Cayó el tercer implicado en el asesinato de Lautaro Alvaredo


Este sábado, la Policía bonaerense detuvo al tercer sospechoso por el asesinato de Lautaro Alvaredo, el joven de 19 años que había recibido una brutal patada en la cabeza en medio de un ataque a la salida de un boliche en Laferrere el domingo 5 de noviembre. Lautaro murió 12 días después, el 17 de noviembre.

 

El papá de Lautaro, Diego Alvarado, confirmó a Clarín que encontraron al último implicado en la muerte de su hijo. “Según lo que nos dijo el fiscal eran tres los que realmente cometieron el crimen. Este último no es solo el que le pega la patada, sino el que también le roba el celular a mi hijo”, señaló a este diario.

 

El sospechoso es un joven de 19 años, que se suma a los dos detenidos: Ian Noguera (19) y Fabricio Román Stella (18). Noguera, presunto autor de la patada en la cabeza, ya fue indagado por el fiscal Matías Folino, pero se negó a declarar. En tanto Stella declaró que participó de una pelea en la que él también recibió golpes y que se defendió.

 

“La Justicia está actuando rápido y nos genera un gran alivio. Esperamos que se haga justicia y que no quede todo en la nada y que realmente pague quien tenga que pagar. Hace días que no dormimos, hoy podemos decir que vamos a dormir un poco más aliviados”, sentenció.

 

La causa fue caratulada como "homicidio agravado por alevosía", un delito que tiene penas de prisión perpetua.

 

La pelea comenzó en el interior de Cyrux, un boliche ubicado en Luro y Pedro Obligado de Laferrere. Un amigo de Lautaro discutió con otro joven dentro del local porque le habían roto los anteojos y la disputa siguió afuera.

 

Según pudo verse en una cámara de seguridad que se difundió en las horas posteriores, la pelea duró poco más de dos minutos. En un momento, Lautaro cayó al suelo y recibió un golpe en la cabeza.

 

Quién era Lautaro Alvaredo

 

Lautaro Alvaredo (19) vivía con sus padres Diego y Tamara, y como hijo mayor cuidaba a sus cuatro hermanos. Era el hombre de la casa, tomaba las riendas y ayudaba a su mamá, que debía dedicarse a Máximo, de apenas cinco meses.

 

Había terminado el colegio y quería estudiar administración de empresas, pero debido a necesidades económicas familiares ayudaba "para llevar el mango a casa", había contado Camila, su tía. Trabajaba en un local de productos químicos y ayudaba a hacer el reparto, y los fines de semana se encargaba del sonido de los shows que su padre ofrecía en los bares de González Catán, donde vivía.

 

Le gustaba la música a Lautaro y lo estimulaba el cuarteto que practican Los Alvaredo, la banda de su papá Diego y sus tíos que tributa a Ulises Bueno. "Así empezó a acompañar al padre y les daba una mano con el sonido en cada recital que hacían. Empezó a colaborar tímidamente hasta que se convirtió en uno más del grupo, pero debajo del escenario".

 

Responsable, solidario, Lautaro no sólo no causaba inconvenientes, sino que "se caracterizaba por solucionar los problemas. Siempre estaba dispuesto. Un pibe sano, viste, casero, que resolvía como un adulto. Cuidaba a sus hermanos y los llevaba o pasaba a buscar cuando era necesario".

 

Hincha de Boca, futbolero de jugar más que de mirar, "Lauti" tenía fascinación por los autos. Le gustaba ir a exposiciones y estaba aprendiendo a manejar.

 

Tenía su grupo de amigos del colegio y del barrio, pero siempre les rechazaba la invitación a bailar. "No le gustaba ese ámbito, no era de disfrutar bailar, tampoco era de esos pibes que querían encarar a alguien... Era de otro ambiente, prefería tomar algo de día, a tomar cerveza de noche, por eso es increíble lo que pasó. Justo que aceptó ir, se encontró con este asesino", había relatado su tía.


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