turno, el timbre suena y los alumnos comienzan a dispersarse. En la vereda, grupos de chicos siguen de cerca los rumores que circularon durante los últimos días. “ Me senté al lado de la puerta del aula , por las dudas. Sé que ya pasó el día de la amenaza, pero hay muchos rumores y la verdad me da miedo. Escuché que era un chico de tercero, pero no sé, porque otros dicen otra cosa”, contó Luca, alumno de segundo año, a LA NACION.

“Durante todo el día se habló de lo mismo. Capaz no pasa nada, pero no podés dejar de pensarlo . Cada ruido te hace mirar, ver quién entra, quién sale . No estás tranquila”, dijo una alumna que prefirió no dar su nombre. Nicolás S., de 16 años, suma: “En mi curso algunos se reían, pero otros estábamos en silencio. Nadie sabía bien qué creer . Yo miraba todo el tiempo la puerta del aula, cualquier cosa te hacía sentir que iba a pasar algo”.

Entre los más chicos, el miedo aparece de forma más directa. “A mí me dio miedo de verdad. Pensé en no venir hoy, pero vine igual. Ayer falté. Vine hoy y estuve todo el día incómodo”, contó otro alumno de primer año. “No es que pasó algo, pero el miedo está igual”, sumó. En cambio, entre los cursos más grandes hay posiciones más diversas.

En ese escenario de incertidumbre, el reciente episodio de San Cristóbal, donde el tiroteo no fue una amenaza, sino una realidad, aparece como un fantasma. A este caso se sumó hoy el caso de un alumno de quinto año de un colegio de La Plata que asistió a clases con un aire comprimido y una pistola de juguete. Según trascendió, el joven mostró estos elementos a otros compañeros dentro del establecimiento, lo que generó alarma y derivó en la intervención de las autoridades escolares.

A partir de esa situación, se activó el protocolo de seguridad correspondiente y se dio aviso a la policía. El caso motivó además la intervención de las autoridades educativas y judiciales para determinar cómo ingresó el alumno con esos objetos, en qué contexto se produjo la situación y si existió algún tipo de intencionalidad o amenaza concreta.

Muchos no quisieron ir a la escuela. “En el grupo algunos decían que no iban a ir. Otros sí, pero con miedo”, contó Micaela P., de 16 años. En su caso, sus padres le pidieron que no asistiera. “Yo les conté a mis viejos lo que estaba circulando y me dijeron que no fuera. Tenían miedo, me dijeron que preferían prevenir. Les daba terror que pasara algo como lo que se vio en otros casos. Yo no pensaba que iba a pasar algo, pero igual me quedé en casa”, relató.

Las decisiones familiares también impactaron en la asistencia. “Nos avisaron el mismo miércoles por un grupo de la escuela. Por precaución no la mandé ese día. Me tranquilicé un poco cuando vi que también pasaba en otras escuelas, pero igual te da miedo. Hoy la traje y la voy a venir a buscar ”, explicó Andrea Ocaña, madre de una alumna de primer año. A su lado, su hija dijo en voz baja: “Tengo miedo”. Otra madre que estaba en la puerta comentó: “Uno no sabe si es verdad o no, pero con los chicos no se arriesga”.

La situación se repite en otros establecimientos. En la Escuela Superior de Comercio Carlos Pellegrini , dependiente de la Universidad de Buenos Aires, también circuló un mensaje intimidante que se difundió entre alumnos y familias. La institución emitió un comunicado en el que rechazó ese tipo de expresiones y reafirmó su postura frente a hechos de violencia. En las inmediaciones, no hay patrulleros en la puerta, pero sí presencia policial en los accesos y vigilancia en la zona. “No tengo miedo, creo que esto no es real”, sostuvo Tomás, estudiante del colegio. Otra alumna señaló: “Sí te hace ruido, porque lo ves en todos lados. Capaz es mentira, pero igual lo pensás”.

En paralelo, en Quilmes Oeste , una escuela parroquial también se vio alcanzada por la circulación de mensajes con amenazas difundidos a través de redes sociales. La institución informó que estaba al tanto de la situación y que mantendría las clases, aunque dejó a criterio de cada familia la asistencia. En los grupos vinculados a la comunidad educativa, el tema generó preocupación y dudas sobre cómo actuar frente a mensajes cuyo origen no está claro.

Distintas organizaciones estudiantiles también comenzaron a pronunciarse. Desde el centro de estudiantes del Colegio Nacional de Buenos Aires difundieron un comunicado en el que advirtieron sobre la necesidad de abordar la situación de manera integral. “Frente a las amenazas de tiroteo que se dieron en estos últimos días en diferentes secundarios del país, como estudiantes organizados, vemos fundamental y urgente la concreción de un plan conjunto que tome en consideración la salud mental de los estudiantes”, señalaron. En el texto, plantearon que ese plan “debe contener y proteger ante los peligros de la exposición temprana a redes sociales y los contextos socioeconómicos, y estar a la altura de la crisis de salud mental que atravesamos generacionalmente, tanto a nivel nacional como global”.

Además, sostuvieron que “como sociedad no podemos permitir que la escuela se convierta en un espacio de odio. Debe educar, contener y crear comunidad”, y remarcaron la necesidad de “organizarse frente a esta crisis”, que —según indicaron— también está atravesada por discursos de odio. En esa línea, adhirieron a propuestas de organización como asambleas, espacios de debate y jornadas de reflexión, y reclamaron “presupuesto para la ley de salud mental”. También convocaron a un plenario en la puerta del colegio “para escucharse y reflexionar en conjunto sobre la violencia, los discursos de odio, la salud mental y las amenazas realizadas”.

En todos los casos, más allá de las particularidades de cada situación, la reiteración de amenazas, la viralización de mensajes y la aparición de episodios concretos contribuyen a consolidar un clima de incertidumbre que atraviesa a las escuelas. El impacto se refleja en la vida cotidiana: cambios en la asistencia, estudiantes más atentos, familias que evalúan si enviar o no a sus hijos y jornadas atravesadas por la duda sobre si lo que circula es real o no.


Fuente: La Nación


Home Ads

Home Ads
GENERAL JUAN MADARIAGA El Tiempo