Por La Tecla.Info
El colapso del sistema cloacal sobre la Ruta 11 volvió a
poner bajo la lupa el crecimiento urbano sin planificación, la falta de
inversión en infraestructura básica y las responsabilidades políticas de un
municipio que promociona un destino premium, pero enfrenta una emergencia
sanitaria en temporada alta.
El desborde cloacal registrado sobre la Ruta 11, a la altura
del kilómetro 396, expuso una problemática de fondo vinculada al crecimiento
urbano y a la falta de infraestructura sanitaria en Pinamar. La imagen de
efluentes, barro y residuos inundando uno de los principales accesos a la
ciudad, en el inicio de la temporada alta, puso en cuestión el modelo de
desarrollo del distrito y contrastó con el perfil de “destino premium” que
promociona el municipio.
El episodio ocurrió el lunes por la mañana y derivó en un
operativo de emergencia a cargo de Defensa Civil, Vialidad provincial y Aubasa.
Como consecuencia, se dispuso un corte total de la Ruta Provincial 11 entre los
kilómetros 393 y 396, en el tramo que conecta Pinamar con Ostende. La
interrupción del tránsito generó importantes demoras, complicaciones en la circulación
y situaciones de riesgo vial, con vehículos desplazados hacia la banquina por
el caudal de agua en uno de los corredores más transitados durante el verano.
Desde el Ejecutivo local, el secretario de Seguridad,
Francisco Montes, explicó que el alerta fue emitido por Defensa Civil y
reconoció que Pinamar nunca contó con una planta depuradora de efluentes.
Señaló que recién en la actualidad esa obra se encuentra en etapa de gestión y
construcción. Detalló además que el sistema cloacal se basa en dos grandes
lagunas conectadas mediante bombeo y que, según informó la Cooperativa de Agua
y Luz de Pinamar (CALP), concesionaria del servicio, el desborde se produjo a
raíz de una falla en una de las bombas, lo que provocó el paso del agua hacia
el otro lado de la ruta y daños en el asfalto.
Sin embargo, para el dirigente local de Fuerza Patria,
Martín Porretti, lo ocurrido no puede explicarse únicamente por un desperfecto
técnico. Sostuvo que el crecimiento urbano de Pinamar no se corresponde con la
capacidad real del sistema de servicios y advirtió que esa contradicción se
vuelve crítica durante la temporada alta. “Hay una cantidad de construcciones
que supera ampliamente lo que Pinamar puede absorber. En verano, eso desborda.
Y desborda literalmente”, afirmó, en referencia directa al colapso registrado
sobre la Ruta 11.
Porretti cuestionó además la ausencia histórica de una
planta de tratamiento de efluentes y la falta de control sobre el
funcionamiento del sistema actual. Señaló que, aunque se hayan iniciado obras,
persisten problemas graves vinculados al mantenimiento de las lagunas y al rol
del municipio como autoridad de control sobre la CALP. En ese sentido, remarcó
que la responsabilidad no puede ser trasladada exclusivamente a la
concesionaria y que el Estado local tiene la obligación de supervisar,
sancionar o incluso rescindir contratos ante incumplimientos.
El dirigente aportó también datos que, a su entender,
reflejan el desorden estructural del sistema sanitario: más de 40 mil
conexiones eléctricas frente a apenas 19 o 20 mil conexiones cloacales. Indicó
que más de la mitad del distrito no cuenta con cloacas y que, incluso en los
sectores conectados, los efluentes no son tratados en una planta, sino que
terminan en lagunas de derrame. El resto de la población depende de pozos que,
según advirtió, se encuentran saturados, lo que obliga a un uso intensivo de
camiones atmosféricos, especialmente en localidades como Cariló.
Finalmente, Porretti encuadró la situación en una
problemática ambiental de mayor alcance. Advirtió que el avance de la
construcción afectó el sistema de médanos, que funciona como reservorio natural
de agua dulce, y que la contaminación de los pozos agrava ese escenario.
“Estamos encerrados: de un lado el mar, del otro la cuenca salobre del Salado,
y en el medio una reserva lenticular de agua dulce que está llegando a su
límite”, describió. Y planteó un interrogante que sintetiza el debate de fondo:
cómo sostener el crecimiento urbano y turístico sin infraestructura básica, sin
planta de tratamiento y sin controles efectivos sobre un sistema sanitario que
muestra signos de colapso.
GENERAL JUAN MADARIAGA El Tiempo

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