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MAR DEL PLATA - Mirtha Legrand, íntima y lúcida a días de cumplir 99 años: “Lo que más me impresiona es el amor de la gente”


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Instalada una vez más en Mar del Plata, Mirtha Legrand atraviesa el verano con la misma energía que la convirtió en una figura única de la televisión argentina. Desde el hotel Costa Galana, donde se hospeda y realiza su programa, la diva reflexiona sobre su presente, el país y el vínculo inquebrantable con el público que la acompaña desde hace más de ocho décadas.


Se despierta temprano, incluso después de acostarse de madrugada tras una salida al teatro o una cena con amigos. Atenta a la actualidad, escucha la radio apenas amanece y no duda en opinar sobre temas productivos. “El mar es muy importante, pero también hay que tener en cuenta el campo que rodea a la ciudad; es un lugar de producción fuerte”, señala, con la naturalidad que la caracteriza.


El próximo 23 de febrero cumplirá 99 años, una cifra que asombra incluso a ella misma. Sin embargo, su agenda desmiente cualquier idea de retiro: graba su programa, sale por las noches, va al teatro y mantiene reuniones de trabajo. “Me hace muy feliz hacer mi programa en Mar del Plata”, afirma sobre esta nueva temporada de La noche de Mirtha, que volvió a emitirse desde la ciudad balnearia.



A la hora de pensar en su trayectoria, no oculta la emoción. “Me sorprendo a mí misma, no puedo creer la edad que tengo, aunque lo que más me impresiona es el amor de la gente”, confiesa. Y recuerda con cariño aquel debut cinematográfico que marcó su destino: una joven desconocida que entró al cine en tranvía y salió convertida en estrella, ovacionada de pie por el público.


Cada una de sus apariciones en los teatros marplatenses genera expectativa y aplausos. “La gente se saca fotos, me saluda con mucho cariño y respeto, y los actores siempre tienen una palabra agradable hacia mí”, relata. En un contexto social atravesado por divisiones, Mirtha reconoce que su figura logra unir generaciones y miradas. “Es cierto, soy bien recibida en todos lados”, dice con humildad.


Cuando se le pregunta por el secreto de su vitalidad, responde sin vueltas: “Seguramente hay algo genético. Llevo una vida sana, descanso, como variado”. Y vuelve a definirse con una palabra que ya es marca registrada: “Soy gánica”. Esa energía la impulsa a mantenerse activa, informada y en contacto permanente con la realidad. “No soy anciana, soy una mujer grande y estoy muy informada. Escucho radio, miro televisión y leo tres diarios todos los días”, subraya.


La pandemia fue un punto de inflexión. Al notar que su cuerpo no respondía igual, consultó a su médico. La indicación fue clara y contundente: “Trabaje, Mirtha, trabaje”. Así volvió, primero compartiendo la conducción con su nieta Juana Viale y luego retomando su lugar histórico.


Fiel a su estilo, también opina sobre la situación del país. “Está difícil, falta trabajo, está caro, los sueldos no alcanzan, ha habido muchos despidos, pero tengo fe”, resume. Y agrega, con la convicción de quien ha visto pasar décadas de historia: “Siempre hemos salido adelante y creo que, una vez más, Argentina puede ser un gran país”.


Atenta a la realidad cultural, no dejó pasar la caída en la venta de entradas teatrales. “Eso quiere decir que a la gente no le alcanza la plata. Es preocupante que, en un país tan rico, suceda esto”, advierte.



Antes de despedirse, Mirtha deja un mensaje tan simple como profundo, dirigido a su público de siempre: “Tengo muchas obras por ver aún; búsqueme en algún teatro y salúdeme”. A punto de cumplir un siglo de vida, sigue siendo la misma: cercana, vigente y profundamente conectada con la gente.


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