(AUDIO) “Cuentos del tío” tumberos: Las escuchas a la banda que robó más de $5 millones desde la cárcel

En los primeros días de agosto, un grupo de policías de Chubut realizó más de 25 allanamientos en distintos puntos del país que incluyeron dos cárceles de Córdoba. El objetivo era una banda que se dedicaba a realizar estafas telefónicas, cuentos del tío a víctimas en varias provincias. Pero se encontraron con mucho más. Los dos líderes de la organización eran presos que estaban condenados, por otros delitos a más de 10 años y sus cómplices eran casi todos familiares: novias, hermanos, primos y hasta madres y padrastros, una estructura familiar que no contó con que la Justicia había intervenido sus celulares a principios de año y escuchaba todas sus conversaciones y registraba sus movimientos. En los audios que constan en el expediente hablan con víctimas y discuten sobre cómo esconder el dinero robado.

El primer cuento de esta banda que fue registrado por la Justicia sucedió en Puerto Madryn, en donde comenzó la investigación a cargo del fiscal Daniel Báez. Un empleado de una empresa pesquera, decidió comprar un celular por internet. Acordó con el vendedor que se lo enviarían a través del correo Andreani pero a los pocos días, el hombre notó que el envío estaba algo demorado y decidió realizar el reclamo mediante lo que creía ser la página de Facebook del correo privado. Ingresó y completó un formulario con sus datos. Nunca se imaginó que, en realidad, era una web falsa, una trampa con idéntica apariencia a la verdadera, pero controlada por los estafadores.

A los pocos minutos, lo llamaron por teléfono. Del otro lado, alguien con tono cordobés le dijo ser un tal “Leonardo Martínez”, empleado de la empresa. Hizo la actuación de que le tomaba el reclamo solicitándole su DNI y el número de guía del seguimiento de envío. También, le pidió su usuario de home banking y su clave token.

Mario cayó. Al día siguiente todo su dinero de la caja de ahorro, unos $500 mil, se esfumó. Pero el robo no se detuvo ahí. Los delincuentes le sacaron un préstamo preaprobado a su nombre de 1.119.000 millones de pesos.

A este caso se le sumaron otros similares en la ciudad patagónica y en otros puntos del país. A raíz de eso, el fiscal Daniel Baez ordenó un seguimiento de los teléfonos desde donde provenían las estafas y se intervinieron en total 13 celulares. Gracias a ese trabajo de inteligencia se logró recolectar información sobre el tipo de maniobras que realizaban, cómo transferían el dinero entre cuentas, de qué manera lo retiraban desde los cajeros y que hacían luego con él.

En una de ellas, se logró captar a los delincuentes en plena estafa. Una mujer fue engañada con que iba a ser destinataria de un beneficio económico por parte de ANSES pero para poder cobrar debía ir hasta un cajero automático, generar una nueva contraseña y entregarla.

“¿Se encuentra adentro del cajero? Bien, vamos a abrir los canales de acreditación para que pueda ingresar la tramitación de nosotros hacia tu cuenta”.

Comienza el delincuente con tono amable una vez que la mujer ya se encuentra dentro del banco. En el transcurso de la comunicación el estafador le indica cómo gestionar una nueva clave de home banking y luego un token.

Recién cerca del final de la charla, la víctima tiene una leve sospecha pero rápidamente desde el otro lado reafirman el eje de la estafa: 

“Esto es para poder hacerte la acreditación en el día de la fecha hacia a tu cuenta. Nada más que eso. Vos le estas dando de alta al token para que nosotros podamos transferirte”.

Luego, la mentira que cierra la estafa: 

“Ahora lo que te vamos a solicitar es que te salgas del cajero, me pases fotos de los dos tickets para que yo pueda corroborar en el sistema y poder hacerte la transferencia ahora mismo de acá a 10 o 15 minutos, vas a poder ingresar y retirar el monto de tu préstamo”.

Le dijeron.

En la investigación que lleva adelante el Ministerio Publico chubutense, quedó acreditado que el gran negocio de los estafadores, más allá del robo a las cuentas, estaba en el préstamo que conseguían a nombre del estafado. Una vez que se acreditaba ese monto, casi siempre por encima del millón de pesos, comenzaba un mecanismo para movilizar el dinero hasta retirarlo por ventanilla en una sucursal bancaria.

“El traslado de plata se hacía en cuestión de minutos, con el objetivo de quitarlo del sistema bancario por una ruta sostenida que contaba con cómplices en el exterior que, a cambio de un porcentaje, operaban a favor de la organización y movían el dinero por diferentes cuentas bancarias y virtuales hasta que finalmente retornaba de manera física a los autores principales”.

Explica el fiscal Báez en la solicitud de allanamiento.

Los cabecillas de la banda fueron identificados como Mario Alejandro C., preso por homicidio, y Jonathan E.L., detenido por lesiones agravadas y robo de vehículo. Ambos están alojados en cárceles de Córdoba y se cree que desde allí daban las directivas para realizar las estafas a sus familiares que estaban en el exterior. Con respecto a E.L, el fiscal identificó que sus cómplices eran su madre, sus hermanos, su cuñado y la madre y padrastro de éste último.

En el audio número 13 del expediente se registra una comunicación entre uno de los detenidos y un cómplice. En esa conversación ambos hablan sobre cómo pueden conseguir una cuenta que no esté a nombre de ninguno de ellos para transferir dinero robado.

- Estafador: 

Necesitamos una a la que tengas acceso que no sea de ninguna de las conocidas para yo transferir y de ahí pasarla a cualquier otra y sacarla. Si tiene otro domicilio mejor, dice uno de los estafadores

- Cómplice: 

“¿Y cuánto hay para repartir si yo rescato una cuenta? Porque no va a ser mía, va a ser de otro”.

- Estafador: 

Si vamos en 3, vamos en partes iguales, no tengo drama yo mientras sea una cuenta que no sea de un domicilio cercano de acá.

Mientras continúa la investigación en manos del fiscal Báez, hasta el momento no se pudo recuperar casi nada del dinero robado a pesar de los allanamientos. Tampoco hay detenidos, más allá de los cabecillas ya presos por hechos anteriores.

Al día de hoy, luego de varios meses de la estafa, los bancos todavía le reclaman el dinero de los préstamos a las víctimas.



 

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