Un argentino que se siente ucraniano: “Aquí soy útil y puedo ayudar”

 



Cae agua nieve y la temperatura marca tres grados bajo cero en Rzeszow, pueblo polaco fronterizo con Ucrania. Hace siete horas que Martín Morrongiello (32) está esperando allí a familiares de su novia oriunda de Kiev, que  hace dos días intentan abandonar el país y refugiarse en Cracovia, donde el argentino alquiló un departamento hace una semana.


Son horas convulsionadas en Ucrania por la invasión y ataque de las fuerzas rusas, pero Martín, bonaerense, transmite calma y sosiego, inclusive se lo escucha entusiasta por poder dar una mano. "Me preocupé en un momento, sentí que la situación se estaba complicando, pero miedo te confieso... nunca sentí.  ¿Será porque yo soy de La Matanza y estaré curtido?", dice entre risas y mientras toma un vino caliente recién comprado en la estación de trenes.


Ingeniero en informática, Martín vivió los últimos años en Barcelona y en 2021 viajó a Ucrania gracias a una oportunidad laboral temporaria en una empresa de dispositivos de seguridad. "Estuve en marzo, junio y septiembre, hasta que mi jefe me propuso un trabajo estable y  acepté no sólo por el trabajo sino porque me encantaba el país, la ciudad de Kiev me parecía hermosa y su gente encantadora. En pocos meses me hice de amigos que me invitaban a su casa a dormir, te juro que por momentos me sentía en Argentina, aunque es todo una rareza por aquí".


Si bien no fue sencillo por el idioma, la idiosincrasia y el clima, de a poco Martín le tomó cariño a Kiev, hasta que  conoció a Kateryna (30). "Nos pusimos a charlar en un bar, en inglés y algo de ruso que vengo estudiando hace unos meses, y pegamos onda. Empezamos a vernos más seguido pero nada demasiado pegajoso, nuestro vínculo iba muy a fuego lento, ella se había portado muy bien conmigo ayudándome a entender la ciudad. Yo, que venía de España, estaba perdidísimo".


La relación venía increscendo hasta que la amenaza de la invasión rusa se tornó inminente y, sin vacilar, le propuso a Kateryna: " 'Me voy a Polonia, venite conmigo'. Nadie quiere irse de su casa, menos un ucraniano o ucraniana, para quien la patria es intocable. Es un pueblo muy abnegado el ucraniano, laburador y humilde, pero  no le toques su tierra, lo dejan todo, la gente de a pie está dispuesta a lo que sea", describe el argentino.


Hiperinformado por un lado y "presionado" por otro, familia y amigos le insistían para que volviera a la Argentina. "Lo que me llamaba la atención era que desde La Matanza mi viejo me decía que se iba a pudrir todo y en Kiev ningún ucraniano imaginó que esto podía ocurrir, ellos creían que se trataba sólo provocaciones que no iban a pasar a mayores, lo cual me llamó la atención. Hasta que una aplicación que tengo en mi teléfono, que se llama  Unidad de Crisis, me empezó a mandar mensajes de alarma.  'Abandonar el país lo antes posible'. Y ahí no lo dudé".


Como tampoco dudó cuando su mamá le suplicó que volviera a la Argentina. " Con todo el dolor del mundo le dije que no, que de mi país, que lo amo, me había cansado por tantas negativas y obstáculos... que ya no quiero estar más ahí... Por un lado notaba que en lo laboral y personal había crecido mucho, por otro, si bien no me creía un ucraniano más, no me daba lo mismo lo que estaba pasando. No podía imaginarme estar en Buenos Aires comiendo asado con mis amigos y enterarme que bombardeaban Kiev como si nada.  Yo acá me siento útil, estoy ayudando a mi novia, a su familia y amigos".


Cae la noche cerca del límite de Polonia y Ucrania. Martín interrumpe la charla porque tiene insistentes llamados de su novia, pero no hay noticias de los familiares que tienen que cruzar desde Ucrania. "Es un caos, las rutas están repletas y, si bien son menos de 200 kilómetros, hace dos días que salieron y avanzan a paso de tortuga. Acá en esta estación hay muchos que están en la misma que yo, esperando a sus seres queridos". Muestra imágenes de Rzeszow y se advierte que hay carpas calefaccionadas y gente con provisiones esperando.


Vuelve a interrumpirse el diálogo y se escucha a Martín hablando en inglés.  "Ok, I start working on Wednesday". Era su jefa, que le cuenta que  la empresa, que estaba basada en Kiev, se mudó a Polonia. "Me llamó para saber cómo estaba y me preguntó si estaba en condiciones de reanudar las tareas de manera virtual, así que este miércoles arranco, de no mediar imponderables. Me siento bien en mi laburo, cómodo, contenido... De hecho, un par de compañeros me escribieron casi como despidiéndose, porque se habían reclutado como voluntarios para pelear. Me mató, te juro".


Creyente y agradecido, Martín está convencido de que Kiev le abrió las puertas "y si bien yo me fui porque sentía que mi vida corría peligro, estoy tranquilo porque a su gente le estoy devolviendo algo de lo que me dio. Ahora estoy en un lugar a salvo (Cracovia), pero  no me puedo borrar, ¿entendés? Y estoy organizando con algunos influencers, vía internet, una colecta con donaciones para ayudar a los refugiados. Por suerte mi familia me pudo entender, aunque le costó... Creo que si había un momento para no volver a la Argentina y estar a miles de kilómetros era justamente éste".


Dice ser "apolítico", no comulga ni con el gobierno de Alberto Fernández, ni con Cristina Kirchner ni Mauricio Macri. Sin embargo, afirma que "la visita del presidente Fernández a Vladimir Putin, un par de semanas antes de la invasión rusa, fue inoportuna y equivocada. Pero deja al descubierto la desesperación y el aislamiento del gobierno argentino, que fue a pedir la última escupidera y el único que lo recibió fue Putin...  Este tipo de acciones, a la larga, las vamos a pagar, el mundo no se olvida de actitudes y de elecciones como ésta".


Sobre el futuro y las posibles negociaciones entre los gobiernos de Putin y Volodímir Zelenski (presidente ucranio), el joven argentino es escéptico. "Si bien estoy informado, yo soy un extranjero más, pero  me da la sensación de que es difícil que lleguen a un acuerdo, porque la soberanía, que es lo que quiere Rusia, no se la van a entregar. El pueblo civil ucraniano está dispuesto a dejar su vida, como ese hombre que se inmoló en un puente para que no pase un tanque ruso. Y eso me da temor, porque Rusia avanza y  tengo miedo que Kiev se convierta en una carnicería".


Dice estar sorprendido por el primer mandatario ucranio, que  logró dar vuelta una imagen negativa que su pueblo tenía sobre él. "La verdad es que sorprende su valentía y audacia, el tipo está en Kiev, no se escapó cuando podía haberlo hecho, y eso a la gente no sólo la movilizó sino que la impulsó a salir a las calles. Y si lo llegan a matar, Zelenski se va a convertir en un mártir, algo que a Rusia no le convendría".


Finalmente, sobre su noviazgo con Kateryna, Martín está embalado. "Somos tan distintos... pero confluimos en el amor que va creciendo cada vez más y que se potenció con la guerra, aunque suene extraño. Atravesamos momentos muy difíciles, de mucho estrés, pero nos mantuvimos unidos, sintonizamos y hasta a nosotros nos sorprende. Y todo lo que tiene de linda, lo tiene de brava... Acá las mujeres tienen mucho carácter, personalidad y fortaleza, pensá que el 20 por ciento del ejército ucraniano está integrado por mujeres".


Está muy involucrado con la causa Martín, que no tiene prurito en decir que se siente uno más. "No me creo ucraniano, pero no me resulta indiferente lo que está pasando,  me identifico, tengo la camiseta puesta y eso es porque mi novia me inculcó esta cultura. ¿Qué sabe ella de Argentina? No existimos, no tiene la menor idea de dónde estamos ubicados, pero le hablo, le cuento y  ya se va a enganchar". Dice que el frío lo tiene paralizado y entrará en la estación donde la señal se diluye.