Un peón rural recibió una descarga de un cable de alta tensión y se salvó de milagro

Agustín Etcheto se encontraba desarrollando el miércoles pasado tareas rurales en el establecimiento Don Bonde, cuando padeció una fuerte descarga eléctrica. El lugar es propiedad de su madre Mirna Hansen, está ubicado a unos 15 kilómetros de Orense, sobre la ruta 72, y en una zona cercana también a San Francisco de Bellocq. 

De acuerdo a la reconstrucción que pudo realizar por mensajes de texto y una llamada telefónica, el hecho sucedió aproximadamente a las 10.50. Y siente que es un milagro haber sobrevivido y agradece a Dios. 

En una entrevista publicada por La Voz del Pueblo, señaló que “esa mañana me tocó fumigar, cuando terminé me preparé para lavar la máquina, lo que hacemos siempre. Estacioné con la finalidad de empezar a limpiarla. Como la llevo con un tractor viejo, no tiene mucha fuerza el hidráulico, entonces para levantar los dos brazos del fumigador que son de diez metros de cada lado tengo que salir e intervenir yo”



En consecuencia, bajó e hizo las maniobras habituales con la parte izquierda y luego con la derecha, tras lo cual se dirigió nuevamente hacia el tractor, “confiado de que ya estaba lista la maquinaria. Cuando trato de subir recibo la primera descarga eléctrica”. 



No se dio cuenta en este momento, pero “el ala derecha de la fumigadora quedó tocando una línea de alta tensión”. Agustín dijo que “la primera descarga me arrodilló, fueron dos segundos que me quedé pensando que había pasado, no entendía nada”. Puntualizó que “entra por el dedo del medio de la mano izquierda y por el dedo chiquito del pie derecho. Me derritió la zapatilla y la media, me la pegó en el pie”. 



Percibió poco después “más descargas por tener las dos piernas en la tierra. En todo momento estuve consciente, empecé a sentir como que mis brazos se salían de mi cuerpo y que se retorcían las articulaciones. Como si parte del cuerpo ya no estuviera”. No tiene presente “si el brazo lo tenía apoyado en algún lugar, pero también me provocó quemaduras y lesiones en el codo derecho”. 

Agustín estaba solo, vio que “una goma se reventó y empezó a salir humo. Se dañaron las dos grandes y una de las dos gomas chicas”. En su descripción, subrayó que “no me podía mover”. Pero agregó que “no sé cómo saqué fuerzas, seguramente por mi familia, mi hija y por instinto de supervivencia. Sabía que tenía que moverme de ahí. Giré dos veces y salí de todo ese infierno”. 



Fue caminando como pudo unos 500 metros hasta el casco del campo La Estancia, de su tío Mauricio Hansen, para lo cual debió superar dos alambrados. Contó que “me ardía por todos lados, como si tuviera fuego por dentro. Iba gritando porque no aguantaba, es inexplicable”. 

Recién advirtió que la fumigadora estaba tocando cables “cuando había recorrido unos 200 metros y giré para ver lo que había pasado. Ahí es como que entendí, reaccioné”. 

Explicó que cuando llegó a la casa de su tío “abrí la puerta, le dije ‘me estoy muriendo, llévame a la salita. Y llamá a la cooperativa eléctrica de Orense para que corten la energía’.

Me preocupaba el riesgo de que fuera mi madre hasta el lugar u otra persona. Mi tío se quedó un segundo porque no entendía bien que pasaba, pero sintió el olor a quemado que yo tenía, me llevó derecho a la sala de Orense y se comunicó con la usina”. 

El primero en verlo fue el doctor Joaquín Hartstock. “Excelente todo, una atención buenísima de él y del personal de enfermería. Me derivaron enseguida a la terapia de la Clínica Hispano, se generó una arritmia, parecía que me explotaba el corazón, se me salía del pecho”, expresó. 



Fue recibido por el doctor Adrián Laborde, había otros médicos y también lo asistieron enfermeros: “Estuve dos días internado porque no podían bajar la arritmia, hasta que las pulsaciones quedaron más estables”. Al describir las consecuencias físicas, sostuvo que “sufrí quemaduras en dos dedos del pie derecho y en el dedo del medio de la mano izquierda, con el que hice contacto con el tractor, fue cuando la descarga me recorrió -o así lo sentí- todo el cuerpo”.

Además mencionó que “tengo puntos rojos en las dos piernas, desde las rodillas hacia abajo. El pantalón me quedó como un colador. En el codo derecho, no me acuerdo si lo apoyé en algún lugar, hay lesiones por quemaduras. Y lo más importante era el corazón, controlarlo, más teniendo en cuenta que cuando era un bebé me operaron la arteria aorta”.

Un cardiólogo en Tres Arroyos le indicó que pida un turno de urgencia para hacer un estudio profundo y completo, por lo cual debe comunicarse con un instituto cardiológico de Buenos Aires. 

Volvió a nacer 

Las consecuencias en estos casos pueden ser letales. Agustín exclamó que “el médico no podía creer que esté con vida. Le mostré las fotos del tractor y más impresionante era por el estado en que quedaron los neumáticos. Creo que hizo la descarga final, se cayó todo el enganche y se cortó la corriente. Eso considero que me salvó y las zapatillas, tener un buen calzado”


Al respecto, observó que “si hubiese estado de alpargatas tal vez no la contaba y tampoco en caso de usar botines de punta de acero. Se dio la casualidad que tenía zapatillas, justo ese día”. 

Se encuentra haciendo reposo y le recetaron un medicamento por la arritmia. Debe recuperarse porque “camino un poco o hago algo y me agito”. Con énfasis, valoró que “volví a nacer. El doctor me dijo que el mío es un caso en un millón. En Orense le pasó exactamente lo mismo que a mí a un chico hace algunos años y falleció”

Admitió que “pensé que me moría. Alguien estuvo ahí, me dio las fuerzas para girar y salir”.