Un argentino que vive en India contó el drama del colapso sanitario por el COVID-19: “Creman a la gente en la calle”


Se trata de Federico Jarast de 33 años que es abogado y, desde 2019, trabaja como profesor universitario en Sonipat, en el estado de Haryana. a unos 50 kilómetros de Nueva Delhi. 

Su llegada a India no fue planeada: lo tomó por sorpresa mientras hacía una maestría en una de las escuelas de Derecho más prestigiosas del mundo donde -por su importante currículum- le acercaron una propuesta laboral muy interesante.

En 2018, dejó la Argentina para mudarse a los Estados Unidos y estudiar en The Fletcher School, luego de haber ganado una de las becas Fulbright que otorga la Embajada de ese país. Allí, fue contactado por la universidad india, Jindall Global University. Le ofrecieron incorporarse como profesor asociado a esa institución educativa y enseñar Derecho Internacional Público.

Así fue como en julio de 2019, se instaló en Sonipat -ciudad en la que se encuentra la universidad y su campus- donde la pandemia lo obligó a dejar las clases presenciales y, desde marzo de 2020, las dicta online. También, representa a la startup argentina, Solucionet, una consultora de e-commerce presente en varios países y a la que Federico hoy le está abriendo las puertas en India.

“Llegué con mucha incertidumbre porque nunca había estado antes y, directamente, me vine a vivir. Hace casi dos años que resido en Sonipat, en un barrio cerrado donde hay departamentos y dormís. Es una zona alejada de la ciudad y rural. Salgo a correr y me cruzo con una manada de ciervos autóctonos. También, me puedo encontrar con víboras peligrosas. Del otro lado del alambre del barrio, el lugar no está parquizado y es un ambiente rural. Es como Capilla del Señor, pero hace 15 años. Tenés campo al lado de un barrio cerrado. Es interesante y raro a la vez. Hay una diferencia cultural muy impresionante y todo es muy distinto. Solo pensar que la gente que vive en este continente representa a un cuarto de la población mundial... me parece que ya es un montón”.

Dijo Federico.

“En marzo de 2020, la pandemia explotó, casi al mismo tiempo que en la Argentina. Desde entonces, cerraron las instituciones educativas, se suspendieron las clases presenciales y comencé a trabajar online, algo que hoy sigo haciendo. Dejé de ir a la universidad y empecé a pasar mucho tiempo en mi casa. Por la situación actual, se duda que las presenciales se reanuden en agosto tal como se esperaba, es decir, en el segundo cuatrimestre. El año pasado nos agarró de sorpresa y, de golpe, se prohibió circular por la calle de manera absoluta. Hoy, tenemos un toque de queda nocturno según la región. En 2020, era permanente y solo se podía salir a comprar comida".

Explicó.

En mayo y junio de 2020, la situación en India parecía haberse normalizado. 

“Creo que porque ya nos habíamos acostumbrado y nos dimos cuenta que no era el fin del mundo. Empezaba el verano y parecía que todo iba a a normalizarse. En julio, me avisaron que las clases iban a seguir siendo de manera virtual, así que -gracias al invaluable apoyo de la Embajada Argentina en India- pude volver a Buenos Aires en uno de los aviones para repatriados, para seguir trabajando desde allá”.

Desde julio de 2020 hasta abril de 2021, estuvo en la Argentina junto a su familia, pero el mes pasado creyó que las clases volverían a ser de manera presencial -tal como estaba planeado- y decidió volver a Sonipat. 

Sintió que la vida había vuelto a la normalidad, pero a la semana los casos volvieron a subir y comenzaron las medidas restrictivas.

Cuando volvió a India, primero fue a Nueva Delhi y hasta tomó el subterráneo, pero lo hizo con doble barbijo y máscara. 

“La gente me miraba como si fuera un astronauta. Casi todos tenían barbijo, pero algunas personas tenían la nariz afuera o estornudaban sin taparse. Mi política es mantenerme a salvo, tomando todas las medidas de prevención. No me importa que me miren como si fuera un marciano. Uso doble barbijo, máscara y, además, voy con toneladas de alcohol en gel en el bolsillo. Llego a mi casa y desinfecto toda la compra del supermercado. Trato de extremar mucho las medidas, porque noto que el entorno no ayuda”.

Indicó.

Diego cuenta que evita salir de su casa y que solo lo hace para correr por las mañanas o para ir al supermercado. En el primer caso, usa un barbijo quirúrgico. En el segundo, lleva doble barbijo: el quirúrgico y, además, uno de tela.

“En abril, había 90 mil casos por día y hoy estamos en con más de 380 mil... Exactamente, un mes después. Los contagios se fueron incrementando porque hubo un festival religioso con 3 millones de asistentes y, además, hay elecciones... todos factores que fomentan que el virus se esparza. El problema principal de India es el hacinamiento, porque hay mucha concentración de personas y cualquier pueblo pequeño tiene casi un millón de habitantes. La densidad poblacional es inmensa y complica el distanciamiento social”.

Aseguró.

Otro punto es el índice de analfabetismo, cercano al 25% de la población. 

“Hay mucha gente que no respeta las reglas porque no entiende lo que pasa, y no porque no quiera cumplir. Hay personas que no saben leer ni escribir y que el mensaje de la prevención no les llega bien. La pobreza y la falta de agua potable no ayudan. Hay quienes no pueden aislarse, porque viven con 8 personas más en una choza. Para muchas personas, todo su capital es la ropa que llevan puesta y duermen a la intemperie”.

India es uno de los países que más vacunas produce a nivel mundial. Con 33 años, Federico vive en un país en el que los casos crecen exponencialmente, pero ya cuenta con la tranquilidad de haber recibido la vacuna.

El sistema de salud público es gratuito y Federico dice que está bastante desarrollado, aunque hoy está colapsado. Hasta abril, cualquier persona mayor de 45 años podía vacunarse de manera gratuita y, a partir del 1 de mayo, la vacuna está disponible para los mayores de 18 años.

Así fue como el 3 de mayo, recibió la primera dosis de Covishield en el hospital público de Sonipat, después de haber sacado un turno online. A los 28 días, deberá volver para ser inoculado con la segunda dosis y así completar el esquema de la inmunización. En ese sentido, si viviera hoy en la Argentina, su situación sería muy diferente.

“Fue fantástico. Sé que hay escasez de personal en los centros de vacunación y que, además, hay lugares a los que la vacuna aún no llegó. Tengo amigos que están a 60 kilómetros de mi casa, pero en sus pueblos aún no hay vacunas para menores de 45 años. Tuve suerte: en media hora salí vacunado y con el certificado en la mano”.

Aseguró.

Federico dice que hasta hace un tiempo había muchas personas que no querían vacunarse por sus creencias o por superstición, pero que con el correr de los días esa postura empezó a cambiar. Hoy, las vacunas comenzaron a escasear ya que -con el exponencial desborde de contagios- la gente empezó a confiar en ellas.

Por momentos, su relato se torna angustiante, ya que el colapso sanitario es gravísimo y no sólo no hay camas disponibles en los hospitales: tampoco se consiguen tubos de oxígeno.

“Estoy conectado en grupos de WhatsApp con la gente que trabaja en la Universidad. Permanentemente, veo cómo se buscan tubos de oxígeno y camas en terapia... pero ya no hay. ¡No hay! Uno está librado a su suerte. Hay que tratar de conseguir el dato que te pasó algún contacto, para saber en qué hospital hay una cama libre. Se trata del minuto a minuto, porque al rato ese lugar que estaba libre, ya se ocupó. Ese es mi gran temor. Hay gente que nunca llega a terapia intensiva y no hay perspectivas de que vaya a ser diferente. Cuando acá las cosas se desmadran, colapsan en serio. Si necesitás una cama de terapia intensiva, no vas a esperar unas horas: o no la conseguís, o esperás días, o semanas enteras...”.

Sostuvo.

“En Nueva Delhi, una de las ciudades más cosmopolitas de India, se ven crematorios masivos abiertos. Es lo mismo que me digas que están cremando gente en el microcentro porteño. No hay diferencia si pagás un sistema de salud privado porque, como todo está colapsado, lo más probable es que termines -con mucha suerte- en un hospital público, que son muy buenos. La gente cae donde puede. Los meten donde hay una cama disponible”.

Expresó. 

“La situación es intimidante”.

La falta de suministro de tubos de oxígeno es otro de los puntos preocupantes, ya que hay muchas personas que no consiguen lugar en el hospital pero, hasta hace poco, podían permanecer en sus hogares conectados a una máscara para poder respirar. Sin embargo, hay personas que tienen mucho dinero -y que están dispuestas a pagar cualquier precio para salvar la vida de un ser querido- pero no logran conseguir -ni siquiera- una recarga.

A pesar de la gravedad de la situación actual, Diego destaca las ventajas de India, por sobre otros países. El promedio de edad de la población está cerca de los 30 años, la industria farmacéutica es muy fuerte e India es una de las principales economías del mundo.

“India tiene recursos. Si quiere salir a comprar vacunas u oxígeno o más camas para terapia intensiva, puede hacerlo. Ese es el contraste con la Argentina, que está librada un poco a sus posibilidades. La economía de India tiene un caudal enorme para torcer el rumbo de la pandemia. Anunciaron la vacunación para mayores de 18 años, ¿en qué mes va a pasar eso en la Argentina? Siento que, si bien acá las cosas se fueron de las manos, India tiene recursos porque -a pesar de la pobreza- es un país con una estructura muy sólida y no depende del extranjero, porque tiene un mercado interno muy fuerte. Por eso, la crisis la afectó menos que a otros países: porque tiene un mercado interno muy importante -que es un cuarto de la población mundial- y, a diferencia de China, India es una democracia”.

Explicó.

Como las clases presenciales no se reanudarían en agosto y la modalidad seguiría online, Federico se está planteando seriamente la posibilidad de volver a la Argentina y seguir trabajando desde aquí, hasta que los contagios vuelvan a descender en India.

“En la Argentina, el tema está más controlado. Si bien, en India las perspectivas para encarar la pandemia pueden ser mejores, allá las cosas están más bajo control. Esto está explotando... y dicen que todavía se va a poner peor. Las perspectivas no son las mejores para reabrir en agosto y creo que voy a volver a la Argentina para seguir trabajando online con la Universidad”.

Anticipó. 

“Los festivales religiosos no se cancelaron. Este mes, hubo uno donde se juntaron unas 3 millones de personas. Hay elecciones con actos políticos, discursos, gente movilizándose... Esas cuestiones son los grandes desafíos que definirán el futuro de la pandemia en India. En Sonipat, el toque de queda es desde las 22 horas hasta las 5 de la mañana, pero las medidas se implementan regionalmente, así que son diferentes según la ciudad”.

En cada frase, Federico muestra su preocupación, aunque se muestra confiado en que India pueda revertir los graves efectos de la pandemia en el país, en base de una buena logística para distribuir los recursos y de una eficiente campaña de vacunación.

“Los números son apabullantes, pero India tiene recursos: su gran desafío es la logística y la implementación. Si toma conciencia de la magnitud de la crisis, va a salir adelante. Están adoptando las medidas tendientes a eso, pero todo lleva tiempo y acá es todo macro por la gran densidad poblacional”.

Sostuvo.

“En una cultura tan distinta y estás solo en medio de la nada. Si el año pasado salías, la policía te paraba y no les podías explicar nada porque ni siquiera hablás su idioma. Apenas comenzó la pandemia, había mucho prejuicio contra el turista. Yo no lo sentí, pero mucha gente sí, porque era un virus que venía de afuera. En ese momento, no había tanto problema, pero hoy estamos otra vez encerrados en casa por la gran cantidad de contagios. Los eventos culturales y deportivos están suspendidos. No hay cines, ni teatros, ni establecimientos educativos. Estamos volviendo a marzo de 2020, pero con un agravante: hoy tenemos más de 370 mil casos por día”.

Afirmó.

A pesar de que los números están en rojo, este abogado argentino busca preservar su salud mental y evita estar pendiente de la cantidad de contagios y muertes. Fundamentalmente, se enfoca en tomar todos los recaudos a la hora de protegerse y apela a la responsabilidad individual.

“Tengo conocidos que se contagiaron y murieron. Gente sana de menos de 40 años, sin enfermedades preexistentes. Uno no puede abstraerse de la realidad, pero trato de que no me afecte psicológicamente. Las balas caen cada vez más cerca, porque donde vivo hay mucha gente contagiada. Por eso, me mantengo informado pero sin obsesionarme”.

Dijo.

“Mi hermana es médica y mi madre es bioquímica. Entienden lo que pasa porque son profesionales de la salud, pero les cuento la mitad de las cosas porque se preocupan, aunque saben que hay una gran cuota de responsabilidad individual. Si uno no se cuida, caes seguro y, aunque te cuides, podés caer pero minimizás mucho los riesgos. Si me descuido, tengo todo para perder y nada para ganar”.

Finalizó Federico Jarast.


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